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Nº 723 - 8 de enero de 2007
La segunda reprobación de Unamuno

por Santiago Carrillo


En 1936 –allá por el mes de septiembre– tuvo lugar, en la apertura de curso de la Universidad de Salamanca, un acontecimiento vergonzoso: Miguel Unamuno, una de las figuras señeras de la cultura española, Rector de aquel centro de enseñanza, tuvo que sufrir el abucheo de los falangistas, encabezados por uno de los militares sublevados que les arengó con un grito que ha pasado a la historia, el "¡Muera la Inteligencia!".

Miguel de Unamuno, respondió entonces una frase lapidaria: "Venceréis pero no convenceréis". A partir de ese momento el profesor se recluyó en su casa y murió muy pronto, agobiado por el sufrimiento moral que le causó aquel acto de barbarie.

El Rector, también concejal del ayuntamiento salmantino, había conocido ya el fusilamiento del alcalde y de tres colegas más por el solo delito de ser republicanos. El se había librado de la misma suerte debido a ser una celebridad mundial. Pero a raíz del incidente, los concejales supervivientes, que se habían plegado al franquismo, decidieron su ejecución civil: aprobaron una moción despojándole del cargo municipal para el que había sido elegido por el pueblo.

Setenta años después, el grupo municipal socialista ha presentado en el Ayuntamiento una moción para dejar sin efecto la reprobación de Unamuno y rehabilitar la memoria del alcalde y los concejales republicanos fusilados. Sorprendentemente, el actual alcalde y la mayoría del Partido Popular han rechazado la moción. Y la explicación que dan a su conducta no puede ser más pe-regrina: porque la intención que anima la propuesta "contiene la premisa básica de aislamiento del PP" respondiendo "a la estrategia del PSOE".
Pero la actitud del PP demuestra, en este caso como en otros muchos, que la estrategia de aislar al PP no
es una política del PSOE, sino algo deliberadamente escogido por el PP mismo frente a todos los demás partidos del arco parlamentario. Precisamente la propuesta de los munícipes socialistas de Salamanca era una ocasión magnífica de romper ese aislamiento. Ni siquiera la extrema derecha hubiera podido reprochar al PP el haber aceptado la reparación de la memoria de Una-muno. La figura de éste se hallaba por encima de los partidos, incluso ya durante la Guerra Civil; por eso no le fusilaron los franquistas, que sí lo habían hecho en cambio con otras figuras de la cultura. El PP tenía una ocasión única en este caso para romper su aislamiento.

¿Por qué no la ha aprovechado? Creo sinceramente que esta pregunta se la estarán haciendo incluso no pocos de los seguidores del PP en este momento. La explicación dada por el portavoz popular en el Ayuntamiento de Salamanca es muy grave. Se refiere a "cuatro líneas" de actuación "muy claras": el Estatuto de Cataluña, la agresión a las creencias mayoritarias de los españoles, la rendición del Estado ante ETA-Batasuna y la llamada recuperación de la Memoria Histórica".

Si analizamos el conte- nido de esas "cuatro líneas", veríamos una contradicción flagrante con las posiciones que llevaron a los reformistas del franquismo, encabezados por Adolfo Suárez, a adoptar aquel lema de "hacer legal lo que en España es ya real". Y lo que en España era ya real era la necesidad de reconocer las particularidades de Cataluña, cuya Generalitat comenzó a restaurar Suárez; la existencia de un catolicismo más moderno, acorde con el Concilio Vaticano II que la Iglesia de entonces encabezada por Tarancón se esforzaba en representar y que se tradujo en la separación de la Iglesia y el Estado; la necesidad de poner fin al terrorismo, lo que Suárez intentó negociando ya con un resultado muy parcial con ETA. "Hacer legal lo que es real" consistía en restaurar la democracia.

Las llamadas "cuatro líneas" reivindicadas por el portavoz del PP huelen que apestan a una España vieja y decadente que los dirigentes del PP parecen decididos a recuperar en solitario contra la España real y legal de hoy.

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