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Tras Barajas
La bomba, atentado confirmado de ETA, en la T-4, ha puesto fin a dos vidas, un edificio, mucho dinero, ingenuas esperanzas y, tal vez, a un Gobierno. Dada la obviedad de los tres primeros, vamos a por los dos últimos. Hay quien piensa de verdad, o pensaba, que con diálogo se puede solucionar el terrorismo. Es esencialmente imposible. El terrorismo de ETA está basado en una organización mafiosa. Que consiste en crear una situación de riesgo para luego cobrar por evitarla. Es igual que el caso del mafioso, de libro, que rompe los cristales de escaparates de tiendas para después hacer un seguro al dueño del establecimiento accidentado para evitar posteriores infortunios. Esta organización requiere territorialidad y unidad, ya que si son varias las bandas amedrentando en un mismo sitio se acaba el negocio porque el seguro deja de ser operativo, no se puede asegurar por una banda que otra actúe. Se empieza por aquí y se acaba asegurando la tranquilidad ciudadana. Pero claro, para que se sienta seguridad tiene que existir inseguridad, porque, si no, no se paga, o sea que de vez en cuando tiene que haber un accidente (vulgo atentado). La dificultad que tiene acabar con estas organizaciones mafiosas es que hay muchas personas viviendo de este cuento. El oficio de mafioso es un trabajo (no lo es por- que no es socialmente útil) que no requiere ningún esfuerzo y está bien remunerado. El nacimiento de estos entramados tiene una justificación, mejor inicio comprensible; al principio, seguridad no garantizada por el Estado, protección frente a abusos de terceros, reivindicaciones políticas. Lo que sucede es que cuando cesa la causa que dio origen a la organización, la organización persiste, se convierte en un fin en sí misma. En el caso de ETA pasa exactamente igual. Su extorsión tiene una finalidad imposible. Lo hemos visto, para el que no lo percibiera antes, estos últimos tiempos. La autodeterminación del País Vasco, junto con Navarra y el País Vasco Francés. ¿Y, en una segunda fase, la constitución de un Estado comunista. No hay, ni puede haber, diálogo o acuerdo sobre algo en que es esencialmente imposible llegar a un encuentro. Pero además y mezclado con lo anterior hay, sí, un diálogo posible. Las condiciones de la rendición. Entrega de armas y delincuentes, situación de presos, juicios, condenas, reinserción. Los pomposamente llamados "altos el fuego" o "treguas" son simplemente tonterías para tener calmada a la propia grey, a quién interesa el segundo diálogo, el de la rendición, para mantener vivas sus esperanzas, y poder los malos perseverar en su obcecación y modus vivendi. Para acabar definitivamente con la violencia organizada no hay otra solución que la policial y el estrangulamiento financiero dela banda mafiosa. Para forzar la rendición de sus restos. ¿Y, ¡ojo! La rendición sólo es posible si antes no se acaba policialmente con el terror. Porque entonces no hay condiciones de rendición que valgan. Esas condiciones no son sencillas porque deben garantizar que no puedan resurgir coletazos de supervivencia mafiosa. Lo dicho para ETA sirve para la Batasuna de turno. Hay mucho viviendo de eso, y en un entorno de paz, su fundamento ideológico (en el sentido marxista de la palabra, concepción falsa de la realidad o el mundo), por irrealizable, se difumina y acaba por extinguirse, mandando a unos cuantos a un paro irremediable. Puede que Zapatero lo haya comprendido por fin. Lo veremos en su comparecencia en el Congreso. Caso contrario, no sería de extrañar que Rubalcaba dimitiera. Lo que ha quedado claro es que, políticamente, el PP ha salido reforzado del embate. La esencia de sus tesis se ha mostrado correcta. A ver cómo lo administra. Si lo hace con prepotencia y humillación del Gobierno se equivocará. Los españoles quieren paz, no saber quién tenía razón y que se la den. Por parte del Gobierno, si no quiere que le salga muy cara la equivocación del diálogo político, debería mostrar una posición de humildad y rechazar por siempre las idílicas e ingenuas ideas trampa. Vamos a ver qué pasa. Fernando F. Trocóniz |
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