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Nº
720 - 11 de diciembre de 2006 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De las ratas de San Sebastián A Isabel San Sebastián, que dirige programas de debate en la televisión de la COPE, vaya por Dios y nunca mejor dicho, ha encontrado alojo en El Mundo de Pedro J. Ramírez desde hace algunos años. Volvamos a Dios. El Todopoderoso los cría y ellos se juntan. San Sebastián es una periodista ardorosa, atrapada por la lógica de Jaime Mayor Oreja en el contencioso vasco. Siempre fue Isabel una radical conservadora. Ahora camina como el PP: subida o subiendo al monte. No disimula su odio hacia la izquierda y, en particular, hacia José Luis Rodríguez Zapatero. Se cree la heroína periodística en la lucha contra ETA. Cabalga enfurecida soñando que participa en la Cruzada contra el nacionalismo vasco. Le repugna el proceso de paz impulsado por el actual presidente del Gobierno y no se pierde ninguna de las manifestaciones que organiza con alarmante frecuencia el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Alcaraz. En esas manifestaciones San Sebastián acostumbra a ser protagonista y, en todo caso, la aclaman los asistentes, entre los cuales figuran una mayoría abrumadora de militantes y simpatizantes del PP, con sus dirigentes encabezando la marcha, amén de seguidores de plataformas y partidos de ultraderecha. El otro día en su columna del periódico mundial se desmelenó, como tiende a hacerlo en sus comparecencias televisivas no ya en la COPE TV, sino en los programas de TVE, como el de 59 segundos, donde brilla su enfurecimiento natural con singular apasionamiento y donde tanto le da ocho que ochenta. O lo que sea, pues ella va a lo suyo y no para de injuriar a los socialistas y no digamos a IU, y a los de ERC, CiU, el PNV o el BNG. Le saca de quicio, pues tiene idénticas alergias que casi todos los líderes del Partido Popular, la II República y ataca como una hiena cuando alguien osa defender la memoria histórica. Es dialécticamente peligrosa porque sus zarpazos pretenden hacer daño y en ocasiones da la impresión de que consigue su malvado objetivo. ¿Cómo se desmelenó esta vez? Ejerció de exorcista tratando de ahuyentar a Satanás. El Gran Satán es todo aquel político o periodista que no comulgue con las fabulaciones de El Mundo, la COPE, Libertad Digital, La Razón, etc., respecto a los atentados del 11 de marzo de 2004. Su artículo calificaba textualmente de “ratas” a cualquier medio de comunicación, escrito en papel o en Internet, radiofónico y/o televisivo que no comparta, critique o denuncie la teoría de la conspiración sobre el 11-M, uno de los juguetes favoritos del prestidigitador Ramírez, cuya tendencia a la manipulación, y a sacarse conejos de la chistera que ni son conejos ni es chistera, sin escrúpulos por su parte, naturalmente, no viene precisamente de estos tiempos. Sostenía la indómita tigresa cavernaria, que presume de posmoderna, que “las ratas vienen de las cloacas más hediondas del Estado, aquellas que nadie se ha atrevido todavía a ventilar, y tratan de eliminar con sus afiliados dientecillos cualquier rastro delator dejado atrás por sus hermanos mayores: esas criaturas sin nombre de la noche política, cuyas garras destrozaron la carne de nuestra sociedad aquellos días aciagos de marzo de 2004”. Estremecedor párrafo que hubiera hecho las delicias de Goebbels o de los censores del franquismo. El diario Arriba o el vespertino Pueblo lo habrían publicado con honores de portada, cambiando eso sí “la carne de nuestra sociedad aquellos días aciagos de marzo de 2004” por “aquellos días aciagos de julio de 1936 cuando las hordas rojas intentaron vertiendo sangre inocente de nuestros mejores frenar el Glorioso Alzamiento Nacional a las órdenes del insigne Caudillo de España Francisco Franco Bahamonde”. ¡Qué lenguaje! ¡Qué metáforas tan siniestras! ¡Qué calenturienta mente la de esta plumífera pepera! Arremetió contra El País, hizo lo propio con el ABC, evocó los GAL, aludió al montaje del vídeo sexual de Ramírez, sacó toda la mugre del baúl de los recuerdos y describió a sus colegas (¿colegas?) no partidarios de la obscena conspiración del 11-M tildándoles de “mercenarios de la pluma”, dispuestos a venderse por un plato de lentejas y, siendo ratas, se supone que por alguna que otra ración de queso, “prestándose a servir de altavoz a cualquier filtración oficial interesada”. Isabel San Sebastián, sin embargo, engaña cada vez a menos gente. No es posmoderna, ni siquiera moderna, ni le fascina la modernidad. Procura esconder su reaccionarismo primario, propio de falangistas o carlistones, con una pátina de periodista sincera y valiente. Se jacta de su independencia pero su afinidad con la derecha de este país salta a la vista poco después de verla en la televisión, de oírla o de leerla. Se considera de la élite y sus orígenes lo certifican. Ha terminado por ser un peón, o peona, más de Pedro J. Ramírez. Al servicio de Ramírez y, como ya ha quedado escrito, de Mayor Oreja. Quien quiera saber que pregunte a Pedro Arriola por ella. Es una pista. Luis G. del Cañuelo |
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