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Lista Apuntes
Nº 722
25/12/2006
D
Infantilismo político

Por José María Benegas

L eo con asombro que ERC va a plantear una propuesta consistente en articular España como una Federación de Naciones con derecho a la secesión de las unidades federadas. El infantilismo de la propuesta es supino. Supone revisar la Constitución de 1978 de arriba a abajo, mejor dicho, enterrarla, ignorando al parecer que cualquier modificación significativa de la misma requiere de un apoyo parlamentario de tres quintos de los diputados. Esta iniciativa proviene de un grupo parlamentario que tiene ocho diputados en el Congreso, y con tal fuerza propone una revisión constitucional de esta magnitud, lo cual no deja de suponer una megalomanía política enfermiza bastante preocupante. Ignoran los amigos de Esquerra Republicana que ninguna Constitución democrática del mundo reconoce el derecho de secesión unilateral de una parte de su territorio, salvo en los casos admitidos por Naciones Unidas de situación colonial, apartheid u ocupación militar.

Grave también es que cuando por segunda vez ERC tiene la oportunidad de gobernar en coalición Cataluña se dedique a hacer este tipo de propuestas, propias de un grupo marginal por su inviabilidad, a las pocas semanas de que el pueblo de Cataluña haya ratificado en referéndum su apuesta por el autogobierno estatutario. Ante actitudes de este tipo de su socio de gobierno el PSC debería ser contundente en su rechazo.

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R ecientemente he tenido ocasión de viajar a la India formando parte de una delegación de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados. Es un país lleno de problemas, sobre todo el de la pobreza extrema que padece una parte significativa de la población, pero con enormes potencialidades de desarrollo. Han alcanzado, al menos en la actualidad, la estabilidad política teniendo representación parlamentaria treinta y siete partidos. El Gobierno lo forma una coalición integrada en la Alianza Progresista, de la que forman parte 17 partidos.

La estructura del Estado es federal, formando parte del mismo 28 Estados y siete territorios directamente administrados por el gobierno federal. Las lenguas oficiales son el hindú y el inglés, estando reconocidas 18 lenguas en las que se pude intervenir en el Parlamento además de otras advirtiéndolo previamente para que se pueda organizar la traducción simultánea. El Estado es laico pero la influencia de las diferentes religiones es enorme en la vida social de la India, conviviendo las mismas con bastante tolerancia, al menos en estos últimos años. El crecimiento de la India es espectacular, 10% en términos del PIB este año.

Las inversiones extranjeras no hacen sino incrementarse, siendo comparativamente bastante escasas las españolas que prefieren hasta el momento dirigirse a China. Están haciendo un esfuerzo importante en educación y formación de capital humano, así como en infraestructuras. El fuerte crecimiento económico está demandando mayor abastecimiento de energía, incluido, obviamente, el petróleo, cuyas importaciones han aumentando significativamente. La energía nuclear por la que han optado claramente supone hoy el 3% del total. Acaban de suscribir un acuerdo con USA para la instalación de varias centrales nucleares de fabricación americana (lo que es posible para la India es casi casus belli para Irán).

Es, sin duda, la India un país emergente que hay que tener en cuenta. Su principal problema lo constituye la pobreza y las desigualdades de una población que alcanza ya los 1.000 millones de personas. Tienen planteado, por lo tanto, el gran reto de hacer compatible el crecimiento económico, con redistribución de la riqueza y mejora de la calidad de vida de los ciudadanos que, dada la dimensión del problema, sólo puede ser un objetivo en el medio plazo.

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Otegui debería ser consciente de que cada vez que transmite una opinión pesimista sobre el proceso (está bloqueado) o catastrofista (en estas condiciones es imposible) no hace otra cosa que alimentar de razones a los disidentes del camino iniciado, que desde luego existen tanto en Batasuna como en ETA y que posiblemente al oírle se incrementen.

La retransmisión de un proceso de esta naturaleza, obviando los cauces de discreción necesarios, incluso para comunicar las dificultades y las percepciones de cada cual, es muy peligroso. Declaraciones como las de Otegui radicalizan a sus bases y si al final se atisbara un posible acuerdo el esfuerzo para convencerles de la bondad del mismo tendrá que ser muy superior al que se necesitaría en un proceso guiado por el principio de discreción, en el que sólo debe comunicarse el resultado final, es decir, si se ha producido un acuerdo o no. La elección de cualquier otro camino sólo complica más lo que ya en sí mismo es intrincado y difícil.

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