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una naciÓn que encoge
No es fácil ponerse en el papel de políticos y ciudadanos que otra vez asisten al empequeñecimiento de su patria, pero tampoco lo es despreciar la tremenda ilusión de un 90% de albaneses de Kosovo, tan acorralados por la ceguera criminal de Milosevic y su soberbia. Complicado resultará encontrar un punto de entendimiento entre Pristina y Belgrado, porque precisamente desde octubre de 2000, al sustituir Kustunica a Milosevic, aquél no ha dejado de reivindicar su herencia, de resultados evidentemente desastrosos para los serbios. Se sospecha que de manera deliberada, Belgrado está tratando, con el proyecto constitucional, su aceptación mediante referéndum, y las elecciones de enero, de aplazar lo inevitable, –una independencia más o menos completa–, para conseguir que los albaneses se muestren más y más impacientes, que lleguen a emplear la violencia otra vez y así debiliten su posición en la mesa de negociaciones celebradas en Viena desde 2005. Por supuesto, una vez conseguida la independencia, Serbia hará todo lo que pueda para que tenga las mayores limitaciones posibles. Además, si se procede a la partición de Kosovo, ¿no surgirán motivos para la partición de Macedonia y Bosnia? Al parecer la desintegración de Yugoslavia todavía no habría concluido, en un mundo europeo en que las tensiones nacionalistas e independentistas recobran un notable vigor, lo que al menos y, por desgracia, sirve para lamentar los desastres de la guerra, las ilusiones truncadas y el absurdo criminal a que han conducido la tiranía, el mal gobierno y la opresión de las minorías. Quizás el Kosovo de mañana sea tan sólo independiente de manera nominal y requiera durante años una importante presencia internacional de carácter civil y militar; quizás termine repartido entre Albania y Serbia, naturalmente con el desplazamiento de los 100.000 serbios del territorio, otra limpieza étnica que a lo mejor esta vez es pacífica. Estas soluciones, como las que se impusieron en el resto deYugoslavia, verdaderamente no son las mejores pero lamentablemente acaban siendo inevitables, en éste y otros casos de remedios nacionales, ante la misma exasperación generada por militares y políticos que han hecho imposible la convivencia en un marco nacional único. Ignacio Rupérez |
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