Hemeroteca Lista La trinchera de papel
Nº 720 - 11 de diciembre de 2006


Pajaritos y pajarracos

por Joaquín Leguina

Parece que esa historia –según la cual las Administraciones Públicas han de estar lo más próximas posible al ciudadano– que viene predicando el municipalismo patrio, empieza a tambalearse, al menos en lo que se refiere al urbanismo (en este apartado la proximidad al ciudadano sólo ha servido para guindarle la cartera), y junto a este discurso de proximidad recibe un palo soberano la teoría de que la vigilancia de las comunidades autónomas y sus planes de ordenación territorial eran suficientes para conservar la naturaleza y el sentido común. No ha sido así. La presión ejercida sobre ambas instituciones por un nutrido y poderoso sindicato de millonarios y de aspirantes a ello, las expectativas del dinero fácil, el milagro de la multiplicación de panes y peces lo ha inundado todo y de forma irreversible.

Aquí está pasando con el cemento y el ladrillo lo mismo que en Colombia con la cocaína... que muchos políticos no saben o no quieren resistirse. Ya lo decían los mexicanos: "No hay general que resista un cañonazo de un millón de dólares". Y no se trata sólo de la corrupción, también de la presión indecente que recibe cualquier ayuntamiento por parte de sus vecinos propietarios de suelo (convenientemente asesorados por los operadores, es decir, por los especuladores), reclamando recalificaciones para hacerse ricos y –según ellos dicen– "hacer rico al ayuntamiento". ¿Quiere esto decir que todos los munícipes que tienen que ver con el urbanismo están corrompidos? Pues no, pero muchos de ellos sí loestán y no vale mirar para otro lado a base de declaraciones genéricas de honradez. Aquí huele a podrido... y no estamos en Dinamarca.
Cuando yo era joven, viajaba con frecuencia al País Valenciano y a sus playas y ya comenzaba el desastre, pero todos creíamos entonces que la democracia –que estaba al caer, eso pensábamos– impediría que aquello prosperara... ¡Qué ingenuos!

Las costas de Els paisos catalans (Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana), Murcia y Andalucía (Operación Malaya: desde Málaga hasta Ayamonte) están simplemente destrozadas por un urbanismo rapaz e hijo de puta... y ya no le podemos echar la culpa a Franco. El urbanismo racional y decente, el de la Carta de Atenas, que muchos comenzamos a poner en práctica desde los nuevos Ayuntamientos en 1979, digámoslo claro, se ha ido a pique a manos de la derecha y de la izquierda. La una y la otra nos han llevado al desastre, a una vergüenza nacional. En el urbanismo español, políticamente hablando, no se salva ni dios.
Cabe preguntarse si esto tiene arreglo y la respuesta es, desgraciadamente, negativa. Lo que sí puede enmendarse son las políticas futuras y en este sentido va la nueva Ley del Suelo (con un sistema de valoraciones más acorde con la Constitución que el anterior), mas, ¿por qué ha tardado dos años el Gobierno en mandar el proyecto de Ley al Parlamento? No lo sé, pero sí sé que en las filas del PSOE, y más concretamente entre sus "pensadores económicos", siempre ha habido connotados representantes que no sehan recatado en defender la necedad siguiente: "cuanto más suelo se recalifique más bajarán los precios"... y de poco ha servido que los resultados, la "evidencia empírica", hayan demostrado precisamente lo contrario... ellos siguen erre que erre.

Terminaré, si ustedes me lo permiten, con una coda personal. Confieso que, en la violación, lo que más molesta es el aliento en el cogote. Quizá por eso no soporto que esos cerdos, los que se han forrado corrompiendo y corrompiéndose, tantos pajaritos y tantos pajarracos, nos miren por encima del hombro a quienes nos jubilaremos con lo puesto. Nos observan, como a bichos raros, con desprecio y conmiseración y no se recatan en añadir algún comentario de este porte: "Ahí va ése, tan honrado él, pero no tiene, el muy gilipollas, donde caerse muerto". Son la mirada y la palabra "del que sabe", del que "entiende la vida". Y no deben de ir tan descaminados, pues lo más probable es que no les pillen y si les pillan, pasarán vergüenza y quizá una temporada a la sombra... pero luego seguirán disfrutando de sus millones, guardados allí donde jamás llega la Justicia. Por cierto, ¿cuándo sueltan a Roldán?

En cualquier caso, el "club de los gilipollas", el de quienes –pudiendo haberlo hecho- no se han pringado, existe. Aunque me temo que no estemos de moda. Pero sí que podríamos redactar un manifiesto en pro de una política limpia, sin pajaritos ni pajarracos, por si ello pudiera servir al público en general y a los señores Rajoy y Rodríguez Zapatero en particular.

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