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Nº 723 - 8 de enero de 2007

Desconcierto en las filas del PSOE tras el atentado de ETA

¡REACCIONA!

Desconcierto. Esta parece ser la palabra que mejor define el sentimiento en el que tanto el Gobierno como el Partido Socialista se han sumergido tras el brutal atentado de ETA en Barajas. Sólo así alcanzan a explicar, desde dentro del PSOE, los errores que Moncloa habría cometido en su gestión de las primeras horas tras la crisis: La falta de contundencia del presidente en dar por roto el proceso en su primera comparecencia, su tardanza en acudir a la zona de la explosión o en visitar a las familias de las víctimas, su retorno a sus vacaciones en Doñana después del atentado... La rápida reacción del PP, con Rajoy en la T-4 antes que el presidente y su apelación a una comparecencia urgente de Zapatero en el Congreso, sin embargo, ha hecho ya saltar todas las alarmas en las sedes socialistas respecto a la utilización que los populares piensan hacer del fin del proceso de paz. Desde ellas reclaman a Zapatero que reaccione y no deje que la gran labor reformadora de su gobierno quede sepultada, también,
bajo los escombros de la T-4.

Por Inmaculada Sánchez

Ha sido un shock. Se esperaba, quizá, un comunicado poniendo fin al alto el fuego, pero no esto”. Un alto cargo socialista explica así el impacto que la explosión en el aparcamiento de Barajas el pasado 30 de diciembre ha causado en las filas de su partido.

Ya antes de darse por canceladas las sesiones parlamentarias en el Congreso una inquietud recorría los escaños socialistas: la agenda del último año de la legislatura no parecía haber estado muy bien planificada. “Ya hemos aprobado lo más importante del programa electoral, lo de mayor impacto social, y corremos el peligro de llegar a las elecciones sin nada lo suficientemente llamativo y cercano, salvo cómo evolucione el proceso de paz”, se sinceraba un diputado del PSOE a El Siglo antes de la Nochebuena.

No era sólo dentro del grupo parlamentario. En distintas federaciones del PSOE circulaba ya con cierta verosimilitud el temor de que ETA rompiera el alto el fuego permanente que ella misma decretó el 22 de marzo y que la situación del Gobierno se complicara en el último compás de la legislatura.

“Esta hipótesis estaba presente en todas las agendas del partido. No hay lugar a la sorpresa”, añade un miembro de una de las ejecutivas regionales más importantes del PSOE. Sin embargo, nadie esperaba que la temida ruptura llegase de un modo tan abrupto -con dos muertos (al cierre de esta edición aún faltaba por recuperar el cuerpo de uno de los desaparecidos)- y tan a contrapié de la marcha del presidente, justo un día después de que Zapatero hiciera balance y dijera que “estamos mejor que hace un año” refiriéndose al fin de la violencia.

Si la posibilidad de que el proceso se truncara antes de la próxima convocatoria de elecciones generales estaba ya contemplada en los principales despachos del partido, ¿cómo es que Moncloa e Interior no manejasen la estrategia a seguir si esto llegaba a ocurrir?, es la pregunta que ha circulado más insistentemente en las filas socialistas los primeros días después del atentado.

La seguridad con que Zapatero hablaba cada vez que se refería al proceso había generado una ilógica presunción de que el presidente manejaba una información secreta sobre la que apoyaba sus esperanzas. Descubierta la irrealidad de tal supuesto las consecuencias de la explosión de la terminal de Barajas han caído sobre él con mayor contundencia, si cabe, que sobre el conjunto del Gobierno o de las fuerzas políticas (todas salvo el PP, hay que recordar) que apoyaron el inicio del proceso con voto expreso en el Parlamento.

El impacto del atentado, apenas unas horas después de las esperanzadoras palabras de Zapatero, es el único argumento que manejan dentro del PSOE para dar alguna explicación a la escasa cintura con que se ha manejado Moncloa en los primeros momentos de la crisis.

Error en la primera declaración. “Sí, fue un error la primera comparecencia del presidente. Pero no por sus primeras palabras: la declaración estaba muy medida, sino por permitir las preguntas de los periodistas que, en principio, no estaban contempladas y no se habían preparado”, explica un alto cargo del PSOE bien informado de cómo transcurrieron esas primeras horas.

Zapatero tenía que haber sido más contundente -sólo habló de “suspensión” del diálogo- y, percibido el fallo fue primero José Blanco, número dos del partido, quien declaró que “el proceso, porque así lo ha querido ETA, está roto”, y luego el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, seguido del portavoz parlamentario, Diego López Garrido, quienes volvieron a mencionar la palabra clave: “ruptura”.

Su tardía presencia en el lugar del atentado dejando que fuera el líder del PP, Mariano Rajoy, acompañado por Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, quien primero apareciera por la T-4 para interesarse por la magnitud de la explosión y las labores de desescombro es otro de los “fallos” que el entorno presidencial intenta enmendar en estos días.

Desde Moncloa se recuerda que no es usual que el presidente del Gobierno se persone en el lugar de un atentado de ETA y que a Aznar no se le pidió, en su día, que compareciese en el Congreso por ningún atentado, ni siquiera cuando la banda terrorista rompió la tregua de 1999.

Los últimos movimientos de Presidencia apuntan ya los perfiles de una estrategia con la que hacer frente al golpe político que ha supuesto el fin del alto el fuego y se ha anunciado que Zapatero comparecerá en el Congreso, aunque aún no se hable de fecha ni formato. Será, en todo caso, después de la ronda con los grupos parlamentarios que realizará esta semana, los días 9 y 10, el ministro de Interior con el objetivo de recabar la mayor unidad posible en la lucha contra el terrorismo.

Hasta que ese momento llegue el presidente ha intentado dar muestras de que empieza a recuperarse del golpe. “La energía que tengo para alcanzar la paz hoy es mucho mayor”, afirmó el pasado jueves en su primera visita a la zona de la explosión. Esta vez sin permitir preguntas de los informadores Zapatero leyó una declaración en la que puso el énfasis en “la firme determinación” del Gobierno para poner fin a la violencia a través de “las instituciones del Estado de Derecho” y asegurando que “la democracia no se intimida y menos el Gobierno”.

La declaración supuso un respiro para no pocos dirigentes socialistas que , desde sus federaciones de origen, habían tenido que dar respuesta a los comentarios en los medios sobre el retorno del presidente al coto de Doñana tras sus primeras palabras después del atentado, en lugar de poner punto final a sus vacaciones, o sobre su tardanza en mostrar su apoyo a las familias de los dos ecuatorianos desaparecidos -sólo se desplazó a estrecharles la mano después de que se encontrase el primer cadáver-.

“Si logramos gestionar bien las próximas semanas esta sensación de zozobra pasará”, explica esperanzado un alto cargo del PSOE. ”Tanto Felipe como Aznar volvieron a ganar las elecciones después de que ETA rompiese la tregua decretada durante sus gobiernos. El de Zapatero, ahora, lo ha intentado, tenía la obligación de explorar esa vía, y lo ha hecho bien, sin concesiones como hizo en su día Aznar. Es ETA la que no ha querido. Allá ellos. A nosotros no nos tiene que pasar factura electoral”, abunda un dirigente autonómico. Sin embargo, el escenario político en este final del alto el fuego etarra es bien diferente del que vivió Aznar en 1999 debido, básicamente, a que el Partido Popular ha situado al proceso de paz en el punto de mira de sus principales ataques al gobierno socialista.

El barco sin timonel. “España es un barco sin timonel”, ha llegado a decir Rajoy 48 horas después del atentado, y los medios afines al PP han desplegado ya su estrategia señalando al presidente del Gobierno como principal responsable de la situación y han llegado a hablar de elecciones anticipadas.

“No podemos permitir que los medios nos marquen la agenda”, afirma un cargo territorial socialista que se teme una ofensiva mediática feroz, al estilo de la que acabó con el último gobierno de Felipe González.

“Se ha cerrado el año con un avance espectacular en materia de empleo, la economía va viento en popa, y va a seguir yendo así, el precio de la vivienda se está frenando... ,incluso en seguridad vial estamos logrando que haya menos muertos en accidentes de tráfico... No podemos dejar que estos logros desaparezcan del debate político ni de los medios”, abunda el citado dirigente.

Desde Ferraz, además, señalan otro elemento como variable fundamental de cara al futuro. “Hay que ir tranquilos. El PP se está pasando y puede que se le vaya de las manos esta dinámica de atacar sin cuartel al presidente responsabilizándole de la ruptura de la tregua”, explican fuentes autorizadas.

Esta baza es en la que , quizás, más confían hoy los socialistas. “Hay que nuclear a todos los partidos en torno al Gobierno y que sea el PP el que se quede solo, si quiere, igual que le pasó cuando la resolución del Congreso que permitió a Zapatero iniciar el proceso”, añaden las mismas fuentes.

La clave, pues, está en cómo puedan desarrollarse las conversaciones que este martes iniciará el ministro del Interior con los portavoces de los grupos parlamentarios. En la habilidad negociadora del veterano Rubalcaba, a quien todo el partido ha reconocido una buena gestión en las primeras horas tras el atentado, recaerá buena parte de la estrategia del Gobierno para reconducir la situación sin un mayor desgaste.

Las negociaciones, sin embargo, llegan en un momento complicado para el Gobierno, justo cuando uno de sus socios “preferentes”, Izquierda Unida, ha anunciado antes de fin de año que dejaba de serlo por una serie de incumplimientos de promesas del Ejecutivo, cuando la prevista por Moncloa alianza parlamentaria con CiU se desbarató tras la reedición del gobierno tripartito en Cataluña, y cuando en el PNV vuelven a evidenciarse signos de división entre su presidente, Josu Jon Imaz, firme aliado de Zapatero, y Juan José Ibarretxe, que pretende mantener abierto el proceso de paz (Ver en páginas siguientes entrevistas con los portavoces de los principales grupos parlamentarios del Congreso).

Hasta el momento y al margen de la conocida posición del PP, la postura del lehendakari, reclamando mantener todavía abiertas las vías de diálogo, y la de CiU, cuyo líder, Artur Mas ha criticado a Zapatero al decir que “no se puede ser tan ingenuo”, han sido las más discordantes en el arco parlamentario dentro del coro general de que “ETA es la única culpable”. Hasta el líder de ERC, Carod-Rovira, quien en estas fechas de hace tres años tuvo que dejar su puesto de conseller en cap por su famoso encuentro en Perpignan con dirigentes de ETA, ha enmendado la plana al portavoz de su grupo en el Parlament, Joan Ridao, que habia dicho que ETA “había puesto más en el proceso” que el Gobierno.

Otro debate paralelo se produce estos días también dentro del PP entre los partidarios de aprovechar al máximo la situación y los que abogan por ser más cautos. Estos últimos quizá piensen como el dirigente socialista que afirma que “la mezquindad, cuando la percibe el electorado, la hace pagar muy caro a quien la ejerce”.

La difícil sustitución de Alfonso Perales

Antes de que buena parte del  aparcamiento de la T-4   saltara por los aires, y con él, las esperanzas de paz de la mayoría de los españoles, los socialistas recibían un duro golpe un día antes de la Nochebuena: Alfonso Perales, secretario de Relaciones Institucionales y Política Autonómica de la ejecutiva federal del PSOE fallecía apenas dos meses después de habérsele diagnosticado un agresivo cáncer.

Con 52 años, el conocido dirigente andaluz, nacido en Alcalá de los Gauzules (Cádiz) y hombre de la máxima confianza de Manuel Cháves,  se había convertido en el hombre clave de la poderosa federación andaluza dentro de la ejecutiva federal que  controlan los hombres “de Zapatero”, con José Blanco a la cabeza.

Su habilidad negociadora y su visión política habían “transformado” su llegada a Madrid, vista desde otras federaciones del partido como el desembarco de un “contrapeso” de Chaves frente a Zapatero, en la formación del tándem perfecto con el hombre fuerte de Ferraz, Pepe Blanco.

Es por eso que su sustitución se presenta difícil. Será, por descontado, otro andaluz quien ocupe su puesto en la ejecutiva federal pero la búsqueda de alguien con el peso político de Perales y su conocimiento interno del partido para manejar una secretaría tan delicada como la de Política Autonómica no resultará sencillo. En Sevilla señalan que sólo Chaves y su círculo de más confianza están en el secreto de la elección del sustituto, que podría, incluso, salir del actual gobierno andaluz. En todo caso, la proximidad de las elecciones autonómicas y municipales no puede demorar la decisión más allá del final de enero.

Los partidos valoran el nuevo escenario tras el

atentado

Todas las fuerzas políticas parlamentarias, salvo el Partido Popular, votaron la resolución del Congreso de los Diputados que otorgaba al Gobierno el respaldo de la Cámara ante una eventual negociación con ETA en el caso de que la banda terrorista abandonara las armas. Tras el atentado en la Terminal 4 de Barajas, El Siglo ha consultado a los principales partidos su opinión sobre el proceso de paz ahora roto, sobre los efectos políticos del brutal suceso, sobre la gestión del presidente Zapatero y sobre la actitud que han tenido a lo largo de estos nueve meses de alto el fuego las formaciones democráticas. También les hemos pedido que nos adelanten qué temas centrarán el debate en 2007.

Por Virginia Miranda

Diego López Garrido, portavoz del PSOE

“No ha habido ninguna cesión a ETA”

El pasado 30 de diciembre ETA rompía nueve meses de tregua, una tregua que se había convertido en la gran apuesta política de Zapatero. ¿El Gobierno ha quedado debilitado?

—En absoluto. La actitud del Gobierno ha sido muy prudente en todo momento. El diálogo prácticamente no arrancó durante el proceso, y cuando el terrible atentado ha constatado que ETA no tiene voluntad de abandonar la violencia, se da por concluido el proceso de paz. El atentado no debilita al Gobierno, sino que rompe una expectativa y frustra a la sociedad.

—¿El proceso de paz es irrecuperable o existe alguna posibilidad de retomarlo?

—No veo ninguna posibilidad de recuperación. Este proceso de paz se ha acabado.

—¿Cómo ha sido la gestión del proceso de Zapatero en estos nueve meses?

—Absolutamente correcta. El Estado de Derecho nunca ha bajado la guardia y no ha habido ninguna cesión a ETA. Lo que ha habido es una absoluta sumisión a los hechos, que son los que nos daban la pauta a seguir. Cuando en principio constataron la ausencia de violencia, el Gobierno consideró que se podía iniciar un diálogo. Ahora, cuando han demostrado que no existe esa voluntad de abandonar las armas, considera finiquitado el proceso de paz. El Gobierno también ha procurado el mayor consenso posible con las fuerzas políticas. No lo ha conseguido con el PP, que ha querido utilizar esto como arma electoral. El atentado, desgraciadamente, es la prueba más palpable de que de su cantinela sobre las cesiones a ETA no hay nada de nada.

—De la del PP ya ha hablado, pero ¿qué le parece la actitud del resto de partidos?

—Impecable. Las fuerzas políticas han tenido una actitud de consenso, de apoyo al Gobierno. Quisiera significar a este respecto el importantísimo apoyo que ha dado a este proceso el PNV, que en todo momento ha tenido muy claro que no es posible un proceso de paz en Euskadi con violencia, que ETA no representa a nadie, que su único fin es la desaparición y que las decisiones políticas las toman los elegidos por el pueblo.

—Rubalcaba se va a reunir con los grupos parlamentarios en los próximos días. ¿Qué se espera de estos encuentros?

—Además de mantener las líneas básicas de la estrategia antiterrorista en España, las fuerzas políticas tienen que ponerse de acuerdo sobre las posiciones a tomar y las iniciativas parlamentarias a poner en práctica. Ese es el objetivo de estas conversaciones, con la idea de que todo esto contribuya a que la comparecencia que haga en su momento el presidente en el Congreso sea lo más eficaz posible.

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—La vida política se va a ver afectada por un periodo electoral. Lógicamente, los partidos quieren expresarse con la máxima personalidad ante el electorado, pero eso no debe alterar el principio esencial de unidad democrática frente al terrorismo. La incógnita es qué actitud va a tomar a este respecto el PP, que todo lo ha convertido en una mercancía electoral.

—¿Cuáles son los temas pendientes?

—Hay una cuarentena de leyes en el Parlamento tan importantes como la del suelo, se tramitan otras tan primordiales para los poderes del Estado como la Ley Orgánica del Poder Judicial o la de Tribunal Constitucional. Pretendemos también que se logre un nuevo sistema de financiación de partidos políticos a través de una nueva ley. No hay que olvidar la ley de reparación a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura que deberá salir adelante en esta legislatura, la aprobación de la Ley de Igualdad y la puesta en práctica de la Ley de Dependencia. También tenemos una asignatura pendiente respecto a la violencia contra la mujer. No se han obtenido los resultados esperados y hay que renovar esfuerzos para acabar con esta lacra.

Vicente Martínez-Pujalte, portavoz adjunto del PP

“La legislatura para Zapatero se ha acabado”

El Gobierno ha quedado debilitado tras el atentado?  

—Absolutamente. Patética la comparecencia de Zapatero el día previo al atentado, desastrosa la comparecencia posterior y tremendamente nefasta su gestión. La vicepresidenta primera no ha dado la cara, Patxi López ha estado escondido, también el presidente del Gobierno, que se fue a celebrar la nochevieja al Coto de Doñana mientras se intentaba llegar a los cuerpos de los fallecidos. Es decir, el Gobierno ha quedado muy debilitado. Sobre todo porque el presidente, sin contar con el principal partido de la oposición, rompió el pacto antiterrorista e inició una andadura que a lo que le ha conducido es a fortalecer a ETA.

—¿El proceso de paz es irrecuperable? ¿Si se dan las condiciones que el PP pueda asumir, se sumarían a un nuevo intento?

—Aquí hay una equivocación de fondo. El PP hizo una política antiterrorista, en la que quiso contar con el PSOE, que consistió en el atosigamiento a todo el entramado de ETA para que no pudiera dar cobertura a los terroristas. Eso, que dio frutos evidentes, es lo que rompe Zapatero. ¿Qué hay que hacer, volver a lo de hace 20 años cuando se quería distinguir entre ETA y Batasuna? No, hay que volver a lo de hace tan sólo cuatro años, cuando se les dio la misma consideración y gracias a eso se estaba venciendo al terrorismo.

—¿Es Zapatero el principal perjudicado políticamente?

—Probablemente. La andadura de Zapatero por unos caminos quiméricos le han conducido justo a lo contrario de lo que pretendía y ahora debe volver atrás. De modo que sí, el principal perjudicado es Zapatero, aunque el responsable del atentado es ETA.

—¿Qué le parece la actitud de los partidos ante el proceso?

—Yo no tengo que valorar su actitud ante el proceso. Que por otra parte no creo que haya existido como tal, sino que ha sido una tomadura de pelo al señor Zapatero por parte de ETA. Nosotros le estábamos anunciando que lo que quería conseguir la banda terrorista era un pago político a cambio de la interrupción del terrorismo. Y el señor Zapatero le dio alas, y empezaron algunos dirigentes del PSOE a hablar del derecho de los vascos a decidir, a decir que la política penitenciaria tenía que ser distinta, a asegurar que había que atender de distinta manera a los de ETA, que había que dejarle salida a Batasuna para que se presentara a las elecciones... Zapatero estaba pagando ese precio político a ETA, y cuando la banda terrorista ha conseguido lo que quería, que era rearmarse no sólo con armas, sino social, financiera y políticamente, pero no le han dado la legalización total de Batasuna, es cuando ha cometido el atentado.

—¿Qué esperan de los contactos que va a mantener el ministro del Interior con los grupos?

—Me parece que los contactos son ganar tiempo, lo que hace falta es que Zapatero comparezca en el pleno y cuanto antes. Mientras no lo haga estará haciendo el ridículo. 

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—El atentado ha hecho que la legislatura para el señor Zapatero se haya acabado. Su gran proyecto, que era el mal llamado proceso de paz, ha sucumbido en la T-4. El año estará muy marcado por las elecciones municipales y autonómicas y posteriormente por la campaña de las generales, pero desde luego para proyectos de envergadura la legislatura se ha perdido.

—¿Qué queda pendiente por hacer en esta recta final de la legislatura?

—Tienen poco margen de maniobra. Con el terrorismo no saben qué hacer, en inmigración tampoco, el atentado ha desacreditado a Zapatero en el plano internacional. El único margen que les queda es que no se les estropee la economía.

Josep Sánchez i Llibre, portavoz adjunto de CiU

“Esto va a debilitar al presidente del Gobierno”

El Gobierno de Zapatero ha quedado debilitado?      

—Ciertamente sí, ya que después de haber apostado tan fuerte, quizá con excesiva publicidad y en algunos momentos con alguna ingenuidad, en el momento en que la tregua se rompe lógicamente el Gobierno ha quedado debilitado.

—¿El proceso de paz es irrecuperable o existe alguna posibilidad de retomarlo?

—La voluntad irrevocable y acreditada de ETA de abandonar las armas era un requisito indispensable y hemos visto que esto ha sido imposible de conseguir, con lo cual este proceso de paz está totalmente muerto y no se puede retomar en estas circunstancias.

—¿Cómo valora la gestión del proceso de Zapatero? ¿Es Zapatero el principal perjudicado políticamente?

—Aunque desde CiU siempre hemos estado al lado del Gobierno, incluso como dijimos en su momento también si fracasaba, éste ha sido un proceso de mucho secreto y de poca discreción, de poca información oficial y de muchísima información oficiosa. Además, ha existido demasiado protagonismo político en este proceso de paz, al menos públicamente. De modo que al fracasar de la manera en que lo ha hecho, quieras o no, al principal responsable, que es el presidente del Gobierno, lógicamente lo va a debilitar.

—¿Y qué le parece el comportamiento del resto de partidos?

—Desde la época de UCD, en CiU siempre hemos estado al lado del Gobierno en los temas de la lucha antiterrorista. Sobre la posición del resto de formaciones políticas, creo que no es el momento de hacer críticas. Más bien habría que plantear otra fórmula para iniciar un pacto de todas las formaciones democráticas frente a un futuro proceso de paz. Quizás sería necesario volver al pacto antiterrorista de Madrid o a los de Ajuria Enea del País Vasco, a los que se incorporaron casi todas las formaciones políticas.

—¿Tras las reuniones de Rubalcaba con los grupos parlamentarios, se podrá alcanzar ese consenso entre los partidos?

—Sería importante que estuviéramos el máximo de fuerzas posibles en estos futuros pactos por la paz. Por eso quiero plantear la posibilidad de que en la mente de todos esté presente el pacto de Madrid, porque en el pacto por las libertades y contra el terrorismo solamente estaban presentes las dos fuerzas mayoritarias del Estado español.

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—Vistas las circunstancias y visto también lo acontecido con el atentado, va a ser un año políticamente muy duro. Además, siendo como es un año electoral y preelectoral, habrá que intentar que las cuestiones electorales no influyan en el debate del día a día de muchísimos temas pendientes de legislar para que no primen los intereses de las diferentes formaciones políticas sobre los intereses de los ciudadanos pendientes de resolver.

—¿Cuáles son esos temas pendientes?

—Desde CiU tenemos varios temas encima de la mesa. En primer lugar, un pacto sobre la inmigración de todas las formaciones políticas para poder afrontar con éxito este fenómeno. Segunda cuestión importante; el desarrollo de la Ley de la Dependencia. A pesar de que su modelo de dependencia no es el que le hubiera gustado a CiU, una vez aprobada esta ley hay que desplegarla con la máxima intensidad para beneficiar al mayor número de ciudadanos españoles. Un tercer punto importante para CiU va a ser el desarrollo del Estatuto de Cataluña; vamos a abogar por que el nuevo sistema de financiación se pueda desarrollar en 2007 y esté en vigor a partir de 2008. Finalmente, pensamos que vale la pena hacer un esfuerzo complementario para que las pensiones de viudedad permitan vivir con dignidad a las personas que no pueden llegar a final de mes y deseamos conseguirlo antes de que finalice la legislatura.

Agustí Cerdà, presidente del grupo de ERC

“Tenemos la responsabilidad de arrimar el hombro”

El atentado ha perjudicado al Gobierno?        

—El optimismo del presidente antes del atentado queda como mínimo en entredicho. Ante un mal crónico como la violencia de ETA, todos los esfuerzos que han venido desplegando los gobiernos para buscar un escenario donde desaparezca definitivamente la violencia en el Estado español son plausibles. En ese sentido, ¿quedó debilitado Suárez cuando lo intentó, o Calvo Sotelo, o Felipe González, o Aznar? Creo que no, hicieron lo que estaba en sus manos y lo que era su responsabilidad política.

—¿Zapatero personalmente tampoco se ha visto afectado?

—Tras una apuesta tan fuerte como la del Gobierno y el propio presidente, queda muy debilitado. Pero no por la actuación de unos y de otros, sino por la irrupción en mitad del proceso y sin aviso de un artefacto de muchos kilos de explosivos en Barajas.

—¿El proceso de paz es irrecuperable o existe alguna posibilidad de retomarlo?

—¿Qué vas a hablar, si en el Congreso y en el Parlamento Europeo aprobamos que sólo es posible el escenario de diálogo si callan las armas? Si las armas hablan estamos ante otro escenario que es el que tenemos que analizar con detalle el conjunto de las fuerzas políticas del Estado español para ver cuál es la salida.

—El ministro de Interior se va a reunir con todos los grupos parlamentarios para hablar sobre el tema. ¿Qué espera de estos encuentros?

—Lo que espero es que todos los partidos tengamos la suficiente ética de la responsabilidad como para saber que éste es un momento muy delicado donde las salidas no son sencillas, donde es muy fácil intentar sacarle rédito político y sin embargo eso es algo que ninguno debemos hacer. Quien gestiona el Estado es quien tiene que gestionar este problema. Pero también es verdad que el resto de grupos políticos, todos sin exclusión, tenemos la responsabilidad de arrimar el hombro ante una situación difícil y complicada, no para el Gobierno, sino para el conjunto del Estado español.

—¿Cómo valora la gestión del proceso de Zapatero?

—Podría hacer muchas valoraciones y de hecho las hemos hecho como grupo parlamentario y como partido. Pero me parece que hay un antes y un después de la bomba de la T-4. Mientras está abierto el proceso uno puede opinar sobre si aceleraría más o menos, pero tras el atentado, lo único que podemos decir es que la unidad de las fuerzas políticas y su apoyo a quien tiene que gestionar esta situación es indispensable.

—¿Y la actitud de los partidos durante el alto el fuego?

—Ha sido un proceso abierto donde uno ha podido opinar. Desde el PP que ha dicho no a todo, hasta grupos como nosotros que decíamos que había que moverse con más valentía y celeridad. Pero eso ahora es a beneficio de inventario, el proceso de paz se lo han cargado de un bombazo y todos los grupos políticos tenemos que asumir que lo que va a haber son más atentados. Creo que es un fracaso colectivo, no sólo del Gobierno sino del conjunto de la democracia. Como ocurrió en otros procesos. No obstante, no tengo ninguna duda de que cuando haya condiciones para volver a hablar, cuando no haya el mínimo ruido ni atisbo de violencia, volveremos a emprender lo que tiene que ser una solución definitiva del conflicto.

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—Divertido, seguro. Como todas las legislaturas en las que no hay mayorías absolutas como la de ahora. Eso siempre da juego para buscar diálogo y acuerdos, que es de lo que trata básicamente la vida política. En ese sentido, el grupo socialista ya sabe que a nosotros, en las políticas federalizantes por un lado, y en las progresistas y de izquierdas avanzadas socialmente por otro, siempre nos encontrarán.

—¿Qué temas queda por abordar?

—En la bandeja de salida parlamentaria está la ley de financiación de partidos políticos, la ley de la memoria, la del suelo, la Ley Orgánica del Poder Judicial. Es decir, a pesar de la distorsión que supone la ruptura del proceso de paz, vamos a tener trabajo interesante y creo que apasionante en los próximos meses.

Josu Erkoreka, portavoz del PNV

“No es el momento de hacer críticas, sino de mirar al futuro”

E l proceso de paz que se abrió tras el alto el fuego permanente se habían convertido en la gran apuesta política de Zapatero. ¿El Gobierno ha quedado debilitado?

—No sé si la palabra es exactamente debilitado, pero que un proyecto esencial de su legislatura ha quedado muy cuestionado, sí.

—¿El proceso de paz es irrecuperable o existe alguna posibilidad de retomarlo?

—Si renunciáramos a la posibilidad de retomarlo seríamos excesivamente fatalistas. Creo que hay que explorar esa posibilidad. Si entendemos por proceso de paz una iniciativa adoptada por las instituciones públicas tendente a hacer efectiva la paz de forma irreversible, a eso no debemos renunciar jamás. No sé si a eso se llama retomarlo o relanzarlo, pero no debemos renunciar.

—¿Qué condiciones deben darse para recuperarlo o relanzarlo?

—Las condiciones están recogidas, y bien recogidas, en la resolución del Congreso de los Diputados. Ahí se recoge claramente que tiene que darse un requisito previo claro, y es la existencia de una voluntad clara y unas actitudes inequívocas por parte de los terroristas de iniciar el abandono de las armas. Y si eso no se da y después de lo ocurrido es evidente que no se da, muy difícilmente podemos embarcarnos en una iniciativa de ese tipo. Pero creo que las condiciones que se fijaban en esa resolución siguen siendo válidas. Es más, han sido válidas durante muchísimo tiempo y han concitado además la adhesión y el consenso de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario. No hay que olvidar que esas condiciones estaban ya recogidas en el Pacto de Ajuria Enea, que suscribimos todos los partidos políticos. Y esas bases que lo inspiraron han concitado el consenso de todas las fuerzas políticas durante mucho más tiempo que esta estrategia denominada “de la derrota militar de ETA” que irrumpió durante la mayoría absoluta de Aznar, en el año 2000.

—¿Cómo valora la gestión del proceso de Zapatero? ¿Es el presidente el principal perjudicado políticamente?

—La principal perjudicada es la sociedad, la vasca y también la española, que son las que padecen los efectos del terrorismo. Si hacemos un cálculo electoralista inmediato, evidentemente el más perjudicado puede ser el presidente del Gobierno, pero yo me resisto a hacer ese cálculo porque creo que es un error aproximarnos al fenómeno del terrorismo en términos de interés partidista o electoral. De la gestión, creo que ha tenido luces y sombras, pero prefiero no evaluar ese aspecto porque pertenece al pasado. Nuestras discrepancias ya las expresamos discretamente donde teníamos que hacerlo. Hemos procurado ser leales al presidente sin trascender a los medios de comunicación nuestras críticas y no vamos a hacerlo ahora.

—¿Y qué le parece el comportamiento del resto de partidos?

—Pues ha habido quien mejor y quien peor se ha comportado, es evidente. Hay quien se ha sentido atraído por el objetivo que marcaba el Gobierno y quien ha preferido adoptar un tono hipercrítico. Tampoco creo que sea momento de hacernos críticas cruzadas, sino de mirar al futuro.

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—Mucho me temo, aunque no quisiera que sea así, que será bastante estridente. Porque hemos empezado como hemos empezado y porque además es un año electoral y preelectoral al mismo tiempo, lo que siempre acentúa las estridencias políticas.

—¿Qué queda pendiente por hacer en esta recta final de la legislatura?

—Después de lo ocurrido el 30 de diciembre queda pendiente una recomposición del consenso de la lucha antiterrorista adaptada a las nuevas circunstancias. Este es el tema principal.

Gaspar Llamazares, portavoz de IU-ICV

 “No hay que pasar factura al Gobierno, sino buscar un nuevo acuerdo”

La brutal ruptura del alto el fuego pasará factura al Gobierno?

—La responsabilidad del atentado es de ETA en exclusiva, y cualquier dispersión de responsabilidades me parece injusta. En todo caso, es evidente que la gestión del proceso de paz la ha dirigido el Gobierno, y por tanto este tema se puede utilizar perfectamente para su desgaste político. Ahora bien, creo que en esta materia, que es materia de Estado, debería primar, más que el pasarle factura, el buscar un nuevo acuerdo frente al terrorismo que permita recuperar la esperanza de la paz a medio plazo.

—Hablaba de la gestión del proceso de Zapatero. ¿Cómo la valora?

—En el proceso de paz no es solamente el Gobierno el que actúa. La responsabilidad fundamental, como ya he dicho, es de ETA y de la incapacidad de Batasuna para apostar por el fin de la violencia y a favor de la política. En segundo lugar creo que hay un error de la derecha en nuestro país que ha sido boicotear y desestabilizar el proceso de paz. En cuanto a los que hemos estado por el proceso de paz, y particularmente el Gobierno, creo que ha habido errores como un exceso de confianza, una gestión a veces retórica del proceso y excesivamente pública. Pero yo diferencio claramente lo que es la responsabilidad del fracaso de lo que pueden haber sido los errores.

—¿Cree que el proceso de paz se puede reeditar?

—No. Lo que ha demostrado ETA y el mundo de Batasuna es su inmadurez para este proceso de diálogo resolutivo. Lo cual no quiere decir que las condiciones no puedan darse a medio plazo. Yo espero que podamos reconstruir las condiciones para que a medio plazo las cosas puedan resolverse definitivamente.

—Ya ha mencionado al PP, pero, ¿qué le parece el comportamiento del resto de partidos?

—Las fuerzas políticas en general hemos sido leales y responsables. Hemos atribuido al liderazgo a quien lo tiene, que es el Gobierno, nos hemos comprometido incluso con déficits importantes de información y creo que se nos puede reprochar poco.

—Rubalcaba se va a reunir con el resto de grupos. ¿Qué espera de estas conversaciones?

—Espero información y que se pueda avanzar en un nuevo pacto por la paz y frente al terrorismo. Y espero que ese nuevo pacto no excluya a priori a nadie, como ocurrió con  el Pacto Antiterrorista. En segundo lugar, que sea un pacto en el que prime el Estado de Derecho y la acción política.

—¿Estarían todos en ese pacto?

—En principio no debería haber problemas. Aunque viendo cómo se está gestionando desde el día 30 este asunto, tengo la impresión de que el PP patrimonializará la política antiterrorista, y por tanto dirá que o es el pacto que defiende, o no va a querer dialogar con el resto de partidos. Por ahora, el consenso no está en sus parámetros.

—¿Cómo espera que sea el año político que ahora comienza?

—Un año con quizá menos esperanzas, por tanto con tintes de fondo más grises, porque la esperanza era un motor importante. También será un año con claros tonos electorales. Tenemos unas municipales a la vuelta de la esquina, y mucho me temo que vayan a ser casi primarias de elecciones generales. Nosotros intentaremos concretar una actitud de oposición exigente que intenta ser oposición por la izquierda del PSOE.

—¿Qué queda pendiente por hacer en esta recta final de la legislatura?

—No estoy de acuerdo con quienes piensan que la legislatura está acabada, aún que queda muchísimo por hacer. Quedan pendiente un compromiso incumplido por el Gobierno: la definición de una política económica progresista y sostenible ecológicamente. También queda pendiente desarrollar una política exterior autónoma y lo que podríamos denominar reforzar los mecanismos de solidaridad en España, que siguen siendo muy débiles.

La historia de una ignominia , por Enric Sopena


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