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 Nº 719 - 4 de diciembre de 2006

Stiglitz ataca de nuevo

por Carlos Berzosa

Acaba de publicarse en castellano el libro de Stiglitz Cómo hacer que funcione la globalización (Taurus, 2006). Este es el tercero en el que analiza el proceso de la globalización y desde que comenzó la trilogía, en 2002, este prestigioso economista ha obtenido gran éxito de ventas superando su fama los ámbitos de la economía para ser conocido en otras esferas. Allá por los países por los que viajamos encontramos los libros de Stiglitz en los escaparates de las librerías, traducidos a casi todos los idiomas más usados. De hecho, es leído no sólo por economistas, sino también por personas que se ocupan y preocupan por las repercusiones que está eniendo la globalización en la economía mundial. Su espíritu crítico on el comportamiento de los orgaismos internacionales, sobre todo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), le ha convertido en un referente obligado en los foros que cuestionan el modelo de globalización neoliberal.

Antes de que comenzase estas publicaciones, que le han hecho tan popular, Stiglitz era un economista de gran prestigio en el mundo académico y sus trabajos acerca de la información imperfecta de los mercados le valieron la concesión del premio Nobel de Economía en el año 2001. Es autor de un excelente libro, que resulta muy recomendable, El papel económico del Estado (Instituto de Estudios Fiscales, 1993), y también de un extraordinario manual de introducción a la economía. Es, en definitiva, un economista muy solvente y siempre resulta sugestivo leerle por la coherencia de sus argumentos, por su capacidad y por su claridad en la exposición, un bien escaso éste entre los economistas, así como por los enormes conocimientos que posee. No suele defraudar porque, entre otras cosas, sus análisis son acertados, además de imaginativos, rompiendo los esquemas más convencionales de la economía ortodoxa.

No obstante, sus enfoques tienen sus limitaciones, pues se centra en exceso y tal vez de manera obsesiva en el comportamiento de los organismos internacionales, siendo básicamente el FMI el principal objetivo de sus dardos, y apenas analiza el funcionamiento de la estructura económica, sus rasgos fundamentales, las tendencias de la economía mundial, y las razones del porqué de la globalización actual. Se queda más en el nivel de las decisiones de estos organismos, que son sin duda importantes, pero sin explicar las fuerzas económicas de nuestro tiempo. Esto le conduce a la apreciación, a mi modo de ver equivocada, de que modificando la forma de gobernar de las instituciones el malestar que provoca la globalización puede ser corregido.

Otra objeción que se puede hacer a Stiglitz es que llega tarde en sus posiciones críticas a las cosas que están pasando en la economía mundial. Esto lo recoge muy bien Luciano Canfora, quien, en su excelente libro La democracia (Crítica, 2004) observa que Stiglitz, analizando la transición de la economía rusa dice: "Una transición que dura diez años, a lo largo de los cuales la pobreza y la desigualdad crecen enormementemientras unos pocos se hacen ricos, no puede ser considerada una victoria para el capitalismo y la democracia". Cabría preguntarse, señala Canfora, cómo es que tanta lucidez siempre aparece a posteriori, teniendo en cuenta que Clinton fue presidente de 1992 hasta 2000, por lo tanto, casi todo ese "decenio" que ahora le parece a Stiglitz tan justamente indecente. Habida cuenta, además, de que fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de Clinton de 1993 a 1997.

Otro tanto cabría decir de su época como economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial desde 1997 a 2000, o ¿es que entonces no pasaba lo que pasa ahora? Pero podríamos también preguntarnos por qué no hizo estos análisis tan brillantes en los años 80, cuando se iniciaron las políticas de ajuste que tan duros costes tuvo para casi todo el mundo subdesarrollado. Otros economistas, no tan brillantes ni tan lúcidos como él, lo hicimos en el decenio de los 80 y ya denunciábamos una situación que es la causante de muchos de los males del presente. Aporto aquí mis libros, entre otros, Economía: crisis o recuperación (Eudema, 1988) y Los nuevos competidores internacionales (Ciencias Sociales, 1991).

En fin, a pesar de todo, nunca es tarde si la dicha es buena y más vale tarde que nunca, por lo que siempre es de agradecer que economistas con el prestigio de Stiglitz hayan contribuido a desvelar las políticas equivocadas y erróneas del FMI y del Banco Mundial.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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