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Lista Apuntes
Nº 719
4/12/2006
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Derrotar orgánicamente a ETA

Por José María Benegas

E n el discurso pronunciado por el Sr. Alcaraz al término de la manifestación convocada por la Asociación de víctimas del terrorismo en Madrid citó unas supuestas declaraciones mías, obviamente mutiladas, para reforzar sus argumentos. Independientemente de la intención torticera con la que se me invoca, llevo treinta años luchando contra el terrorismo en el País Vasco y creo tener, sin entrar en detalles de lo que este tiempo ha supuesto, una cierta legitimidad para, al menos, opinar sobre el tema. Combatir el terrorismo hasta la derrota final sin ningún tipo de diálogo es una posición en principio, desde mi punto de vista, respetable. Eso es precisamente lo que hemos hecho e intentado al menos desde 1977, y algunos desde bastante antes, sin haber conseguido acabar con el terrorismo etarra por esta vía. Lo intentaron Franco, Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González y Aznar antes que Zapatero sin haber conseguido la desaparición de ETA. Es cierto que la acción democrática de todos estos años ha debilitado seriamente a la banda terrorista hasta el punto de que podamos decir que ETA está derrotada políticamente. Lo que ocurre es que la derrota política no implica necesariamente la orgánica y ETA conserva su capacidad de matar, de destruir, y de producir nuevas víctimas mortales, porque existe un caldo de cultivo que les permite reponer los comandos que se detienen. Pensando en el derecho a la vida de los ciudadanos y también en que no quiero asistir a más funerales de víctimas del terrorismo, me parece noble el intento de propiciar la derrota orgánica mediante el diálogo para facilitar el final de la violencia, tal y como ha planteado José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Puede salir mal? Puede, pero al menos se habrá intentado. La exigencia al Gobierno de que "rompa" el proceso, cuando menos, es irreflexiva porque a sensu contrario supone que en respuesta a una decisión unilateral del ejecutivo ETA pudiera volver a matar. Es cierto que también lo puede hacer en cualquier momento como ocurrió en 1998, pero no será porque el Gobierno haya roto el diálogo. Lo que está haciendo el Gobierno es lo correcto. Mantener con firmeza los principios de su planteamiento: Exigencia de ausencia de violencia, respeto a la legalidad y a la Constitución y máxima atención a las víctimas del terrorismo con la esperanza de que no volvamos a lamentar nunca ninguna más en este país.

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Será difícil, después de los últimos acontecimientos, argumentar que los resultados electorales que se están produciendo en Latinoamérica son exclusivamente producto de un populismo emer- gente. Las victorias electorales recientes de Lula, Ortega en Nicaragua y Correa en Ecuador más la previsible reelección de Chávez en Venezuela, los apretados resultados electorales en México, a lo que hay que añadir la existencia de gobiernos progresistas en Chile, Uruguay y Argentina ponen de manifiesto que lo que está ocurriendo es algo muy profundo que no puede ser analizado desde simplificaciones que conducen a diagnósticos erróneos. Los países latinoamericanos son muy diferentes entre sí, tienen su propia historia política, su idiosincrasia específica y singularidades étnicas e identitarias que hace que hasta los vecinos sean diferentes. Pero aparecen algunos rasgos comunes que entiendo son los que están en el sustrato de las reacciones populares que se están produciendo en general ha-cia la izquierda, con todos los matices y entrecomillados que se quiera. Estos rasgos comunes son: La crisis, en algunos casos desaparición, de los partidos políticos tradicionales; la debilidad y descrédito de las Instituciones; la corrupción generalizada, y la pobreza extrema incluso en países que cuentan con importantes recursos naturales. Comienza una rebelión contra esas cuatro realidades consustanciales a muchos pueblos latinoamericanos que condicionan negativamente la vida de sus ciudadanos. La nueva esperanza se está depositando en personas, partidos o movimientos que se comprometen a luchar contra la pobreza y a utilizar mejor sus recursos naturales para atender las necesidades básicas de los ciudadanos incluidas la sanidad y la educación.


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El gobierno alemán tuvo duras palabras para calificar la regularización de emigrantes ilegales llevada a cabo por el gobierno español. Pues bien, los que fueron tan críticos han decidido hacer una regularización de las llamadas masivas. Afecta ésta en primer lugar a todos aquéllos que hayan solicitado asilo en Alemania y habiéndoles sido denegado hoy continúan viviendo en territorio germano. Podrán también obtener un permiso de residencia permanente los que acrediten al menos ocho años de estancia en el país y un contrato de trabajo aunque éste sea temporal. Calculan que estas medidas puedan afectar de entrada a unas cien mil personas. El período para llevar a efecto esta regularización es de tres años. La cruda realidad demuestra que los problemas sociales se pueden ignorar pero no eliminar de una sociedad. Siguen estando ahí demandando una solución. Es mejor atajarlos y que no se enquisten.

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