Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 723
8/1/2007

Fracaso generoso, oposición desleal

Bueno, Zapatero lo ha intentado y no es justo crucificarle por ello. Se le puede reprochar ingenuidad, que su optimismo superara lo antropológico, que bebiera en malas fuentes, que pusiera la mano en el fuego en un proceso que no controlaba, pero hay que reconocerle empeño y hasta empecinamiento en un objetivo que merecía la pena. Sus errores son eso, errores, pero no son comparables con la insidiosa deslealtad del PP.

El fracaso de ZP es un fracaso generoso que entenderá la gente razonable; sería, en todo caso, el fracaso de todos: de una amplia mayoría parlamentaria y de una amplísima mayoría social. Las consecuencias políticas del tremendo bombazo en la T-4 , al pie de la gigantesca cruz de Paracuellos, son de importancia secundaria y quizás superables. El presidente ha recibido una triste llamada a la realidad. Tras la mediocre gestión del Estatuto catalán, había colocado todas sus fichas en la casilla del proceso. Es lamentable, aunque humano, que no valorara desde el principio todas las consecuencias del atentado aferrándose a una esperanza sin base. Su alocución solemne en el atril de Moncloa fue firme de tono pero de ambiguo contenido. ¿Qué quería expresar exactamente cuando dijo: “He dado instrucciones de suspender toda iniciativa de diálogo”"? Suspendía las suyas pero dejaba una sombra de duda sobre una posible aceptación de las ajenas. La alusión a que el atentado era un hecho  duro y difícil y a la vigencia del acuerdo parlamentario que autorizó los contactos con ETA daba a entender que se seguía en el proceso. ¿Por que no anunció la ruptura aunque acariciara el sueño de que ETA confesara su error y ofreciera promesas compensatorias? Para recomponer una ruptura siempre hay tiempo, tanto como para suspender una suspensión, con la ventaja en la primera de una mayor fortaleza negociadora.

Incurrió además el presidente en un error formal: abrir un turno de preguntas. En un caso tan delicado no es prudente salirse del guión. Las respuestas a los periodistas rebajaron la aparente contundencia del comunicado. Después, Rubalcaba, más experimentado, puso el énfasis donde había que ponerlo: el proceso está roto y la decisión del parlamento es papel mojado. Es seguro que el presidente y su ministro prepararon conjuntamente la intervención de éste pero el daño estaba hecho. Zapatero sabe muy bien que  la presencia es en un dirigente tan importante como la acción por lo que sorprende que regresara al paradisíaco coto de Doñana y que no haya aparecido en la zona cero hasta el pasado jueves, después de que lo hicieran Rajoy, Gallardón, Esperanza Aguirre y hasta el sursum corda. En esta ocasión no admitió preguntas, quizás también equivocadamente, pues pudo aprovechar la ocasión para aclarar su postura. El Gobierno, representado por Rubalcaba, permaneció al pie del cañón pero hay momentos en que la presencia del presidente es imprescindible.

Sin embargo, esto son anécdotas. Lo esencial es que ETA ha roto el proceso o no le ha importado arriesgarlo, dejando a a Batasuna fuera de juego, lo que demuestra que ésta no es ETA ni desempeña el papel del Sinn Fein de Gerry Adams respecto al IRA, el que marca el paso. Batasuna no es ETA pero marcha a remolque de  sus militares, es un partido cautivo. “No lo esperaba nadie”, aseguraba su dirigente Joseba Álvarez mostrando un seguidismo impotente. Su oferta de reunirse con los otros partidos para reactivar el proceso que Otegui había valorado como “más necesario que nunca” fue patética. Imaz le ha dado la respuesta adecuada: “¿Nos hemos vuelto locos o qué?”. El PNV ha reaccionado finalmente bien tras las manifestaciones iniciales del lehendakari rechazadas por Imaz, el presidente del partido.

En las filas del PSOE se oscila entre el desconcierto y la decepción. Sus dirigentes apoyan a su líder disciplinadamente, aunque no siempre compartan sus decisiones. José Blanco, el guardián de Ferraz, ha expresado con cierta solemnidad el apoyo, que se supondría obvio y por ello es significativo, del partido al Gobierno. Como lo es el  “pásalo, pásalo”, de los móviles en apoyo al presidente en zozobra. Pasado el primer momento de extrema amargura y desconcierto,  ZP ha reaccionado correctamente. Tiende la mano al PP sin abandonar la razonable idea de ampliar el Pacto Antiterrorista a todos los partidos pues todos ellos abominan la violencia.

  José García Abad

Hemeroteca Lista sin maldad