| Hemeroteca |
![]() |
||
|
Los muertos que vos matáis... Juan Luis Cebrián hizo sonar el otro día, desde El País, la señal de alarma. No era el primero en apretar el botón rojo, pero sí probablemente el más relevante. "El Gobierno y su presidente han transmitido, a lo largo de estas últimas semanas, una sensación de desconcierto muy perjudicial para el establecimiento de nuevas vías de acción en materia antiterrorista", puntualizaba Cebrián. "Es inconcebible que el Gobierno se empecine en no reconocer los evidentes fallos de información que han precedido a la ruptura del alto el fuego. Las declaraciones del presidente el día anterior a la explosión de la bomba ponen de relieve que se dejó llevar por noticias alentadoras de algunos servicios policiales bien infiltrados en la banda, pero insensibles ante el carácter lábil del terror", añadía. La sombra de las "ingenuidades" se incorporó también al análisis de Cebrián, que incluía, por supuesto, un durísimo varapalo al líder de la oposición. Es decir, del PP. ¿Tenía razón José Blanco, número 2 del PSOE, cuando manifestó antes que Cebrián que se habían registrado fallos de información o de interlocución? Sus palabras fueron desmentidas por Zapatero, y de inmediato Blanco alegó que había sido mal interpretado, que es un socorrido recurso para salir del paso. Hay, en todo este asunto, sin embargo, algún dato que conviene no perder de vista. En primer lugar, el linchamiento a que ha sido sometido Zapatero por los medios próximos a la derecha y desde las filas del PP. No hay precedentes, aunque Aznar ya enseñara la patita de su impudicia política con motivo del atentado que costó la vida al ex presidente del Tribunal Constitucional y amigo personal de Felipe González, Tomás y Valiente. Aznar llegó a decir que ese atentado era consecuencia de la deficiente gestión del Gobierno en la lucha contra ETA. En segundo lugar, nunca un presidente había sido requerido para dar explicaciones en relación a los atentados terroristas. El de la T-4 fue, desde luego, traumático y estremecedor. Pero por desgracia otras actuaciones de ETA fueron mucho más graves y con muchos más muertos. Nadie se atrevió en el pasado a culpabilizar, ni de refilón, al presidente de turno. Ni nadie exigió la versión oficial cuando se quebraron las treguas anteriores de los etarras. Ni nunca la oposición dejó de respaldar a los Gobiernos durante las treguas de ETA. Dicho esto, cuesta entender que no se produjeran errores en los servicios de información policial o en el CNI. Alberto Sáiz, un hombre de Bono –quien lo nombró siendo consejero de Industria y Empleo en el Gobierno castellano-manchego–, ha mantenido un absoluto silencio, lo que es, por otra parte, normal. ¿Por qué el presidente se vio obligado a pasar del optimismo –"el año que viene estaremos mucho mejor"– a la amarga constatación de que el proceso de paz había sido hundido por ETA? Cuando en el Congreso pidió disculpas por la frase y asumió su equivocación, no disipó, no obstante, las dudas en torno a un episodio como mínimo inquietante. ¿Ha de modificar su núcleo duro el presidente con el fin de reforzar su liderazgo? Tras su comparecencia en el Congreso, parece evidente que el desayuno en el Ritz, dos días después, constituyó una notoria exhibición de líder, capaz de reunir a casi todos los poderes, los institucionales y los fácticos –empresariales y financieros al más alto nivel–, como si estuviera en su máximo esplendor. A menudo, los muertos que vos matáis, gozan de buena salud. O no. Depende. Enric Sopena |
| Hemeroteca |