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| Nº 726 - 29 de enero de 2007 |
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La democracia 'asimétrica'
por Santiago Carrillo Máximo publicaba en El País la semana pasada una caricatura, en la que levantaba acta de los insultos cruzados entre Rajoy y Zapatero en el debate parlamentario. En la casilla de Rajoy un balance: "Innumerables". En la de Zapatero: "No constan". Y sacaba una conclusión: "Democracia asimétrica, como poco". De ese modo el agudo dibujante pone el dedo en la llaga de un tema en el que se está confundiendo peligrosamente a la opinión pública. Me refiero a la actitud de determinados medios de comunicación que se tienen por objetivos y que están contribuyendo a dar la impresión de que el PP y el PSOE son igualmente responsables de no entenderse en política antiterrorista. Hasta los famosos guiñoles incurren en esta tergiversación. Y digo tergiversación por no emplear un adjetivo más tajante. Me parece imposible hacer más de lo que ha hecho hasta aquí Rodríguez Zapatero y el PSOE por llegar a un entendimiento con el PP. El asunto tiene una larga historia. En el período en que el PP estuvo dirigido por Manuel Fraga, el Gobierno del PSOE pacto con él la política antiterrorista. Basta con un poco de memoria para recordar que cuando alguna vez se plantearon dudas por algún diputado sobre la política antiterrorista –y yo personalmente fui uno de los que lo hicieron– los aplausos más calurosos al ministro Barrionuevo se producían en los escaños de la minoría parlamentaria del PP. Es verdad que en ellos no se sentaban todavía ni Rajoy, ni Acebes, ni Zaplana y que Aznar no era entonces más que undiputado novato, prácticamente desconocido. Más tarde, cuando el PP formó Gobierno y negoció infructuosamente con ETA, el PSOE le dejó las manos libres y el tema no fue objeto de debates parlamentarios. El PSOE, personalmente Zapatero, llegó incluso a proponer el Pacto Antiterrorista que a algunos no nos gusta porque en su introducción atacaba genéricamente a todo el nacionalismo vasco, lo que además no contribuía al aislamiento de ETA y nos parecía una concesión excesiva al PP. También nos pareció innecesaria la Ley de Partidos Políticos que pecaba, a nuestro juicio, de lo mismo. Y lo cierto es que tras las elecciones de marzo en que perdió el poder, el PP rompió no sólo el Pacto Antiterrorista, sino todas las reglas del comportamiento parlamenta- rio de un partido en la oposición. Y ello mientras Rodríguez Zapatero con la mejor voluntad se desvivió por llegar a acuerdos con el PP y asumir algunas decisiones judiciales que suponían un obstáculo a la decisión del Congreso de una negociación de paz, a la que el PP se oponía frontalmente. Zapatero ha aguantado estoicamente los insultos más despectivos de Rajoy y de la troika fanática que dirige el PP y con una constanciapropia del santo Job sigue intenta do un entendimiento que hoy p hoy ese partido hace imposible. Mientras tanto, un diario que a veces intenta pasar por de izquierdas, amenazaba a Zapatero con desplazarlo por medios no parlamentario-¿un golpe de Estado? ¿una marcha sobre Madrid como las de Mussolini sobre Roma?–. Y el alcalde de Alhaurín, detenido por corrupción urbanística, consideraba su inculpación como ataque al PP y apelaba a la "revolución" para expulsar del poder Rodríguez Zapatero. En estas condiciones culpar de la falta de entendimiento por igual a los dos partidos es una mentira o una injusticia flagrante. Ella, junto a una campaña permanente contra la política los políticos, sólo puede servir para crear entre los ciudadanos desconcertados, la sensación de que la democracia, el sufragio universal, las libertades, no sirven para nada. Así puede conseguir la abstención electoral de sectores de izquierda y moderados en las próximas elecciones y crear lo que Máximo llamaba una "democracia asimétrica", que bien podría ser la antesala de un retroceso a tiempos que creíamos superados para siempre. Porque la derecha no se abstiene nunca en estos casos.
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