A 9
Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell
Nº 724 - 15 de enero de 2007

Empieza la presidencia alemana


El inicio del año nos trae a Alemania en la presidencia de turno de la UE. Hay elevadas expectativas sobre lo que la canciller Merkel puede hacer para sacar a Europa de su impasse constitucional.

El Gobierno alemán ha tratado de rebajar esas expectativas. Saben que la UE vive momentos difíciles, que hay una pérdida de confianza, especialmente entre los jóvenes, en el proyecto europeo y en su capacidad de dar respuesta a los problemas que plantea el mundo globalizado. "No podremos hacer milagros", señalan repetidamente, sobre todo teniendo en cuenta el calendario electoral francés y el resultado de las recientes elecciones holandesas.

Pero todo el mundo espera que la canciller Merkel, con la discreta firmeza y la ambición recubierta de modestia de las que hasta ahora ha hecho gala, relance el Tratado Constitucional que, 18 meses después del no francés, se ha convertido en el símbolo de la parálisis europea.

¿Y no parece dispuesta a perder el tiempo. A primeros de enero pedirá a todos los gobiernos y al Parlamento Europeo (PE) que designen un representante personal (un sherpa en la jerga comunitaria) con plena disponibilidad para discutir sobre lo que sobra y lo que falta en el texto.

Un hito importante en el calendario serán las celebraciones del 50 aniversario del Tratado de Roma, a finales de marzo. Se espera proclamar entonces la Declaración de Berlín, y que ésta desempeñe el mismo papel de antídoto contra la crisis que produjo la Declaración de Messina, elaborada después del rechazo francés al Tratado que creaba la Comunidad Europea de Defensa, y que abrió el camino al Tratado de Roma.

Pero el primer plato fuerte del de-bate no lo cocinará Merkel, sino el primer ministro Juncker y nuestro presidente Zapatero, al convocar para mediados de enero a los 18 países que ya han ratificado el Tratado (16 más Rumanía y Bulgaria, que han ingresado en la UE asumiéndolo automáticamente). El objetivo de esa iniciativa es apoyar los esfuerzos de Merkel para salvar la parte "substancial" del Tratado y proclamar su necesidad, no sólo frente a los que lo han rechazado, sino también frente al silencio de los que no se proponen intentar ratificarlo, especialmente el Reino Unido.

Como era de esperar, la iniciativa hispano–luxemburguesa ha irritado a los holandeses y recibido una fría acogida francesa, pero también el aplauso del Gobierno irlandés.

En todo caso, es una reacción saludable del campo del sí, que había estado a la defensiva mientras duraba el período de reflexión, pero que ahora defenderá con vigor que las reformas institucionales son urgentes para que la Unión pueda funcionar con 27 miembros y que es inconcebible partir de cero.

Pero el trabajo de Merkel dependerá, por supuesto, de las elecciones presidenciales francesas, con la segunda vuelta prevista para finales de junio, pocos días antes del fin de su Presidencia. ¿Y no sólo está Francia. Tenemos tendencia a olvidar que, como todo apunta, el inquilino de Downing Street cambiará a principios de verano, añadiendo nuevas incertidumbres a las posiciones de los líderes europeos.

Si el calendario de los demás no juega a favor de Merkel, tampoco en Alemania el ambiente popular es demasiado propicio. El entusiasmo pre-europeo de los alemanes no es el que fue. La introducción del euro y las perspectivas de las futuras ampliaciones preocupan y los alemanes se muestran euroinquietos, sin que los partidos de la gran coalición inviertan demasiada energía política en el debate sobre Europa.

Por ello Merkel no oculta que está trabajando en sintonía con Portugal y Eslovenia, que vienen después, para enlazar con la presidencia francesa, que es cuando se decidirá realmente la cuestión.

Consciente de estas dificultades, la canciller Merkel no quiere hacer del tema constitucional el único asunto relevante de su presidencia. ¿Y así, el próximo Consejo de Primavera se dedicará fundamentalmente a la energía, un problema que ha escalado posiciones en el ranking de las preocupaciones de los europeos y que es especialmente sensible para Alemania tanto por razones internas (liberalización de los mercados) como externas (difíciles relaciones con Polonia y los Estados bálticos y dependencia del gas ruso).

Precisamente para hacer frente a esta clase de problemas, Alemania intentará que la UE hable con una sola voz en sus relaciones internacionales. ¿Y que actúe de forma unida frente a problemas como los de Kosovo, Oriente Próximo, Rusia, Asia Central y China.

El de Turquía ha sido encauzado con las últimas decisiones, bajo presidencia finlandesa, de suspensión parcial de las negociaciones. No está ni mucho menos resuelto, pero el parche aguantará porque, a pesar de las protestas retóricas, tampoco le va mal a Turquía, cuyas fuerzas políticas podrán concentrarse en las elecciones parlamentarias y legislativas del 2007 sin demasiadas tensiones externas.

Así pues, deseemos acierto a la canciller Merkel porque la UE está muy necesitada de su buen hacer.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell