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| Nº 723 - 8 de enero de 2007 |
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La segunda reprobación de Unamuno
por Santiago Carrillo
Miguel de Unamuno, respondió entonces una frase lapidaria: "Venceréis pero no convenceréis". A partir de ese momento el profesor se recluyó en su casa y murió muy pronto, agobiado por el sufrimiento moral que le causó aquel acto de barbarie. El Rector, también concejal del ayuntamiento salmantino, había conocido ya el fusilamiento del alcalde y de tres colegas más por el solo delito de ser republicanos. El se había librado de la misma suerte debido a ser una celebridad mundial. Pero a raíz del incidente, los concejales supervivientes, que se habían plegado al franquismo, decidieron su ejecución civil: aprobaron una moción despojándole del cargo municipal para el que había sido elegido por el pueblo. Setenta años después, el grupo municipal socialista ha presentado en el Ayuntamiento una moción para dejar sin efecto la reprobación de Unamuno y rehabilitar la memoria del alcalde y los concejales republicanos fusilados. Sorprendentemente, el actual alcalde y la mayoría del Partido Popular han rechazado la moción. Y la explicación que dan a su conducta no puede ser más pe-regrina: porque la intención que anima la propuesta "contiene la premisa básica de aislamiento del PP" respondiendo "a la estrategia del PSOE". ¿Por qué no la ha aprovechado? Creo sinceramente que esta pregunta se la estarán haciendo incluso no pocos de los seguidores del PP en este momento. La explicación dada por el portavoz popular en el Ayuntamiento de Salamanca es muy grave. Se refiere a "cuatro líneas" de actuación "muy claras": el Estatuto de Cataluña, la agresión a las creencias mayoritarias de los españoles, la rendición del Estado ante ETA-Batasuna y la llamada recuperación de la Memoria Histórica". Si analizamos el conte- nido de esas "cuatro líneas", veríamos una contradicción flagrante con las posiciones que llevaron a los reformistas del franquismo, encabezados por Adolfo Suárez, a adoptar aquel lema de "hacer legal lo que en España es ya real". Y lo que en España era ya real era la necesidad de reconocer las particularidades de Cataluña, cuya Generalitat comenzó a restaurar Suárez; la existencia de un catolicismo más moderno, acorde con el Concilio Vaticano II que la Iglesia de entonces encabezada por Tarancón se esforzaba en representar y que se tradujo en la separación de la Iglesia y el Estado; la necesidad de poner fin al terrorismo, lo que Suárez intentó negociando ya con un resultado muy parcial con ETA. "Hacer legal lo que es real" consistía en restaurar la democracia. Las llamadas "cuatro líneas" reivindicadas por el portavoz del PP huelen que apestan a una España vieja y decadente que los dirigentes del PP parecen decididos a recuperar en solitario contra la España real y legal de hoy. |
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