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Nº 721 - 18 de diciembre de 2006
La memoria histórica

por Santiago Carrillo


La reconciliación de los españoles se hizo sobre una base muy concreta: la recuperación de un sistema democrático basado en el principio de la soberanía popular. No existió ningún compromiso que implicara el olvido del pasado, aunque dunoante el primer período existió algo así como un acuerdo tácito de no hurgar demasiado en un pasado próximo para facilitar la ruptura de los reformistas del franquismo con los ultras, que se obstinaban en mantener las esencias de la dictadura. Sí se convino en amnistiar las responsabilidades del pasado. Había habido una guerra civil, ya lejana; la mayor parte de los que intervinieron en ella –y en cualquier caso los mayores responsables del golpe de Estado que la provocó– estaban todos muertos. En general, cuantos participamos en la Transición coincidíamos en que había que dar por cancelada la Guerra Civil, considerándola como un hecho histórico que no debía volver a repetirse.

Y cuando hoy se habla de recuperar la memoria histórica, de lo que se trata muy particularmente, es de desarrollar una cultura social, que contribuya a impedir un nuevo enfrentamiento como aquél. De dar una base política más sólida para el futuro a la reconciliación tan difícilmente alcanzada. Y ello supone, en primer lugar, conocer verdaderamente la historia de nuestro país. Ese conocimiento fue negado a los españoles durante cerca de cuarenta años. En el curso de éstos se sacrificó la verdad histórica, por el adoctrinamiento político unilateral característico del régimen franquista. De hecho, no sólo se falsificó la experiencia de la República, el desarrollo de la Guerra Civil–¿cuántos madrileños de hoy saben que la capital resistió cerca de tres años el sitio de las tropas franquistas?–, sino que en realidad la mayoría de los españoles desconocen la historia de España de los siglo XIX y XX, sin cuyo estudio es difícil hacer un proyecto de futuro para este país. Parece como si toda la Historia se resumiera en una visión idílica del reinado de los Reyes Católicos y de siglos gloriosos debidos a la alianza del Trono, el sable y el Altar, en los que fuimos un imperio en cuyos confines no se ponía el sol.

Parece indudable que el futuro de la democracia española necesita superar muchas telarañas culturales, muchos dogmas supuestamente patrióticos, para ser un Estado moderno. Nada menos que eso es lo que está en el fondo del esfuerzo por recuperar la memoria histórica.

Por lo demás, en este esfuerzo por conocer la verdad, nadie esta pensando en abrir procesos judiciales en venganzas personales, en ajustar cuentas. Han surgido nuevas generaciones que no tienen que asumirresponsabilidades de sus antepasados, si no la historia sería una continuación de sagas familiares que harían imposible todo progreso. Muchos de los hijos de los vencedores de 1939 estuvieron ya en las calles y en las cárceles del siglo pasado luchando contra la dictadura. Los nietos y bisnietos de aquéllos viven ya en un Estado distinto, en un mundo diferente, en el que se desarrollan culturas sociales mucho más avanzadas; en el que la democracia es el terreno de la convivencia.

Todos deberíamos considerar ya normal que haya familias que reclamen guardar los restos de sus miembros injustamente condenados en camposantos o cementerios civiles en los que puedan recibir el culto de los suyos. Los únicos muertos a los que hasta ahora se les negaba esto era a los republicanos. Cuanto antes deje de haber restos de asesinados en las trochas, los caminos o las tapias ante las que fueron ejecutados, antes se extinguirán las heridas morales de la Guerra Civil.

En estos días se discute si deben revisarse las sentencias de los tribunales de excepción del franquismo. Si el Estado democrático no anulara esas sentencias estaría acreditando la legalidad de tales tribunales. Mejor sería una anulación genérica de esas sentencias que abrir la posibilidad de presentar recursos de anulación individuales, cuya tramitación multiplicaría polémicas y litigios.

El PP, debería facilitar esta actitud del Estado democrático. ¿Qué interés puede tener un partido conservador de hoy en oponerse a la recuperación de la memoria histórica?

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