Nº 727 - 5 de febrero de 2007
Hemeroteca Lista Tribuna
Para ser el líder de la derecha española

por Juan Antonio Barrio

Para ser presidente del Gobierno deberían pedir algo más que ser español y mayor de edad", dijo Rajoy. Oiga, y para ser líder del PP, ¿qué es lo que piden? Además de ser elegido por el dedo de Aznar en el momento adecuado. Pero supongamos que todos podemos opinar... o hacer la carta a los Reyes Magos:
Para ser líder de la derecha española haría falta alguien que fuera capaz de dejar fuera de la legítima lucha política por el poder la política antiterrorista. De solventar las discrepancias en privado y apoyar al Gobierno aunque no se comparta al cien por cien la política que haga en este campo. Como hizo el PSOE en la oposición.

Para ser líder de la derecha española haría falta alguien que entendiera la complejidad de España. Que comprendiera su diversidad como riqueza y ayudara a gestionar esa complejidad en vez de exacerbar sus tendencias centrífugas: separadores y separatistas se potencian mutuamente (lo malo, como recientemente ha señalado Suso del Toro, es que una sedicente izquierda de cobertura a esa actitud con propuestas tan peregrinas como re-fundar la federación catalana del PSOE o suspender la autonomía vasca. ¿Para fortalecer el nacionalismo moderado, tal vez?).

Para ser líder de la derecha española habría que romper definitivamente con el pasado no democrático. 30 años después del final de la dictadura es tiempo sobrado de hacerlo. El que no hubiera una ruptura como en Alemania y en Italia en el 45 o en Portugal en el 74 no es excusa o, en todo caso, no implica que no sea cada vez más necesario.

Para ser líder de la derecha espahola haría falta algo más de autocrítica y algo menos de prepotencia. El presidente del Gobierno reconoció su error de la declaración inmediatamente anterior al atentado del 30 de diciembre. Oiga, ¿y el Prestige? ¿Y la invasión de Irak? ¿No hay nada que autocriticarse en todo ello?

Para ser líder de la derecha española haría falta retomar ese interminable, casi eterno viaje a la moderación. Claro que para eso sería bueno no coquetear con la caverna mediática, aunque esté bendecida por la Conferencia Episcopal (o precisamente por ello).

Para ser líder de la derecha española habría que presentar un proyecto creíble, más liberal en lo económico o no, más conservador en lo moral o no, pero suficientemente atractivo para transformar muchos votos contra algo en votos a favor.

Para ser líder de la derecha habría que hacer un cierto esfuerzo de actualización ideológica y vital. Siendo diputado autonómico gallego yen fecha tan tardía como el 24/07/84 Mariano Rajoy reseñaba muy elogiosamente las ideas de Gonzalo Fernández de la Mora en su libro La envidia igualitaria. Y ¿qué decir de la vitalidad de alguien que dice que la decisión de la Audiencia Nacional denegando la prisión atenuada de De Juana Chaos fue "una de las mayores alegrías de mi vida"?

Para ser líder de la derecha habría que ofrecer un discurso alejado del tremendismo, sin ir de sobrado por la vida. Basta imaginar lo que hubiera podido suceder en el Pleno del 15 de enero. Un discurso duro del líder de
la derecha española terminando en un ofrecimiento abierto, sincero y no condicionado a debatir el acuerdo en política antiterrorista. Sin algunas afirmaciones injustas, otras puramente efectistas y algunas –la de la bomba– simplemente siniestra. Probablemente así debiera haber actuado el líder de esta –¿utópica?– derecha española.

Para ser líder de la derecha española, en fin, harían falta algunas otras cosas. Pero el programa y el líder son cosa de la derecha española. De sus votantes. Por más que algunas voces de fuera o de dentro estimulen un cambio razonable, son sus votantes los que tienen una grave responsabilidad: acabar con la idea de que, en realidad, la mayoría de los votantes de la derecha no le exigen nada a esa derecha ni a su líder. Hacer posible otra derecha, muy necesaria para el país. ¿Con otro líder, tal vez?

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