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| Nº 724 - 15 de enero de 2007 |
"A la desaforada esperanza siguió, como es natural, una depresión excesiva"
Jorge Luis Borges ('La biblioteca de Babel') La explosión de una bomba, en uno de los últimos días del año, que destruyó buena parte del aparcamiento de la nueva Terminal 4 en el Aeropuerto de Madrid y, lo que resultó más grave, provocó las muertes de los jóvenes ecuatorianos: Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio mientras descabezaban un sueño dentro de sus respectivos automóviles allí aparcados, ha caído como una sombra de pesimismo sobre las esperanzas –quizá infundadas–de que el final de esa pesadilla que es ETA estuviera a la vuelta de la esquina. El día previo al bombazo, el presidente del Gobierno había pronosticado a este respecto (usando términos parecidos a los de la medalla del amor) que "hoy estamos mejor que ayer, pero peor que mañana". Los etarras, rompiendo sin previo aviso el "alto el fuego permanente"1 se encargaron de poner en evidencia el injustificado optimismo presidencial, pero no creo que pecar de optimista pueda ser algo más que un pecado venial... y no ha sido eso de lo que se ha venido acusando a Rodríguez Zapatero, sino que se le ha hecho un juicio permanente de intenciones, según el cual no sólo habría traicionado a las víctimas ("La traición a los muertos", en palabras de Rajoy), también habría aceptado el programa reivindicativo de ETA y se habría rendido a sus pretensiones... todo lo cual es rigurosamente falso, como lo demuestra el propiobombazo etarra. Por lo tanto, no parece nada justo que ahora se le pase la cuenta por el fracaso de un proceso que cualquier otro presidente hubiera iniciado, como lo hicieron todos los predecesores de Rodríguez Zapatero. Vistas las cosas al día de hoy, o bien estamos en vísperas de una gran escisión en ETA y su entorno o todo el proceso se ha montado sobre un gran equívoco. Veamos: ¿Y ahora qué?, cabe preguntarse. Pues me temo que más de lo mismo, que esa "unidad de los demócratas" es una utopía que, de verdad, nadie se propone alcanzar. Por ejemplo, ERC es un partido democrático y el PP también lo es. ¿Alguien se puede imaginar que van a firmar juntos algún pacto? ¿Y quien dice ERC puede decir PNV. El PSOE y el PP podrían, ellos sí, retomar el Pacto Antiterrorista, pero el PSOE depende demasiado, por ahora, del apoyo parlamentario de los grupos nacionalistas para reiniciar ese pacto. En otras palabras: existen demasiadas expectativas de aprovechamiento, tentaciones varias con vistas a sacar algunas lonchas al jamón electoral como para pensar en un acuerdo que, necesariamente, implica renuncias. Para acabar de facilitar las cosas está la AVT –el último refugio que, por ahora, ha buscado la extrema derecha española– con sus insultos y despropósitos o el inefable Ibarreche, siempre dispuesto a meter la cuchara con sus ocurrencias. "Por la paz y el diálogo", dice ahora. El diálogo, ¿con quién y para qué? |
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