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Nº 726 - 29/1/2007

Sectores del Gobierno, del PSOE y del entorno del presidente recelan del ministro


¡A POR ALFREDO!


El PP ha pedido ahora, casi un mes después del atentado de Barajas, la dimisión del ministro de Interior y ello provocará un cierre de filas de los socialistas alrededor de Alfredo Pérez Rubalcaba. Sin embargo, su privilegiada situación a la vera de Zapatero está siendo criticada como nunca hasta ahora por sectores bien distintos de la órbita socialista. Desde el partido se asegura que "se mete en todo". Desde el Gobierno, que "no informó como debía al presidente" y más de un ministro lamenta que la responsabilidad del desastre no la haya asumido el titular de Interior en lugar del jefe del Gabinete. Y desde otros ámbitos cercanos a Moncloa, que su "política de medios" le protege más a él que a Zapatero, en clara alusión al grupo Prisa. El ministro más poderoso vive sus horas más difíciles.

Por Inmaculada Sánchez.

No es que haya estado mal asesorado, es que ha estado mal informado. Hay quien tiene la responsabilidad de informarle, de darle los datos. Ahí ha estado el fallo". Así de irritado se expresa un ministro en una conversación privada sobre las consecuencias que para el presidente ha tenido la abrupta ruptura del proceso de paz. Su crítica, aun sin citarle, tiene un único nombre: Alfredo Pérez Rubalcaba, titular de Interior.
No es el único comentario por el que le pueden pitar los oídos al ministro en las últimas semanas. "El problema es que se mete en todo, y así, es normal que le lluevan las críticas", explica un alto cargo de Ferraz, la sede federal del PSOE.

Las circunstancias, también, parecen haber animado a los que tenían, desde hace tiempo el "¡A por Alfredo!" como consigna y a la que ahora, además de los habituales enemigos, parecen haberse añadido algunos "amigos" en estos cruciales momentos.
"Todo el mundo
ha visto más que cla-
ro que, tras el aten-
tado, "El País" ha
salvado a Alfredo, y
ha criticado a Zapa-
tero", explica un di-
putado bien infor-
mado del ambiente que respira el grupo parlamentario.

Estos comentarios responden, sin embargo, más que a la situación puntual creada tras el atentado de ETA, a un ambiente "estructural", tal cómo lo definen las mismas fuentes, que se vive hoy en Prisa, la editoria del diario "El País" y propietaria de la Cadena Ser, donde el ministro mantiene excelentes relaciones desde sus tiempos como ministro Portavoz en los gabinetes de Felipe González y donde la enfermedad de su presidente, Jesús de Polanco, ha alimentado movimientos en torno a su sucesión.

Las fuentes consultadas señalan a este respecto la amplia entrevista con el presidente del Gobierno publicada por el rotativo y firmada por el director del mismo, Javier Moreno, en la que, sobre todo en las últimas preguntas, se da pábulo a la tesis difundida desde el Partido Popular de la supuesta insolvencia de Zapatero.

"Usted dijo, "yo, cada noche le digo a mi esposa: "No te puedes imaginar la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar". ¿Sigue pensando lo mismo...?", pregunta el director de "El País". "Absolutamente", responde Zapatero además de dar su explicación sobre la grandeza de la democracia. "Yo no entendí aquella frase desde el punto de vista del derecho, sino de la capacidad.", añade Moreno. ¿Cómo es posible que el director de "El País" entienda en clave de "capacidad" semejante frase,? Sobre todo después de que Mariano Rajoy hubiera dicho aquello de que para ser presidente del Gobierno debería ser necesario algo más que ser español y mayor de edad, se preguntan en algunos despachos socialistas.

N o es que se culpe de ello a Rubalcaba, el ministro con más interés por las estrategias mediáticas, –sería absurdo, explican todas las fuentes–, pero en el actual caldo de cultivo de celos y envidias que lleva meses acumulando el titular de Interior, todo parece sumar a la hora de hablar mal de él.

Ya en la portada de EL SIGLO de la semana pasada, titulada "La Moncloa de ZP. Intrigas en el "ala oeste" de Palacio", esta revista daba cuenta de que "la posición de control de Rubalcaba sobre la "agenda de ETA" del Presidente representa prácticamente la única fisura en el omnipresente perfil" de la vicepresidenta, Maria
Teresa Fernández de la Vega, y de que ello había dado lugar a renovadas tensiones entre ambos.

A pesar de provenir de la "vieja guardia", como a algunos "zapateristas" les gusta llamar despectivamente a quienes colaboraron en los gobiernos de Felipe González, De la Vega y Rubalcaba disputan un espacio común: el primer puesto en la confianza del presidente y ello, a pesar de sus muchas coin-ciencias, crea inevitables chirridos.

"Sobre todo con Alfredo", añaden fuentes bien informadas, que aluden a la predisposición del actual titular de Interior por acaparar espacio y competencias como uno de sus principales problemas para la "convivencia" con otros compañeros.

"En el grupo parlamentario lo ha sido todo", añade un diputado que ha vivido de cerca el liderazgo del ex portavoz en el Congreso, quien añade que, aún hoy, su presencia en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo sigue siendo importante.

"Las reuniones que tiene por distintos motivos relacionados con el ministerio las hace aquí, en el Congreso, y todos los diputados le siguen teniendo muy presente", añade otro diputado socialista que valora mucho esta presencia ya que, asegura, "genera tranquilidad y seguridad" en los escaños.

El "maquiavélico" Rubalcaba, como le han apodado sus más feroces enemigos dentro y fuera del partido es reconocido por no pocos socialistas, a pesar de todo, como un "valor seguro" dentro del equipo de Zapatero tanto antes, como portavoz del grupo parlamentario, como después, como titular de Interior.

Esta imagen de "hombre imprescindible" se la fue labrando el actual ministro desde el mismo momento en que el entonces joven leonés ganó la secretaría general del PSOE en el verano del año 2000. Pérez Rubalcaba había apostado por José Bono como líder del partido. Había trabajado,incluso, porque Zapatero y sus compañeros de "Nueva Vía" se integraran en la candidatura del entonces presidente de Castilla-La
Mancha. Pero, dada la sorpresa y la victoria de Zapatero, el siempre pragmático Alfredo le comunicó a José Luis: "ahora eres el jefe y ya sabes que soy un hombre de partido". Se ponía, por tanto, a su disposición.

En un primer momento Zapatero no incluye a Rubalcaba ni en su primera ejecutiva ni en ningún puesto de relevancia en el grupo parlamentario pero tarda poco en rendirse a sus cualidades. Felipe González tuvo que ver en ello ya que el veterano líder recomendó a su joven sucesor que contara con un par de personas para su futuro al frente del PSOE: José Enrique Serrano, quien ahora es el director del Gabinete de Presidencia, y Alfredo Pérez Rubalcaba, otro experto en la alta política y cuyo camaleónico perfil podría adaptarse a cualquier necesidad.

Pronto le puso al frente del grupo parlamentario desde donde se hizo un insustituíble hueco en el entorno de Zapatero, sobre todo en materia antiterrorista (Ver n° 672 de EL SIGLO: "El gurú de ZP. Rubalcaba se consolida como pieza clave para el presidente con preferencia a los ministros más políticos"). A su pluma y a su habilidad negociadora se debe, según fuentes bien informadas, la resolución del Congreso de los Diputados que permitió al Gobierno iniciar el proceso de paz con ETA ahora truncado. En
la última remodelación, por tanto, a nadie sorprendió que fuera nombrado nuevo titular de Interior. ¿Qué le ha fallado al siempre hábil Rubalcaba para quedar ahora tan expuesto a la crítica?, se preguntan sus segui-
dores. "Pronto pasará este ambiente", se responden también sus incondicionales, quienes aseguran que Zapatero mantiene intacta su confianza en él y que no hay nadie en su actual equipo capaz de sustituirle.


Los problemas se acumulan en Interior

"El ministerio del Interior es la casa de los líos". Así de expresivo era el secretario general del Partido Popular y ex titular de Interior con José María Aznar, Angel Acebes, cuando la semana pasada arremetía contra Alfredo Pérez Rubalcaba por primera vez desde que ETA atentase en la terminal 4 de Barajas.

Acebes hacía referencia al hecho de que "al ministerio" se le hubiesen escapado 19 de los 23 dirigentes de Jarrai acusados por el Supremo de pertenecer a organización terrorista y dictase contra ellos orden de detención y a la "rebelión" de los guardias civiles, aunque dependientes también de Defensa, que por primera vez en la historia se manifestaban hace unos días vestidos de uniforme exigiendo al Gobierno la desmilitarización del cuerpo y el derecho de sindicación.

Nunca como ahora, desde que Pérez Rubalcaba asumiera el ministerio, se habían acumulado tantas críticas desde la oposición hacia la gestión de Interior. El propio Mariano Rajoy pidió la semana pasada la dimisión del ministro subiendo un peldaño la ofensiva contra él iniciada por Acebes días antes.

"Primero fueron a por el presidente y ahora, visto que ya no pueden hacer más, van a por la segunda pieza", argumentan desde el PSOE. Los socialistas no entendieron que, tras el atentado de ETA, nadie desde el PP echara las culpas a Interior ni pidiera la dimisión de su ministro por imprevisión o falta de información. Sólo la estrategia de cargar las tintas sobre Zapatero explicaba su actuación.

Pasadas unas semanas, sin embargo, Rubalcaba aparece como un blanco propicio, visto, además, quedesde las propias filas socialistas está siendo cuestionado.

La histórica manifestación de hace un par de sábados en la Plaza Mayor de Madrid, donde cientos de guardias civiles uniformados convocados por la alegal Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC), gritaron "Zapatero, embustero", ha provocado una inesperada crisis en el departamento, donde se debate el alcance de la respuesta a tan insólito pulso de los agentes.

Los manifestantes recordaron las promesas electorales del PSOE en torno a sus derechos y, más en concreto, las palabras del hoy ministro de Trabajo, Jesús Caldera, asegurando que los socialistas desmilitarizarían el cuerpo si llegaban a gobernar.

Tras las críticas de los mandos militares por el precedente que podría suponer la indisciplina exhibida en la convocatoria, Interior se ha dispuesto a abrir expediente a los convocantes de la misma y estudiará en próximas fechas el alcance de las sanciones que, en todo caso, no alcanzarán a todos los agentes que acudieron a la Plaza Mayor sino a los que ejercieron de dirigentes del encuentro.

Por si ésto fuera poco el jueves pasado la Audiencia Nacional negaba al etarra Iñaki De Juana Chaos la prisión atenuada por motivos de salud que había solicitado su defensa e informado favorablemente la fiscalía.

La decisión respondía al informe médico elaborado por el hospital Doce de Octubre de Madrid, donde está ingresado el etarra debido a la huelga de hambre que mantiene desde el pasado mes de noviembre, y que alertaba del riesgo de que el preso fallezca o entre en una situación de deterioro irreversible.

Fue el Pleno de la Sala de lo Penal quien dictaminó que De Juana continúe en prisión, en contra de la postura del fiscal y de los tres magistrados que constituían la Sala que lo juzgó y condenó y que han emitido votos particulares.

La situación de De Juana ya fue, en su momento, un elemento de presión contra el Gobierno desde la izquierda abertzale. La reivindicación de su puesta en libertad, una vez cumplida su condena y sólo a la espera de la sentencia en firme por la publicación de unos artículos en Gara, considerados por la Audiencia como delito de amenazas, ha alimentado la violencia callejera en las semanas previas a la ruptura definitiva de la tregua etarra.

En el Gobierno se temen las consecuencias de un mantenimiento indefinido de De Juana en prisión si persiste en su huelga de hambre y llegara a fallecer, convirtiéndose en un mártir para los "duros" de ETA, a los que se atribuye la ruptura del alto el fuego.


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