Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 720
11/12/2006

Legislatura acabada

Fuera del mal llamado "proceso de paz", la legislatura puede darse por terminada. Zapatero ha cumplido sus promesas electorales y gestiona los asuntos del día a día  con resultados variados y un balance aceptable. ZP, nombre icónico, no se faja en los asuntos cotidianos que deja a los ministros bajo la minuciosa coordinación de la vicepresidenta, laboriosa, buena portavoz y eficaz en su réplica parlamentaria. Sin embargo, los ministros menguan: todos suspendieron en la última encuesta del CIS salvo la vice.

A Zapatero le gusta volar sobre el aburrimiento cotidiano reservando su carisma para los grandes ideales: paridad de sexos; matrimonios homosexuales; derechos al travestismo; Estatuto de Cataluña, la madre de todos los estatutos; pacto con los terroristas para que abandonen el asesinato como método político; la alianza de civilizaciones, una bienintencionada negociación imposible entre la civilización y la barbarie; la inmigración; la memoria histórica; la promoción de campeones nacionales; así como ciertas alegrías sociales.

Consumada la retirada de Iraq, aplaudida por el respetable; zanjado el Estatut menos mal de lo que se temía; tras un vuelco a la política migratoria inicial de acogida universal; consumado el fracaso de los campeones nacionales; a punto de frustrarse los desahogos de la nostalgia republicana y de la memoria histórica; puede al menos adornarse con las bellas plumas de la Ley de la Dependencia. Aprobada con amplísima mayoría parlamentaria, incluido el Partido Popular, con esta ley nace un nuevo derecho ciudadano, como el de la sanidad, la educación y las pensiones y a pesar, de algunas adherencias peligrosas de última hora en el Senado, es una norma de las que hacen historia. Podemos concluir pues, gracias a esta ley y a otras mejoras sociales y a la reconducción de algunos errores que el balance de este gobierno no ha sido malo aunque sí manifiestamente mejorable.

A pesar de haber perdido el apoyo interesado pero tranquilo de Artur Mas, Zapatero puede completar la legislatura con razonable seguridad con los socios con los que la inició: con los compañeros de Izquierda Unida, por supuesto, pero también con una Esquerra Republicana de Catalunya que está en una actitud muy colaboradora, pues como nos decía el diputado esquerrista Joan Tardá, "todos le hemos visto las orejas al lobo".

Naturalmente el Gobierno tiene que ceder algunas parcelas de poder como las que ha entregado en el consejo de la nueva televisión a Esquerra, a Izquierda Unida y a Convergencia y Unión con la que trata de suavizar aristas, a costa de quedarse con menos consejeros que el Partido Popular. Más complicado le va a resultar salir del apuro de la Ley de la Memoria Histórica, una cuestión de principio en la que no van a ceder IU ni ERC, las izquierdas republicanas. La semana próxima veremos en qué queda esta historia en la que Zapatero había puesto tanto corazón, invocando incluso la memoria de su abuelo, el capitán Lozano.

Al presidente le quedan pocas bazas. Está jugando a fondo la carta que debería llevar al desarme de ETA, empeño en que no ceja ni debe cejar a pesar de unas dificultades que parecen insalvables. No debe ni podría hacer concesiones a los terroristas más allá de lo penitenciario pero está obligado a agotar todas las posibilidades para acabar con semejante lacra. Yo también soy optimista y pienso que ETA-Batasuna que, lógicamente tratarán de obtener lo más posible, también pagarían un precio político si vuelven a los asesinatos. No parece que esté la sociedad vasca para volver a la sanguinaria pesadilla del pasado. De todos modos, el resultado de las negociaciones no es seguro, ni en caso de avance de las mismas hay garantías sobre el plazo en que pueden apreciarse resultados.

En vista de ello el presidente se apoya en la buena marcha de la economía. "ZP se hace solbente" decía El Siglo en su portada del 27 de noviembre. Y en efecto, el presidente ha tratado de explotar al máximo el éxito económico. No debería sentirse, sin embargo muy seguro en este terreno, pues la marcha de la economía sólo funciona electoralmente en sentido negativo. Por lo general, cuando la economía marcha mal se pierden las elecciones pues donde no hay harina todo es mohína, pero cuando los negocios van bien no es seguro que se ganen. No olvidemos que con buena coyuntura económica perdió González en 1996 y Rajoy en 2004.

  José García Abad

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