Nº 721 - 18 de diciembre de 2006
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La insoportable levedad... de algunas críticas

por Juan Antonio Barrio


Cuando me afilié al PSOE (va a hacer 30 años ya) lo hice en el antiguo sector crítico. Fui miembro fundador de Izquierda Socialista, y no he compartido muchas de las decisiones que en todos estos años se han tomado. Ciertamente, y aun considerando las muchas cosas positivas que este gobierno ha hecho (por citar sólo dos: retirada de Iraq y ampliación de derechos –ley de matrimonio homosexual, ley de igualdad, ley de dependencia–) también creo manifiestamente mejorable muchas cosas (por ejemplo, la democracia interna dentro del partido y la ampliación de la democracia en el ámbito económico/social –participación de los trabajadores, potenciación de la responsabilidad social corporativa, etc–). Este preámbulo viene a cuento de las críticas oídas en las últimas semanas sobre el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su gestión. Mis discrepancias con esas críticas son grandes tanto por la forma como por el fondo. Si vamos a lo primero, no me parece procedente que en un artículo de un columnista tan prestigioso como Antonio Elorza aparezca como título "La insoportable levedad de un presidente". Menos aún que el director de El País, Javier Moreno, dé por hecho "las manifiestas incapacidades de gestión en ciertos temas clave del presidente y no pocos de sus ministros". Pero vamos con el fondo de la cuestión: en el caso de Elorza se critica básicamente el proceso de paz y la política exterior (sobre todo, la Alianza de Civilizaciones). Respecto a lo primero se dice sin ningún argumento que hay "disposición a pagar un precio muy alto con tal de exhibir una escenificación del final de ETA". Se recoge así, sin más elemento que el juicio de intenciones (o el prejuicio) la argumentación favorita del PP. Da igual lo que diga el gobierno, incluso lo que haga: es evidente, al menos, que a día de hoy no se ha pagado ninguno, a no ser que la misma exploración de lo que "la política puede hacer por la paz" sea ya considerada un precio.

Respecto a la Alianza de Civilizaciones se critica el Informe presentado por el Grupo de Alto Nivel en Estambul atribuyéndole entre otras cosas que no hay que buscar en el islam las raíces del terror. Puede que esto sea leve, sobre todo si lo comparamos con lo realmente grave: la afirmación contraria. Y resulta grave sobre todo por simplista: ya conocemos la afirmación de Elorza sobre que respecto a la yihad tiene razón Bin Laden: su interpretación de El Corán es la buena. Y ya que vamos a Turquía, allí, un porcentaje alto de la población vive un islam tolerante y sin mezclarlo con intenciones agresivas. Pero, ¿cuál es la alternativa? Descartada la del trío de las Azores, no parece que haya otra muy sólida a la del diálogo de culturas. Alianza de Civilizaciones y apoyar un mínimo común en democracia y derechos humanos, sin pretender echar tanto la culpa de todo a Dios o a Mahoma (a la Biblia o al Corán), sino al poder concreto de curas y ayatolás de diverso pelaje. Pues también en Occidente se resistió, y se resiste el poder religioso a la pérdida de poder político y el argumento era y es muy parecido (fuera de la religión no hay moral, o casi, y fuera de la moral no hay legitimidad política).

Elorza y también Javier Moreno critican también el proceso territorial. Pero ni todos los errores se pueden achacar a José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno ni deberían desviarnosde lo principal: las reformas de los Estatutos no son un capricho, sino parte del programa socialista y la argumentación es clara. El Estado de las Autonomías es la historia de un éxito y como señaló recientemente el propio José Luis Rodríguez Zapatero algo habrá tenido que ver en la disminución de las desigualdades entre Andalucía y Cataluña, por ejemplo. Su profundización es consecuencia lógica de la evolución social. Y el relato de lo que se pretende –relato que debe hacerse con más claridad– apunta a un Estado complejo, donde la diversidad funcional o de competencias no implique asimetría de derechos ni merma de la solidaridad.¿Que esto no es sencillo? Claro que no. Pero la sencillez del Estado jacobino está siendo revisada incluso en Francia dada su ineficiencia relativa en lo social.

Respecto al director de El País, quizás haya –dicen– querido dar una muestra de independencia. En mi opinión, no hacía falta. Sólo sorprende un poco que las mayores muestras de independencia se den casi siempre en el mismo sentido. Algunos recordarán todavía la importancia que se le dio a la relación de Borrell con sus colaboradores y los gravísimos delitos de éstos. Luego no fue tal, pero Borrell ya no estaba; esta vez José Luis Rodríguez Zapatero es el presidente del Gobierno por voluntad mayoritaria de los españoles y desde luego la situación es distinta. Creo que es perfectamente posible criticar sin dar armas a una derecha a la que nadie pretende arrinconar, pero que hoy por hoy sigue en el monte de la descalificación, del insulto y el tremendismo frente a cualquier mano tendida en los temas señalados y en muchos otros más.

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