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| Nº 724 - 15 de enero de 2007 |
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Prensa ennoblecida
por Miguel Ángel Aguilar Ahí está, ahí está, la Puerta de Alcalá, como Carlos Ill le dice a su lacayo en la canción de Ana Belén y Víctor Manuel. Por el momento se diría que resiste, viendo pasar el tiempo y casi arrumbada por el viento de la historia a la playa de la insignificancia, que diría nuestro Julio Cerón, cuyo regreso parece inminente después de los seis años sabáticos consecutivos que decidió tomarse en su castillo de Perigueux. Véanse como confirmación los desastres urbanísticos adyacentes perpetrados con la Torre de Valencia que, para mayor vergüenza, inauguró el ministro de la Vivienda Vicente Mortes Alfonso. Entre tanto, algunos procesos como el del final dialogado de la violencia, que el presidente Zapatero convirtió en estandarte de esta legislatura, se derrumban dinamitados por los etarras junto al aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas. El derribo nos indica la necesidad de prepararnos para conllevar, según prescribía el correspondiente ortegajo respecto a otros problemas, esta plaga del terrorismo durante una o dos generaciones más. Así que vayamos del corazón a los asuntos como el poeta de Orihuela en su elegía al compañero del alma. Es decir, pasemos de las ilusiones inaugurales, tan ambicionadas por los inquilinos de la Moncloa, al reconocimiento de las realidades más tercas. Cierto que al público de a pie, como a la chiquillería que desbordó las tribunas erigidas para la cabalgata de Reyes a lo largo del paseo de la Castellana, le hubiera gustado que como respuesta a la ruptura del alto el fuego permanente en forma de voladura de un aparcamiento, con dos muertos para sumar a la lista de víctimas, los demócratas de todo el arco iris proclamaran una tregua con el aplazamiento de todas sus discrepancias por profundas y legítimas que sean. Pero la lucidez y el sentido común demostraron estar de vacaciones cuando más necesaria era su aplicación. El asunto a examinar hoy es la Ley33/2006 de 30 de octubre sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios (véase Boletín Oficial del Estado del 31). Contiene una disposición transitoria única cuyo punto 3 representa una verdadera anomalía al transgredir inmotivadamente ese principio elemental que excluye el carácter retroactivo de las leyes. Dispone que la nueva ley se aplicará a todos los expedientes relativos a títulos nobiliarios que estuvieran pendientes de resolución administrativa o jurisdiccional el día 27 de julio de 2005 así como a los expedientes promovidos a partir de dicha fecha, que es la misma en la que se presentó la originaria proposición de ley en el Congreso de los Diputados. La sorpresa de los juristas consultados es mayúscula y crece hasta el espanto porque el citado punto 3 de la disposición transitoria tiene toda la hechura de una norma legal ad hoc, impulsada por dos prohombres de la prensa: Pedro José Ramírez, compañero sentimental de Ágata Ruiz de la Prada y Luis María Anson unido en matrimonio con Beatriz Balmaseda. Sucede que ambas, Ágata y Beatriz, son primogénitas y quieren los títulos del marquesado de Casteldorrius y del condado de Puñoenrostro, respectivamente. Para ello precisan que se les sea de aplicación la nueva ley con carácter retroactivo, sin atender a que sus progenitores fallecieron con anterioridad y por tanto para establecer la sucesión sólo pueden contar las normas entonces vigentes. Como dice quien yo me sé, "sería gravemente calumnioso" sostener que las presiones ejercidas por Ramírez y Anson sobre la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega se han plasmado en ese punto 3 aquí comentado y que la designación de la señora de la Vega como personalidad del mundo mundial por el periódico donde ambos trabajan es el pago a influencias ejercidas en la dirección favorecedora de las damas de tan insignes caballeros. |
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