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Josep Antoni Duran i Lleida, portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados
"CiU NO ES UN
PARTIDO QUE SE ECHE
AL MONTE"
Josep Antoni Duran i Lleida es el portavoz en el Parlamento de Madrid del Grupo
Parlamentario de Convergencia i Unió. Todavía contrariado por no haber podido
conformar gobierno en Cataluña, pese a que su formación se convertía en la fuerza
más votada, reflexiona acerca de las repercusiones de la decisión de reeditar un
gobierno tripartito de los partidos de izquierda catalanes, tanto en la propia
Cataluña como en las relaciones de su partido con el Gobierno central de José Luis
Rodríguez Zapatero.
Por Pedro Antonio Navarro
El nuevo Gobierno catalán es un hecho consumado y CiU seguirá en la oposición.
—CiU tiene cuatro años por delante de oposición, si las cosas se le dan bien al nuevo Gobierno, y menos si vuelve a repetirse lo que ocurrió en la pasada legislatura.
— ¿Por qué cree que se ha reeditado la experiencia del tripartito?
— Porque se quiere evitar que CiU vuelva al Gobierno, y que, por tanto, lo haga durante muchos años. Porque son conscientes de que si lo recuperábamos, sería por varias legislaturas y, por tanto, ha existido el interés de tres partidos en evitarlo. Y ello, pese a la experiencia nefasta anterior. No sólo la han tenido en el Gobierno de la Generalitat, sino en muchos ayuntamientos también. Es un juego de intereses, legítimo –no cuestionamos la legitimidad del tripartito ni del presidente-, pero es evidente que hay anomalías fundamentadas en dos pilares. Uno, lo que interesa es el poder por el poder. No se han puesto de acuerdo en un programa de gobierno; en lo que discrepan, lo aparcan. Y segundo, es un tripartito edificado sobre algo que es legítimo, pero que desde la perspectiva del
fomento de la participación democrática de la ciudadanía, parte del déficit de que el perdedor notable de estas elecciones, que es el Partido de los Socialistas Catalanes, y su líder, José Montilla, pasa a ser el gobernante.
— ¿No han construido este Gobierno desde su mayoría parlamentaria porque tienen mayor afinidad ideológica y programática entre los tres?
— Programática, no. En lo que hace referencia a cuestiones importantes que el país necesita, tienen posiciones completamente distintas y, en algunos casos, radicalmente diferentes. Por ejemplo, en cuanto a infraestructuras, entre PSC y Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa per Catalunya (IC), o totalmente opuestas al respecto del debate sobre inmigración entre ERC e IC. Y ya no entro en temas de política lingüística, donde ya veremos qué sucede, porque las posiciones de unos y otros son muy distantes.
— Esta reedición del tripartito ha generado tensiones internas entre la familia socialista. ¿Son ustedes conscientes de esas diferencias?
— Para mí, lo que cuenta no son las pala bras, sino los hechos. Por los pasillos del Congreso, en Palacio de la Moncloa encuentro palabras muy amables respecto a Convergencia i Unió y distantes respecto al tripartito. Pero no cuentan las palabras. Lo que cuenta es que en la primera reunión del Comité Federal del Partido Socialista, tras las elecciones catalanas, no se alzó ni una sola voz en contra de esa coalición de gobierno en Cataluña y, por tanto, debo entender que el PSOE suscribe en su totalidad que, no habiendo ganado las elecciones, no siendo la lista más votada, se apoyan en ERC y en IC y, a su vez, como consecuencia del apoyo en Cataluña, tengan también en Madrid el apoyo parlamentario de esos dos grupos.
— Pero el PSOE tenía puestas sus "ilusiones" en llegar a acuerdos con CiU en el Parlamento Nacional para el resto de la legislatura.
— Yo tengo la impresión de que el escenario ideal para el PSOE no es gobernar de la mano de Izquierda Unida y de ERC, eso es cierto. En consecuencia, puedo llegar a aceptar que se esperaba, se deseaba, se anhelaba un cuadro político en Cataluña que permitiera la colaboración entre CiU y el PSC. No niego que ese escenario fuera un deseo del Partido Socialista, pero a la vista está que en Cataluña gobierna quien gobierna, y reitero que no hubo una palabra de crítica al tripartito en aquel Comité Federal. Me debo ceñir, no a los deseos, sino a las realidades. La realidad es que la dirección del PSOE avala lo que ha sucedido en Cataluña.
— Lo acontecido en Cataluña, ¿cómo condiciona en todo el Estado las relaciones entre CiU y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero?
— Nosotros no hemos dado apoyo permanente a lo largo de estos dos años y medio al Gobierno. Hemos prestado apoyos puntuales. De haberlo dado permanente, hubiéramos empezado por dar nuestro voto favorable en la Investidura, cosa que no hicimos. En cada uno de los debates del Estado de la Nación, hubiéramos formalizado un pacto político, cosa que tampoco ha sido así, excepto el último de ellos. Vamos a continuar con apoyos puntuales, ley por ley. Nosotros no somos una fuerza política que vaya a echarse al monte. Tenemos interés en la política española y tenemos interés en trasladar nuestros compromisos electorales al Boletín Oficial del Estado. Y eso pasa por pactar con quien gobierna; hoy es el PSOE. Pero los apoyos estarán condicionados a los contenidos de la propia ley y del pacto, si éste es posible entre el PSOE y nosotros.
—Esta disposición se ha podido comprobar en el debate en el Senado de los Presupuestos Generales del Estado para 2007. Ustedes dejaron abierta la posibilidad de vetar los Presupuestos en la Cámara Alta, donde el juego de mayorías y minorías es diferente al del Congreso, y ustedes, si se unieran al Partido Popular (PP), podrían detener las iniciativas. Pero a la hora de la verdad, CiU se ha abstenido, permitiendo su aprobación.
—Hemos hecho declaraciones, no rechazando frontalmente la opción de veto, pero nunca afirmando que la presentaríamos. En la política española, la responsabilidad de CiU recae en mi persona. Desde el primer momento me he puesto en contacto con quien debía hacerlo, con Pere Macias, portavoz de CiU en el Senado, con el propio Artur Mas. Desde el primer momento teníamos claro que no podíamos facilitar las cosas al Gobierno socialista tras lo que el Gobierno socialista le había hecho a CiU, pero, al mismo tiempo, también teníamos presente la segunda reflexión que hice antes: no porque
el PSOE ha hecho lo que ha hecho, vamos a echarnos al monte. Queremos estar presentes en la política española. La fórmula del veto era un garrotazo político al PSOE –estoy de acuerdo-, pero duraba 24 horas. En cambio, nos impedía sacar adelante enmiendas en el Senado, apoyadas por votos de los socialistas, o por votos del Partido Popular (porque en el Senado hay una mayoría distinta y sí es posible sacar adelante propuestas con los votos del PP). Creemos que, al final, optamos por la fórmula más inteligente; no presentar el veto, pero sí más de 300 enmiendas. Y vamos a ver de qué manera modificamos los Presupuestos, no simplemente con los votos del PSOE –si pactamos alguna de las enmiendas-, sino, incluso, con votos del PP.
—Pese a este traspié de la reedición del tripartito, lo cierto es que sus relaciones conel PSOE en los últimos años son muy fluidas. Cuando pase el tiempo y "curen las heridas", ¿se ven en un gobierno en España en coalición con los socialistas? ¿Habría ministros de CiU en un eventual gobierno nacional tras las próximas elecciones?
—Nosotros nos comprometimos en su día a que si gobernábamos en Cataluña –y más si esa presencia en el Gobierno vendría dada por una colaboración con el Partido Socialista-, podríamos hacer grandes cosas de manera conjunta, en Cataluña y en España y, por tanto, podríamos formar parte del Gobierno español. Esa base hoy no se da. Por tanto, hay que hablar de un futuro y de nuevas bases que todavía no existen, entre otras razones, porque todavía no se sabe quién va a ganar las próximas elecciones generales. Si alguna consecuencia se vislumbra de la situación política actual española, ésta es negativa para el PSOE: No hay ninguna encuesta que no refleje un ascenso del PP,
o mejor dicho, una bajada del PSOE. Yo creo que el apoyo parlamentario que Rodríguez Zapatero recibe de Esquerra Republicana, tanto en Cataluña como en España, le significa una piedra pesada en la mochila. Si a eso se le añade que el proceso de paz en el País Vasco no parece estar en el momento más feliz –Convergencia i Unió apoyará en eso hasta el final al Gobierno-, pues veremos qué pasa en las próximas elecciones. No sentemos las bases ya de lo que pueda suceder, porque los ciudadanos aún no han depositado sus votos en las urnas, las cuáles han cambiado, y mucho tras las elecciones catalanas, y no necesariamente por nuestra actitud, sino por el efecto político que tendrán esas elecciones en la política española. Yo siempre dije, entre campaña y campaña, que los comicios catalanes eran muy importantes para Cataluña, pero que también lo eran para el conjunto español. Y ahora se está viendo, y se verá todavía más.
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