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¡VIVA LA PROLIFERACIÓN NUCLEAR!
También habrá que imaginar la decepción de otros países que han cumplido escrupulosamente con las normas del Tratado de No Proliferación, o que de forma deliberada tuvieron la valentía política de renunciar a la opción nuclear y atendieron los consejos de Washington. Desde un punto de vista jurídico, la actuación de los Estados Unidos supone una grave quiebra en el cumplimiento de sus compromisos adquiridos en un tratado multilateral, quecontribuyen a deslegitimar, tratado del que además han sido los principales impulsores, tanto en la redacción como en la convocatoria y la prolongación indefinida de su vigencia. Esta se ha puesto seriamente en entredicho por la puerta trasera que se ha abierto a la India al permitir una especie de falsa adhesión al Tratado de No Proliferación, en el que nunca quiso integrarse, una especie de premio a su incumplimiento por parte de un país nuclearizado a las bravas, como su vecino Pakistán y como Israel. El episodio creará un pésimo ambiente a la hora de intentar la contención nuclear de Corea del Norte, de Irán, y de los que vengan detrás. Quiere esto decir que habrá países que se sentirán defraudados por haber cumplido, junto a otros que se sentirán alentados a seguir el camino nuclear indio. En realidad, la actitud legalizadora de los Estados Unidos responde a unos imponderables políticos relacionados con su voluntad de penetración política y económica en una India emergente, contrapeso de China y objeto de codicia también por parte de Rusia. Ya a principios de este año Rusia empezó a suministrar combustible a los reactores indios, por lo que es posible que entre las dos grandes potencias se haya desatado una carrera comercial-nuclear para personarse en un mercado que, riesgos mundiales aparte, ya no está sometido a las sanciones internacionales, sino a las bendiciones de la cooperación bilateral y la aproximación política, los créditos bancarios, la respetabilidad mundial, etc. O sea, que la India recibirá los beneficios del Tratado de No Proliferación sin sus obligaciones correspondientes, lo que desde luego no es un aliciente para que otros países miembros del Tratado respeten sus compromisos. Ni para que países miembros o no miembros eviten traficar por las malas con productos nucleares. En los próximos meses, sin duda, se registrará una actitud frenética por parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y el Grupo de Proveedores Nucleares para dilucidar qué debe hacerse, para asegurar y certificar la posición de hecho de la India en el Club Nuclear, y de la Administración de los Estados Unidos para dar por bueno un asunto que no deja de resultar dudoso en el plano político y militar. Para tranquilizar se exhibirán garantías al uso de los reactores, certificados de último destino, compromisos severísimos para la aceptación de inspecciones, separación estricta de los usos civiles, etc., pero olvidando, quizás, y por enésima vez, que la fabricación del arma nuclear siempre ha partido de la industria civil nuclear, acompañada, eso sí, como en el caso de la India y otros países nuclearizados de hecho, de la voluntad política de fabricar el arma nuclear, en de finitiva, su principal componente. Lo ocurrido entre la India y los Estados Unidos evidencia el sustancial fracaso de la política de no pnooliferación de unas armas de atractivo irresistible, en una trayectoria que proporcionará nuevos episodios sonoros, con la ampliación consiguiente del club de amigos del arma nuclear por las buenas o las malas, incluso con el consentimiento de Rusia y los Estados Unidos. Ignacio Rupérez |
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