Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 724
15/1/2007

El átomo escapa del dogma

La necesidad de diversificar las fuentes energéticas ha llevado a algunas izquierdas a excluir la energía nuclear del dogma. No es de extrañar que ante esta materia, más metafísica que política, el comisario europeo Durao Barroso se haya confesado "agnóstico" en una cuestión que empieza a ser opinable. Hay todavía resistencias en algunos Estados miembros, que son los competentes en optar o no por construir nuevas centrales o prolongar la vida de las actuales. Es el caso de Alemania, donde gobierna la gran coalición y cuya canciller, Angela Merkel, tendrá que iniciar el nuevo debate como presidenta de la Unión. En cambio Francia, en el otro extremo, apostó fuerte por estos reactores que le proporcionan el 80 por cien de la electricidad, quizás como efecto colateral de la opción nuclear, la force de frappe  de la grandeur gaullista. Hay resistencias y reticencias  pues seguimos sin saber qué hacer con los residuos y nos aterra un ataque terrorista pero la idea se va abriendo camino ante la necesidad. La iniciativa ha salido de la Comisión, la Administración de los 27, que la ha calificado como una de las más eficaces y limpias pero el Parlamento, el órgano ideológico, no le ha hecho ascos.

Un caso simbólico de esta conversión es el de Joaquín Almunia, que cuando era dirigente socialista propugnó la moratoria nuclear y que ahora, como comisario europeo de Asuntos Económicos sostiene la necesidad de diversificar lo que quiere decir más energías limpias (hidráulica, solar, eólica, etc.) pero también más nuclear, que hoy aporta un tercio de la electricidad  de la Unión aunque solo un 5,5 por ciento de la energía total.

La Unión ha lanzado este debate preocupada por su gran dependencia energética –57 por ciento en el gas y el 82 por ciento en petróleo– y por las consecuencias de la emisión de CO2 que generan el carbón, el petróleo y el gas, los grandes protagonistas de la energía y de la contaminación. Se pretende en el documento presentado el pasado miércoles, una nueva revolución industrial según Barroso, un doble objetivo: ahorro y diversificación de forma que en 2020 se haya reducido el consumo en una quinta parte y elevado hasta este mismo porcentaje la participación de las energías renovables que ahora representan el 7 por ciento de la primaria, la que se utiliza para generar otras energías.  Se pretende también alumbrar un mercado sin barreras patrióticas e investigar para reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Con suma cautela, la Comisión ha levantado el velo del tabú. La discusión, que se inicia esta semana, promete ser apasionante y de mayor sutileza que en el pasado, cuando el lobby nuclear engañaba y sobornaba y los ecologistas y la izquierda la calificaban de catástrofe anunciada. Ahora los defensores del átomo, vestidos de verde, se apoyan en tesis tan populares como la necesidad imperiosa de reducir las emisiones de dióxido de carbono. Desgraciadamente, esta energía no es todavía aplicable al automóvil porque de serlo tendrían la batalla ganada.

Estamos ante un dilema inquietante y acuciante: ¿qué preferimos, contaminación segura o riesgos potenciales? Lo que ya no hay lugar es para contestar que ni lo uno ni lo otro, pues algunas energías limpias son caras, de suministro inseguro y con no mucho recorrido;la eólica, por ejemplo, la de los molinillos, está siendo denostada por los verdes por agresión paisajística y destrucción de aves.

España, que crece fuertemente desde hace una década y que depende mucho más que sus vecinos del petróleo, necesita, ante todo, introducir cambios en los procesos industriales que reduzcan la energía necesaria por unidad de producto. En cuanto a lo nuclear –de donde procede un cuarto de la electricidad generada–, lo más inmediato es saber si cerrará la central de  Santa María de Garoña en 2009, cuando expira la concesión, como se hiciera con la de Zorita; afortunadamente para ZP es ésta, junto con la reconsideración de la moratoria nuclear, una de las patatas calientes desplazadas a la próxima legislatura y dudo que sea éste un tema central en la campaña electoral. De momento el Gobierno se mantiene en la idea de la moratoria, grata para sus socios de IU- Los Verdes y ERC,  tal como ha declarado la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, pero ya veremos qué ocurre si el PSOE vuelve a ganar las elecciones con una mayoría que le permita mayores márgenes de autonomía.

  José García Abad

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