Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 721
18/12/2006

Una ley escasamente gloriosa

No ha sido muy gloriosa la iniciativa de Zapatero para restablecer la justicia histórica. No tanto por inoportunidad como por falta de fuelle y de acompañamiento. Una ley como ésta nunca es del todo oportuna ni debe promulgarse por razones de oportunidad pero aun así... Me estoy acordando de aquel delicioso libro que tuvo tanto éxito como serie de televisión, Sí, ministro: cuando el correoso subsecretario quería cargarse  una propuesta de su ministro, la recomendaba vivamente con un  argumento definitivo: “Enhorabuena, señor ministro, es una ley muy valiente”. El ministro no necesitaba más para retirarla en el acto.

Podría calificarse esta ley de valiente en el peor sentido de la palabra. En todo caso no es una ley gloriosa, uno de esos jalones históricos para la eterna memoria de un político que la saca adelante contra viento y marea. Es más bien una ley vacilante y floja que no deja satisfecho a nadie, ni siquiera a su impulsor, como demuestra el hecho de que haya delegado su defensa a su segunda de a bordo, Teresa Fernández de la Vega.

The New York Times, que obviamente no es The Wall Street Journal, el periódico ultraconservador que  machaca constantemente al presidente español, ha criticado a éste   tildándolo de izquierdista. Reprocha el Times, que es liberal a la americana, o sea, más bien de izquierda salvando la distancia atlántica, a Zapatero que haya escorado el Gobierno demasiado a la siniestra, a diferencia de lo que hiciera Felipe González.

Sin embargo, González confesó con cierto arrepentimiento que era responsable de no haber suscitado un debate sobre nuestro pasado histórico, el franquismo y la Guerra Civil en el momento en que probablemente era más oportuno: en el cincuenta aniversario del inicio de la guerra (1986) y en el de su terminación (1989) . No se atrevió a hacerlo, siguiendo un consejo que le había dado el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno de Suárez. “¿Le puedo pedir un favor personal? –le abordó el militar más odiado por los franquistas–. Usted va a ser responsable del Gobierno en algún momento, ¿por qué no espera a que la gente de mi generación haya muerto para abrir un debate sobre lo que supuso la Guerra Civil y sus consecuencias? Debajo del rescoldo sigue habiendo fuego. Le ruego que tenga paciencia”. Felipe no abrió semejante debate “a pesar –explica– de que sentía, con dolor, que el Vaticano fuera beatificando decenas, a veces centenares, de víctimas del bando de los vencedores exaltándolos como víctimas de la “cruzada”. González concluye en el libro escrito con Juan Luis Cebrián, El futuro no es lo que era: “Por eso hoy me siento responsable de parte de la pérdida de nuestra memoria histórica, que permite que ahora la derecha se niegue a reconocer el horror que supuso la dictadura, y lo haga sin ninguna consecuencia desde el punto de vista electoral o social, sin que los jóvenes se conmuevan, porque ni siquiera conocen lo que ocurrió".     

Coincidiendo con el muy agudo dirigente de Unió José Antonio Durán Lleida, estimo que a ZP, desde luego más a la izquierda que FG,  se le puede definir mejor como “radical”, que en la tradición política española no significa ser de izquierdas ni socialista revolucionario. Durán, a quien no acompaño en la segunda parte de su juicio, concluye que precisamente porque es un radical, imprevisible e incatalogable, no es fácil entenderle ni entenderse con él.

ZP vio su oportunidad en el 70 aniversario de la sublevación franquista, una efemérides no tan redonda como las de González que nace devaluada. Una ley de esta resonancia emocional o se lanza a bombo y platillo, con banderas desplegadas, bandas de música y desfiles de gala o más vale esperar mejor ocasión. Una ley que rebaja su carga ideológica hasta el extremo de que sus compañeros de la izquierda, sus apoyos parlamentarios estables, la califican de ley de punto final y que, sin embargo, la derecha no acepta –la verdad es que no aceptaría ninguna otra– no es para tirar cohetes. Una ley que divide a los propios socialistas, pues a unos les parece corta y a otros peligrosa, resulta imprudente, sobre todo cuando el líder no está en su mejor momento. No debo terminar sin señalar que tampoco ha sido muy gloriosa la actitud del Partido Popular, empeñado en dejar la impresión de que son los representantes del franquismo en los tiempos modernos, al menos de su sustrato sociológico.

  José García Abad

Hemeroteca Lista sin maldad