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Nº 719
4/12/2006

Jonan Fernández, ex coordinador de Elkarri y autor de 'Ser humano en los conflictos'

"CUANDO VEA QUE ES IRREVERSIBLE, EL PP SE VA A SUMAR AL PROCESO"


Coordinador durante 14 años de Elkarri, el movimiento cívico que ha desempeñado tareas mediadoras en el conflicto vasco desde su creación, y actual director de Baketik, centro de estudios por la paz de Arantzazu (Guipúzcoa), Jonan Fernández aborda en su libro Ser humano en los conflictos. Reflexion ética tras una vivencia directa en el conflicto vasco (Alianza Editorial), la necesidad de afrontar los conflictos desde presupuestos éticos y, de manera singular y atendiendo a la realidad vasca, la solidaridad con las víctimas y la reconciliación. A pesar de que el proceso de paz atraviesa su peor momento, tiene la convicción de que no hay vuelta atrás. Dice, el trabajo de Zapatero es "digno de reconocer" porque mantiene su objetivo de la paz a pesar del riesgo político que asume, y cree que el proceso, que es "irreversible", dejará una foto histórica, "y no me imagino al PP fuera de esa foto".

Por Virginia Miranda

En su libro hace varias propuestas, una elaboración ética de conflictos y lo que llama la acogida de conflictos.
—El libro parte de la tesis de que el conflicto es algo que nos acompaña a lo largo de toda la vida y no es en sí mismo negativo. Mas al contrario, gracias a los conflictos crecemos, aprendemos y mejoramos, siempre y cuando seamos capaces de manejarlos adecuadamente. Por otra parte, siempre se piensa que el conflicto es algo que ocurre entre dos personas que se enfrentan y que ocurre en el exterior de ellas. En este libro tratamos de probar que el conflicto ocurre en una proporción muy importante dentro de cada persona y que es ahí donde se fabrican las respuestas a los conflictos y también las soluciones. Entonces, la acogida del conflicto es concretamente esa forma que tenemos de trabajar interiormente los conflictos y la forma de abordarlos. La elaboración ética es la propuesta general del libro, el intento por tratar de que aprendamos a manejar los conflictos desde presupuestos éticos.

—Plantea una doble perspectiva, la de ser parte del conflicto y espacio del mismo.
— A todos nos puede ocurrir en la vida que nos veamos inmersos en una situación en la que nos toca ser parte directa del conflicto. En otras, ya sea como padres, como amigos, como hermanos, como lo que fuese, nos toca estar en medio; ser tercer espacio, tercera parte del conflicto. En el libro se estudian esas dos posiciones del conflicto y se ofrecen múltiples herramientas y recursos para tratar de intervenir en los conflictos desde una posición o desde otra desde parámetros éticos.

—Víctimas y reconciliación. ¿Cuál es su planteamiento teniendo en cuenta el momento actual que atraviesa el conflicto vasco?
— En los dos últimos capítulos, más centrados en la realidad vasca y concretamente en la solidaridad con las víctimas y en la idea de preparar la reconciliación, se plantea cuáles son los derechos que les corresponden a las víctimas y cómo articularlos. Y básicamente se podría decir que tienen tres grandes derechos: un derecho moral, que es el de la restitución y dignificación; un derecho material, que tendría que ver con la reparación, ya sea económica, asistencial o del tipo que sea; y un derecho si se quiere político, que tiene que ver con una memoria crítica, con el derecho a que no construyamos el futuro como si no hubiera ocurrido nada en el pasado. En cuanto a la reconciliación, hay una apuesta en el libro por normalizarla y desmitificarla. Reconciliarse no es volver a ser amigos, sino simplemente volver a respetarse. Y tampoco es una obligación de las víctimas con los que los han agredido, sino una obligación social. Hay que volver a construir la convivencia basada en el respeto y la aceptación mutua.

— ¿Es un derecho de las víctimas que ETA les pida perdón?
— El perdón, planteado como condición obligatoria, pierde toda su esencia. El perdón tiene que ser voluntario y auténtico. Es decir, tiene que ser sincero y tiene que ir acompañado del propósito de no repetición. Como condición no tiene viabilidad, pero hay que decir, aunque pueda parecer una contradicción, que la petición de perdón juega un papel imprescindible a lo largo de un proceso de reconciliación.

— La AVT ha vuelto a manifestarse contra el proceso de negociación. Las víctimas que representa esta asociación, el resto de víctimas, ¿qué lugar ocupan en todo este proceso?
— Ocupan un lugar importantísimo. Las víctimas son el testimonio de lo que nunca más debe volver a ocurrir y es muy importante que la sociedad no las deje solas con ese testimonio. La sociedad tiene la obligación de tomar la bandera de la memoria crítica del pasado, de tal manera que el futuro no se construya sobre el olvido sino sobre el recuerdo crítico de todo lo que sucedió. A partir de ahí, las víctimas tienen el derecho a participar en la reconstrucción de la convivencia y tienen sobre todo el derecho a lo más importante: a reconstruir su vida. Es en eso en lo que fundamentalmente tenemos que apoyarles.

—Usted recomienda dialogar y escuchar. Ahora que el proceso de paz atraviesa uno de sus peores momentos, parece que estos principios estuvieran fallando.
—Sí, pero no es extraño. No podemos perder de vista una referencia muy importante; cómo estábamos hace cinco, diez años, y cómo estamos ahora. La diferencia es bien notable. Ahora estamos muchísimo mejor, llevamos más de tres años sin víctimas mortales y esto no lo podemos minusvalorar. A partir de aquí, hay que decir que vivimos un proceso de transición de una situación indeseable a una situación que deseamos conquistar. Este tránsito es difícil y va a costar tiempo y dificultades. Pero tengo la convicción de que esto va a salir bien. Y creo que hay dos claves importantes para que así sea. Por una parte está la voluntad social, la sociedad vasca y también la española está cinco o diez años por delante del proceso, y ese es un factor tractor de cambios muy importante. Por otra parte, los principales líderes políticos de este proceso, cuando miran para atrás, sienten un vértigo terrible, y saben que hacia atrás no hay salida, que la salida está por delante.

—¿No cree que el proceso se rompa?
—Nunca se puede asegurar, pero tengo la convicción de que no se va a romper, de queatravesará crisis y momentos difíciles pero no se va a producir una vuelta atrás.

—El PP ha centrado su política de oposición en el proceso de paz, el PSOE ha presentado un vídeo recordando la tregua del 98. ¿Qué daño le está haciendo este ruido al proceso?
—Es una desgracia. Lo lógico y deseable sería que en un proceso como éste los dos grandes partidos de Estado fueran de la mano. Desde la sociedad vasca se hace difícil entender la posición del PP. Tratamos de hacerlo, pero al mismo tiempo me atrevería a decir que le suplicamos, le rogamos que se sume a sacar esto adelante. Tenemos una oportunidad única para dejar atrás para siempre la violencia y la tenemos que aprovechar todos, también el PP. La división afecta negativamente, muy negativamente, pero hay que intentar superarla por todos los medios.

—¿El PP vasco tirará del PP de Rajoy? Usted ha dicho que hay disparidad de criterios.
— Conozco personas del PP que desde luego no comparten la decisión de la dirección en este caso. Por otra parte, creo que hay dos factores que pueden modificar la postura del partido. Por una parte, comprobar que el proceso se hace irreversible. Cuando vean que no tiene marcha atrás se van a sumar al proceso, porque la foto que va a dejar al final va a ser histórica, de las que dejan huella para mucho tiempo, y no me imagino al PP fuera de esa foto. También va a depender mucho de los resultados electorales. Supongo que dependiendo ellos, o mantendrá esta política de oposición o la modificará.

—¿Cómo lo está haciendo Zapatero?
— Desde mi punto de vista, Zapatero está actuando de manera muy positiva. Hay una oportunidad y él ha decidido aprovecharla asumiendo riesgos grandísimos. Creo que eso es lo que hay que valorar de un político en un momento determinado, que sepa asumir riesgos políticos incluso contra sus propios intereses electorales o de partido. Ese esfuerzo no está siendo bien comprendido por una parte de los medios de comunicación y por una parte de la política de este país. A pesar de ello, la fuerza del objetivo de la paz le mantiene en la posición que ha demostrado de este proceso. Yo eso es digno de reconocer y de alabar.

—¿Y Batasuna?
—Creo que Batasuna también está impulsando este proceso con sus limitaciones, difi cultades o contradicciones. Y lo que creo que tenemos que hacer todos es tratar de ayudar les o de crear condiciones para que ese trán sito hacia una situación política normalizada y sin violencia sea factible.

—La Conferencia Episcopal admite medidas de indulgencia condicionadas para los terroristas? ¿Esto es positivo para el proceso?
—Sí es positivo, porque un proceso de estas características va a necesitar obligatoriamente de importantes dosis de generosidad.Y su pastoral, en ese aspecto, deja esa puerta de la generosidad abierta. De todas maneras, para que no nos suenen extrañas algunas cosas, no es malo que recordemos el precedente de la Transición española. Se hizo sin memoria crítica, sin reparación a las víctimas, sin esclarecimiento de la verdad judicial, sin castigo a los culpables... Sin tantas cosas que ahora se exigen. No digo esto para que ahora se vuelva a hacer mal lo que antes no se hizo bien, todo lo contrario. Creo que ahora hay que aprovechar para hacer las cosas lo mejor posible. Pero también creo que es importante que cuando todo no discurra conforme a la idea que cada uno se ha hecho en su cabeza, sea capaz de aportar una mínima dosis de generosidad para entender que estos procesos son imperfectos, y que hay que aceptarlos así, en su imperfección.

—¿Cómo debe desbloquearse el proceso?
—Cuando estuve al frente de Elkarri estudiamos todas estas cuestiones y la idea básica que manejamos es que en una situación como ésta, hay que combinar ideas que satisfagan las principales inquietudes de cada parte. Desde el punto de vista político, aquí hay que combinar la capacidad de decidir y la obligación de pactar. Que la sociedad vasca puede tener la capacidad o derecho a decidir y, al mismo tiempo, que las fuerzas políticas vascas se comprometan a que esa capacidad sólo se ejercerá mediante la obligación de pactar. Además de esta idea, que puede ser muy útil para desatascar el problema, la Carta Magna ofrece herramientas como su disposición adicional primera, que reconoce y ampara los derechos históricos de los territorios forales y que permitiría buscar una solución singular en el caso de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava dentro de la Constitución. Fórmulas hay, lo que hace falta es la determinación de querer profundizarlas y desarrollarlas.

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