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Nº 722
25/12/2006

"Se hace camino al andar"

Es una oportunidad histórica", repite Soledad Murillo, secretaria general de Políticas de Igualdad del Ministerio deTrabajo y Asuntos Sociales. No le falta razón. El Proyecto de Ley de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres significa otro empujón más al capítulo de la ampliación de los derechos civiles, una de las características más positivas de este Gobierno. He sostenido en varias ocasiones que Zapatero es un político con irrefrenable vocación reformista. Algunos le acusan de meterse en demasiados fregados. Se equivocan. Los Gobiernos que se duermen en sus laureles acaban perdiendo fibra y terminan perdiendo las elecciones. La obligación de los gobernantes es tratar de aprobar –a ser posible con nota– la mayoría de las asignaturas pendientes, aunque sean especialmente difíciles.

¡Cuánto barullo se organizó en torno, por ejemplo, a la ley que autoriza las bodas entre homosexuales! Parecía una locura introducir tal modificación en el Código Civil. La derecha –en todas sus dimensiones y formatos– montó la marimorena. Obispos y dirigentes del PP salieron a la calle. Era el fin –se nos advirtió severamente– de la familia y, en paralelo, de la civilización. Se nos presentó esa ley –desde las tribunas reaccionarias– como si fuera la conversión de España en Sodoma y Gomorra. Los profetas de las calamidades ensayaron con los matrimonios de este género lo que vendría de inmediato, primero con el Estatuto catalán y luego con el proceso de paz para Euskadi. La pregunta sería ésta. ¿Cree alguien de verdad que, cuando el PP vuelva a gobernar, derogará la ley de los casamientos entre parejas del mismo sexo?

La Ley de Igualdad, felizmente, no ha corrido la misma suerte en cuanto a frontal oposición por parte de la caverna. Ningunear a las mujeres, sin embargo, supone en la actualidad un alto riesgo para el partido que intente llevarlo a cabo. A lo sumo, malas caras o caras largas en determinados sectores y el recurso a un tópico perfectamente cretino: no a las cuotas. "No creemos en las cuotas", declaraba hace unos días el secretario general del PP asturiano, Reiniero Álvarez Saavedra. Para añadir, no obstante, enseguida: "Pero, a la hora de confeccionar las listas, no tendremos ningún problema". Se refería Alvarez Saavedra a la disposición que emana de la Ley de Igualdad, según la cual como mínimo el 40 por ciento de los cargos públicos tendrá que ser desempeñado por mujeres. Y las elecciones municipales y, en gran parte de España, las autonómicas empiezan a estar a la vuelta de la esquina.

La batalla por la igualdad entre mujeres y hombres no va ser fácil ganarla. La presencia paritaria de mujeres en los consejos de administración de empresas privadas, entre otros escenarios, genera rechazo y acusaciones de intervencionismo al Gobierno en el ámbito empresarial privado. Patricia Botín, mujer fuerte de la banca española, ya manifestó en su momento que no era partidaria de la paridad en los consejos de administración y cúpulas de carácter empresarial o financiero. ¿Opinaría lo mismo, si ella no hubiera llegado donde ha llegado –más allá de sus méritos– por la vía estrictamente dinástica? ¿Admite Patricia que el 99,999%... de las mujeres de nuestro país no son hijas de Emilio Botín?

Estamos aún lejos de la auténtica igualdad entre mujeres y hombres. Una vez más, en todo caso, habrá que recurrir a don Antonio Machado: "Caminante, no hay camino se hace camino al andar". Como mínimo –y en muchos aspectos de la realidad española– Zapatero camina. Y hace camino al andar.

Enric Sopena

 
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