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La historia, un arma cargada de futuro Canción legendaria de Raimon, T'adones,amic?: "¿Te das cuenta, compañero/ que hace ya muchos años/ que nos esconden la historia/ y nos dicen que no tenemos/ que la nuestra es la de ellos/ te das cuenta, amigo?". Pues parece que ahora también va a ser que no. La memoria histórica se encuentra en el alero. La derecha presiona y no quiere soltar la presa. Si la derecha pierde su historia, algunos pueden quedarse desnudos, como le ocurrió al rey del cuento de Andersen. Desde la izquierda del PSOE, tanto IU como ERC aprietan. O ahora o nunca. ¿Pero por qué más de 70 años después es aún tan difícil, en este país –sin venganzas y sin represalias de ningún género–, ajustar pacíficamente las cuentas con un largo y terrible período que terminó con la Constitución de 1978? Argumentan desde el PP –moderados incluidos, como Alberto Ruiz-Gallardón en el programa de Caries Francino– que la Transición se hizo sobre las bases de no remover las cenizas de 1936, de la guerra posterior y de las cuatro décadas de franquismo. Que hay que mirar adelante y no atrás, y que este tipo de leyes impulsadas por José Luís Rodríguez Zapatero sólo provocan divisiones en la sociedad, encienden peligrosamente los ánimos y pretenden golpear al PP aislándolo en el tablero de la política. El problema de fondo es precisamente éste: el complejo de culpabilidad que arrastra la derecha porque se sabe heredera, al menos en términos sociológicos, de la dictadura. Por otra parte, ¿cómo iba a ignorar su herencia, si el fundador del partido fue Manuel Fraga Iribarne, secundado por otros ministros y altos cargos del Caudillo? Saltemos del pasado al presente. Fraga se pronunció, tras la muerte de Augusto Pinochet, de modo muy favorable al general chileno, un asesino implacable, enriquecido gracias a la corrupción y, en todo caso, un traidor redomado. Nombrado jefe del Ejército chileno por el presidente Salvador Allende, comandó el golpe bombardeando incluso el Palacio de la Moneda, la sede de la Presidencia de la República, donde él mismo se alojó, una vez perpetrada su repugnante fechoría, apoyada y teledirigida desde la Casa Blanca, con Richard Nixon de presidente de EE UU. "Dejó Chile mejor de cómo la encontró", señaló Fraga Iribarne. Los franquistas, él también, sin duda, decían de Franco más o menos lo mismo. Al fin y al cabo, con todos sus errores y excesos, salvó a España del comunismo y del separatismo. Su balance global fue positivo. El desarrollo económico rubricó su acertada labor como gobernante. La derecha chilena ha vuelto ahora, con el fallecimiento del ex presidente golpista, a enseñar su patita pinochetista. La tuvieron oculta, desdibujada, deshilachada, en las últimas elecciones. Daba la impresión de que sus dirigentes habían abdicado del tirano. Parecía que, por fin, los chilenos conservadores apostaban por encarnar una derecha civilizada. Nada de eso. Los funerales los han devuelto a sus orígenes. Han regresado a la exaltación de la dictadura con ovaciones incluidas del 11-S chileno. Sucede que la historia -como Celaya predicaba de la poesía– también "es un arma cargada de futuro". A esa arma le tienen pavor aquellos que no son capaces de asumir de una vez el pasado y enterrarlo, entonces sí, para siempre. Siguiendo con Ce-laya, cantado por Paco Ibáñez, esto fue lo que supuso el franquismo: "Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos". La memoria histórica ha de servir para que todos sepamos simplemente "quien somos". Enric Sopena |
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