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Nº 726 - 29 de enero de 2007

Los grupos fascistas consiguen grupo propio en el Parlamento de Estrasburgo

La ultraderecha avanza en Europa
 

La entrada en la Unión Europea de Rumanía y Bulgaria ha permitido que se cumpla uno de los sueños de los grupos fascistas en la Cámara comunitaria; configurar un grupo parlamentario de esta ideología. Seis eurodiputados procedentes de estos dos países se suman a los 14 que ya estaban presentes de Francia, Italia, Reino Unido, Bélgica y Austria, con lo que, exactamente, alcanzan la cifra mínima de 20 establecida en el Reglamento europarlamentario para obtener grupo, y con ello, una mayor autonomía, más financiación, y la posibilidad de presentar iniciativas políticas. Mientras tanto, en España, las agrupaciones y partidos más o menos afines a esta ideología totalitaria continúan actuando de forma dispersa, aunque se observan ciertos movimientos en busca de la unidad de acción y, en algunos casos, con el horizonte de una unidad orgánica.

Por Pedro Antonio Navarro

Un efecto más de la ampliación a 27 del número de Estados integrantes de la Unión Europea, el pasado 1 de enero, ha sido la llegada al Parlamento Europeo de los eurodiputados que, por cuota, corresponden a Bulgaria y Rumanía. Entre ellos, seis pertenecientes a formaciones de extrema derecha.

Hasta el momento, los eurodiputados de esta inclinación política se incluían administrativamente en el denominado Grupo de los No Adscritos, ya que no contaban con suficientes escaños para disponer de un grupo propio, puesto que el Reglamento de la Cámara establece la condición de un mínimo de 20. Antes del 1 de enero de 2007, el número de “sus señorías” que pertenecían a partidos de estas ideologías era de 14 –sobre un total, entonces, de 732 eurodiputados-. Pero por efecto de la ampliación comunitaria, con la entrada de Bulgaria y Rumanía, otros 53 nuevos parlamentarios integrarán la Eurocámara. De ellos, seis han obtenido su acta concurriendo en listas de partidos de signo ultraderechista, lo que ha producido que al sumarse a los 14 ya presentes, alcance la “mágica” cifra de los 20 que exige la normativa interna para la formación de un grupo parlamentario.

Las negociaciones entre estos partidos para alcanzar este fin ya habían comenzado en octubre de 2006, cuando ya se conocía de antemano la distribución por formaciones políticas de los que serían nuevos eurodiputados desde este mes de enero. Cuando en la última sesión presidida por el español Josep Borrell, el presidente del Grupo Socialista, el alemán Martin Schulz, trataba desesperadamente de impedir la configuración de este grupo, aludiendo a un presunto incumplimiento reglamentario, dado que, a su juicio, los componentes no comparten una “visión política común”, ya era tarde. Producto de las mencionadas negociaciones, los partidos de ultraderecha habían presentado ante la Mesa de la Cámara la solicitud de la creación de su grupo, que se denominará “Identidad, Soberanía y Tradición” (IST), junto a un conjunto de acuerdos programáticos comunes, entre los que se incluye su oposición a la aprobación de una Constitución Europea, su posición contraria al futuro ingreso de Turquía en la UE, su rechazo a la inmigración de fuera de las fronteras de Europa, la defensa de los valores cristianos, el apoyo a las tradiciones que emanan de la familia, la exaltación de la cultura y de los valores de lo que denominan “herencia europea”, y también su lucha por la abolición de leyes que, a su juicio “restringen la libertad de expresión”, en clara referencia a aquéllas que prohíben la exhibición de símbolos fascistas y nazis, o las que consideran delictivo negar la existencia del Holocausto.. Todo ello suficiente para que Borrell no tuviese más remedio que declarar que ese manifiesto firmado es “muestra de afinidad política entre sus miembros”.

Los seis nuevos eurodiputados que han hecho posible la configuración de este grupo provienen del Este de Europa, donde, desde la caída del Muro de Berlín y la sustitución del “socialismo real” por las más descontroladas fórmulas del neoliberalismo, crece sin cesar una opción antisistema en la que las formaciones fascistas pescan en río revuelto. De esta media docena, cinco tienen nacionalidad rumana. Son Daniela Buruiana, Eigen Mihaescu (ver entrevista en página 39), Petre Popeanga, Viorica Moisiuc y Christian Stanescu. Todos pertenecen al Movimiento para una Gran Rumanía. El sexto es el joven (23 años de edad) búlgaro Dimitar Stoyanov, integrado en las filas del partido Ataka. Stoyanov ya es un “viejo conocido” del Parlamento Europeo. Se “daba a conocer” el pasado septiembre enviando un correo electrónico a todos los eurodiputados, en el que ofendía a la parlamentaria Livia Jarota, que había destacado –y así se lo habían reconocido sus compañeros de escaño- por su labor continuada en la defensa de los Derechos Humanos.

Antes de la llegada de los “novatos”, ya habían dejado varias muestras de su presencia otros 14 eurodiputados de partidos de la ultraderecha de cinco países de la zona occidental. Francia es el país que más aporta, con siete escaños del Frente Nacional liderado por Jean Marie Le Pen. La propia hija de Jean Marie, Marina, es una de ellos. También están Jean Claude Martínez, Lydia Shenardi, Carl Lang, Ferdinand la Rachinel y Bruno Gollnisch, que será el portavoz del grupo parlamentario.

Tres eurodiputados aporta Bélgica a la “entente”, todos ellos de los independentistas flamencos del Vlaams Belang (Interés Flamenco), Koenrad Pillen, Philip Clayes y Frank Vanhaeke, el fundador del partido. Esta formación es heredera del originario Bloque Flamenco –Vlaams Blok-, ilegalizado y considerado “criminal” por la Corte Constitucional de Bélgica en noviembre de 2004, que le acusaba de difundir el racismo y suscitar sentimientos antimusulmanes. La nueva agrupación defiende una amnistía general para todos los belgas que colaboraron con el régimen nazi, así como la abolición del aborto, bajo cualquier circunstancia, y de la ley que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo.

De Italia son dos. La archiconocida Alessandra Mussolini, nieta del Duce, trabajó durante unos años como modelo y actriz, años en los que llegó a posar para la revista Playboy. Tras obtener sucesivos escaños en las listas de Alianza Nacional (AN) –partido del post-fascista Gianfranco Finni, que compartió tareas de Gobierno con Silvio Belusconi-, en 2003 fundaba su propia formación, Alternativa Social, porque AN pidió perdón al Estado de Israel por las leyes racistas vigentes durante la dictadura mussoliniana. El otro integrante transalpino, Luca Romagnoli, está encuadrado en las filas de Fiamma Tricolore (Llama Tricolor), que se consider heredero del Movimiento Social Italiano –los “misinos”-, fundado por los fascistas que habían trabajado junto a Mussolini, en 1946. Profesor de Geografía, ha publicado en diversas revistas diferentes ensayos en los que pone en cuestión los crímenes cometidos por los nazis.

De Reino Unido, el eurodiputado autodenominada “euroescéptico”, Ashley Mote, protagonista de algunos escándalos denunciados por la prensa británica, que le atribuye la responsabilidad de algunos escándalos económicos. Completa la lista Andreas Molzer, militante del Partido Liberal Austriaco –FPÖ-.

Pese a representar una exigua minoría en un Parlamento con 785 escaños, el hecho de disponer de un grupo parlamentario propio se está vendiendo como un gran avance en los ambientes europeos de la extrema derecha. Una ideología que, paradójicamente, está encontrando su principal “caladero” entre los más descontentos de las naciones del este de Europa que pertenecieron a la órbita soviética, y en las que se ha practicado la política económica más neoliberal y donde más se ha desregulado el mercado de trabajo tras la caída del Muro de Berlín.

Después de un largo período de políticas económicas avaladas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y, en ocasiones, la propia Unión Europea, las cifras de desempleo, pobreza y exclusión social se han disparado en estas naciones, que también han perdido buena parte de la cobertura social que proporcionaban la educación y la sanidad públicas y el sistema de pensiones. Los discursos antisistema han calado en las zonas más deprimidas de estas sociedades y, de entre todos, los más radicales han sido los pronunciados por las formaciones ultraderechistas y xenófobas –a la búsqueda de un chivo expiatorio en el ciudadano extranjero que viene a quedarse con “nuestro trabajo”, y empeora la calidad de “nuestros” servicios-.

En las últimas elecciones presidenciales en Bulgaria, la abstención alcanzaba el 60 por ciento, y la formación de extrema derecha Ataka, conseguía más del 20 por ciento de los sufragios. En Rumanía se muestra con total pujanza el partido Rumanía Grande, mientas que en Hungría, las masivas concentraciones de protesta de meses atrás contra el Gobierno socialdemócrata fueron convocadas e impulsadas por los grupos de ultraderecha.

En Polonia, la filofascista Liga de Familias Polacas participa en coalición en el Gobierno, sosteniendo su oposición al aborto, al divorcio, su deseo de excluir a los homosexuales de todas las esferas de la vida pública o su abierta defensa de la pena de muerte, lo que ha ocasionado ya más de un serio problema en la Comisión Europea. Aunque parezca mentira, esta fuerza de Gobierno también propugna excluir de los textos escolares la enseñanza de la Teoría de la Evolución de Darwin y sustituirla por el “Creacionismo”.

Pero no sólo en el Este europeo se observan signos peligrosos del repunte de esta ideología y del racismo y la xenofobia. Aunque de modo muy localizado, en la zona flamenca de Bélgica, el ya mencionado Vlaams Belang ha obtenido el 30 por ciento de los sufragios en la ciudad de Amberes. El partido xenófobo Dansk Folkepatri es la tercera fuerza con mayor representación en el Parlamento de Dinamarca.

Con una incidencia menor, pero también preocupante por el país en el que se produce, es el ascenso de la extrema derecha en Suecia, donde ya se aproxima al tres por ciento de los votos. Pese a su notable descenso en las últimas confrontaciones electorales, el Partido Liberal Austriaco (FPÖ), a punto estuvo de ganar unas elecciones generales en aquel país, sin olvidarse del que pudo ser otro “gran salto” en Francia, cuando el líder del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, conseguía alzarse con la segunda posición y así, confrontar en segunda vuelta contra Jacques Chirac en las pasadas elecciones presidenciales francesas en 2002.

Algunos de estos líderes del “nuevo fascismo” tratan de adaptarse a los tiempos y emiten discursos en clave “moderada”. Por ejemplo, el eurodiputado del Vlaams Belang Philipp Claeys aseguraba recientemente que “no queremos oír de parte de ninguno de nuestros miembros palabras antisemitas o abiertamente xenófobas”, mientras que quien será el portavoz de este grupo parlamentario, el francés Bruno Gollnisch ha afirmado que “nosotros defenderemos nuestra identidad, nuestra libertad, y eso es legítimo”, garantizando que su actuación será “sin ningún tipo de agresividad hacia otros grupos étnicos o naciones”.

Pero esta “moderación” no es compartida por buena parte de sus correligionarios. Ya en 1987, Jean Marie Le Pen, proclamaba que las cámaras de gas del nazismo constituían sólo “un detalle de la II Guerra Mundial”, al tiempo que sostenía que la ocupación alemana en Francia y otros países “no fue particularmente inhumana”.

Hace apenas unos días, Alessandra Mussolini, tras declarar sorprendentemente que su partido –Alternativa Social- era una formación “de centro, que entrará en el Partido Popular Europeo”, también se explayaba quejándose de que “quieren eliminar los crucifijos, nuestras tradiciones (…) Nosotros queremos recuperar las raíces cristianas de Europa”.

El líder del partido Artaka búlgaro, Volen Siderov, insiste en todos sus discursos en llamar la atención sobre lo que denomina elementos “no búlgaros”, en relación a extranjeros y gitanos nacionales, mientras que habla para quien quiera escucharle de una “conspiración global judía”.

El 13 de enero, el diario italiano Il Corriere de la Sera publicaba un artículo en tono preocupado sobre la constitución del grupo parlamentario Identidad, Soberanía y Tradición, que llevaba por título: “Europa, ‘cordón sanitario’ contra los diputados xenófobos”, lo que le acarreó a la publicación una denuncia de Alessandra Mussolini, ya que consideraba que en el desarrollo del texto se imputaba a su partido y a ella misma profesar un ideario xenófobo.

No ha sido la única reacción adversa a la constitución de este grupo europarlamentario de extrema derecha. Además del intento –fallido- de neutralizar la creación de este grupo por parte del presidente del Grupo Parlamentario Socialista Europeo, Martin Shulz, poco después, el vicepresidente de este mismo grupo, el austriaco Johaness Swoboda, calificaba a los eurodiputados ultras como “provocadores. Son personas que vienen al Parlamento para destruir a Europa y a sus instituciones. No puede haber ningún diálogo, y pedimos a las fuerzas políticas y democráticas no concederles ningún cargo en las comisiones”.

De todos modos, más allá del impacto propagandístico que los representantes de estas ideologías excluyentes y xenófobas puedan conseguir mediáticamente a través del hito de la configuración de un grupo parlamentario propio, nada parece indicar que esta nueva circunstancia vaya a suponer ningún cambio sensible en las instituciones europeas ni en la Eurocámara. Como grupo constituido, ahora les asistirá el derecho a tener representación en determinados órganos del Parlamento Europeo, como la Conferencia de Presidentes, o dispondrán de más tiempo para sus intervenciones, tanto en las comisiones como en las sesiones de plenario, pero su mínima proporción -20 escaños frente a 785- y la fragilidad de su recién constituido grupo, en que la ausencia de uno solo de sus integrantes lo desbarataría, seguirán provocando que su influencia continúe bajo mínimos y apenas consigan, como ha venido sucediendo hasta ahora, hacerse notar.

Los ultras en España

“El pasado fin de semana se mantuvo una reunión en Madrid de las direcciones nacionales de La Falange y de España 2000. Ambas organizaciones, de forma conjunta, queremos dar a conocer algunas conclusiones a las que juntos llegamos en el citado encuentro: tanto La Falange como España 2000 consideramos de una enorme importancia el entendimiento entre todos aquellos grupos que se definen como parte del área patriota. No obstante, entendemos que, a estas alturas, ninguna iniciativa en este sentido puede tener virtual eficacia con vistas a las próximas convocatorias electorales de este mismo año. Ello nos permite iniciar este camino para el entendimiento sin precipitaciones. De esta forma, a fin de ir generando un clima positivo entre ambas organizaciones, hemos acordado mantener futuras reuniones periódicas con la intención de garantizar la cordialidad en las relaciones entre nuestros partidos y valorar la oportunidad de futuras colaboraciones conjuntas, bien puntuales o bien estables, que ya se han demostrado posibles y fructíferas tras la experiencia de la Coordinadora por la Verdad Histórica. Nos gustaría animar a todos los patriotas individualmente y a todos los patriotas, en cuanto organizaciones, a incorporarse a este camino. 15 de enero de 2007”. Este comunicado se encuentra en las páginas web de las organizaciones España 2000 y La Falange, que son quienes lo suscriben.

Tras la caída de la dictadura de Franco, la historia de los movimientos políticos afines y/o herederos del franquismo ha sido la de la divergencia y también de la supervivencia de pequeños partidos y grupos que, por diversas razones, no han encontrado un camino unitario orgánico ni de acción. Dividido por múltiples matices ideológicos que, hasta en ocasiones han derivado en enfrentamientos y descalificaciones mutuas, su aparición como catalizador antisistema no ha experimentado la pujanza que en otras naciones europeas.

También puede explicar esta consecuencia el hecho de que buena parte de los herederos ideológicos del franquismo se encuentren actualmente representados en los sectores más derechistas del Partido Popular –nacido como Alianza Popular y fundado por relevantes personajes que habían ocupado relevantes cargos en el régimen y en el Movimiento-.

Desde la desaparición –en 1982- como partido político de Fuerza Nueva, ninguna otra propuesta de esta ideología ha conseguido aglutinar en su entorno un número considerable de militantes o simpatizantes. En la actualidad, sólo una formación política de clara inspiración xenófoba ha conseguido alguna clase de representación institucional, y lo ha hecho a escala muy pequeña. Se trata de la Plataforma per Catalunya, que proclama su oposición a todo tipo de inmigración. Este partido ha obtenido un acta de concejal en la localidad de Vic, otra en el Vendrell, una en Cervera y otra en Manlleu. En ninguno de los casos alcanzaba el 10 por ciento de los sufragios.

La actualmente dispersa extrema derecha española tiene presencia en todas las comunidades autónomas, pero con mayor implantación en Cataluña, en la Comunidad Valenciana y en Madrid.

Además de esta plataforma, de La Falange y de España 2000, también destaca la existencia de Democracia Nacional, organización heredera del Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) –de tendencia neonazi-. El Frente Nacional Español constituyó un intento –prácticamente fracasado- de reproducir en España el exitoso modelo del Frente Nacional Francés de Jean Marie Le Pen, muchos de cuyos elementos se volcaron durante un tiempo en la promoción y expansión de esta organización en nuestro país .

Otro grupo denominado Alternativa Española, de reciente creación, pretende proseguir por la senda dejada por Fuerza Nueva. Dirigida por el abogado Javier López Diéguez, ha incluido en su ideario el rechazo a la ley de matrimonio que permite la unión entre personas del mismo sexo, y su oposición a las reformas de los estatutos de autonomía. López Diéguez intervenía ante el Parlamento europeo, a invitación de los europarlamentarios conservadores británicos, dentro de la campaña por el “no” en el referéndum sobre la Constitución Europea.

Las dos organizaciones que en el comunicado que incluimos más arriba en estas páginas, dejan una puerta abierta a coordinar sus actividades, e invitan a otros a aglutinar esfuerzos, son de muy diferentes orígenes. La Falange posee una larguísima tradición en el ámbito de las formaciones ultraderechistas en España, mientras que España 2000 es un partido de relativamente reciente constitución, liderado por el abogado y empresario José Luis Roberto, a quien acompaña la polémica, no sólo por dirigir esta organización, sino por su condición de secretario general técnico de la Asociación Nacional de Empresarios de Clubes de Alterne. Precisamente por esta causa, en octubre del pasado año se producía un “enfrentamiento” entre la organización liderada por Roberto y otra formación de extrema derecha, Alianza Nacional. Esta última instaba a su militancia a no participar en ningún acto de España 2000 por razones de “higiene moral”, ya que este empresario propugna “la concesión de permisos de residencia a extranjeras para practicar la prostitución”. José Luis Roberto también dirige la empresa de guardias jurados Levantina de Seguridad, S.A., que ha tenido y tiene concertados numerosos contratos para la vigilancia de instalaciones públicas con la Generalitat Valenciana, y es el polémico promotor de combates de la modalidad de lucha denominada “valetudo”, considerada muy peligrosa para la salud de sus practicantes.

A pesar de las apariencias iniciales, los incidentes de hace unos días en la madrileña localidad de Alcorcón parecen estar desligados de brotes de racismo o xenofobia, y más parecen producto de un acto aislado en el que se han visto implicados jóvenes de esta ciudad de diversas nacionalidades en ambos “bandos”. Sí se ha percibido el intento por parte de algunas organizaciones xenófobas de tratar de aprovechar la coyuntura y continuar “calentando” el ambiente, esta vez, sí, con consignas contra los inmigrantes.

Lo que sí parece más preocupante es la creciente presencia de miembros de estas organizaciones en las manifestaciones convocadas contra decisiones gubernamentales, como las que corrieron a cargo de la Conferencia Episcopal Española, y muy especialmente en las de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Todavía se continúa comentando el afectuoso saludo entre el presidente de la AVT, José Francisco Alcaraz, y el conocido ultraderechista Ricardo Sáenz de Iniestrillas, que tuvo lugar en la más reciente de ellas.

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