Nº 719 - 4 de diciembre de 2006
 
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De las minifaldas a las víctimas del terrorismo

Hace unos meses, después del verano, días antes de que Cayetana Álvarez de Toledo fuera contratada por Ángel Acebes como jefa de gabinete en su condición de secretario general del PP, el diario El Mundo, donde ella colaboraba entonces habitualmente, como lo hacía asimismo en las tertulias de Federico Jiménez Losantos, en la cristiana COPE, empezó a publicar una sección dominical, muy amplia y de gran despliegue, dos páginas casi enteras, donde la atractiva periodista y Luis María Anson, recién fichado por Pedro J. Ramírez, se carteaban –y siguen haciéndolo– bajo el título Dos en la carretera.

Cualquier amable lector de mi modesta sección El curioso impertinente, que difunde semanalmente desde hace mucho más de diez años El Siglo, gracias a la amabilidad de mi joven amigo José García Abad, al que le llevo cerca de treinta años, comprenderá que mi interés es nulo por las paridas retóricas y conceptuales (desbordantes de citas literarias pretendidamente eruditas y exquisitas) de tan extraña pareja, aunque acostumbro a echarle un vistazo porque conviene no despreciar nunca a los adversarios, y ambos lo son en gran medida de mis ideas progresistas y de izquierdas, de las que nunca he abdicado desde los tiempos esperanzadores de la II República, cuando empecé como pude a ejercer el oficio de periodista.

Como no podía ser de otro modo, Anson y Cayetana coinciden en su acérrima defensa de las manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, es decir, de las manifestaciones orquestadas por el PP, la última desarrollada en Madrid el pasado 25 de noviembre.  La jefa de gabinete de Acebes afirma: “Las manifestaciones de la AVT, querido Luis María, son la bofetada que más enrojece el rostro de Zapatero, la evidencia de la indignidad nacional de su negociación con ETA. María San Gil ha denunciado los embustes con el mismo valor con que Loyola de Palacio lucha contra el cáncer. Juan de Palafox que, como sabes, fue obispo sagaz, azote de jesuitas, inteligencia lúcida en la España decadente de Felipe IV, dijo que la verdad en la calle se hace doble verdad “(…) Tu enaltecido Rubalcaba, aunque sea el más listo del Gobierno, naufraga en la incompetencia (…) Las víctimas del terrorismo saltan a la calle porque creen en lo que defienden. La última encuesta del CIS demuestra que la oposición del PP es ya alternativa”.

En este contexto, digamos que dramático y dolorido, llama todavía más la atención la obsesión rijosa (lujuriosa o sensual, según la Academia a la que pertenece Anson) del ex director de La Razón y de ABC. No constituye ello novedad alguna. Hace mucho tiempo que Anson exhibe su tendencia a ser rijoso, lo que consta en numerosos artículos suyos, algunos de ellos dedicados, hasta límites fronterizos con el orgasmo al menos mental, a mujeres como Isabel San Sebastián o Ana Botella sin ir más lejos. Isabel, no obstante, ha sido destronada como musa, tempus fugit, ay, y su lugar parece ocuparlo en la actualidad la todavía joven y pizpireta Cayetana.

Carta de Anson: “Querida Cayetana: El rabino hebreo Yosef Eliashir se paseaba ayer por la calle Génova, te vio entrar en la sede del PP con tu minifalda rubia y, conmocionado, ha emprendido una campaña contra lo que él llama ropa impúdica y forma de vestir lasciva. Con los rabinos integristas has topado, niña. Son peores que Zapatero”. De inmediato, sentencia: “La minifalda, que es la prenda que deben llevar con frecuencia las chicas como Dios manda, se inventó en Grecia. Para coronar a los atletas vencedores en los juegos olímpicos y también los píticos (Delfos), ístmicos (Corinto) y nimeos (Peloponeso) se hacía un concurso entre las vestales más guapas de los templos. A la virgen triunfadora, a la miss vencedora se le cortaba la clámide muy por encima de la rodilla y se la llamaba la fainomérida, que significa “la que enseña los muslos”.

Segunda carta de Anson, quien fue durante años presidente del concurso para elegir Miss España: “No sé por qué rehuyes el tema. Frente a papanatas como el rabino Eliashir, escandalizado por tu minifalda, Píndaro exaltó al lidio Pélope, un tipo como Dios manda, bastante ansoniano ante la belleza femenina. Este Pélope era hijo de Tántalo, un cabroncete que ofendió a los dioses (…) al rechazar el néctar y la ambrosía que le servía Ganímedes. Le condenaron a un atroz suplicio. Afrodita decidió salvar a Pélope, del que se enamoró por cierto el cacorro Posidón. Menos mal que Hipodamia, hembra de acentuadas virtudes, y turgentes, se ventiló a Pélope y puso las cosas en su sitio”.

Anson incorpora otro ansionano episodio a su relato erótico: “Dos       mil quinientos años después, Mary Quant restauró la minifalda que ha podido, temporada tras temporada, con las veleidades de los modistos (…) Las jóvenes minifalderas, muchas veces, gracias a Dios, también ombligueras, llenan de belleza las calles (…)”.  Y coqueto, el periodista rijoso añade: “No sólo no me declaras amor en tu carta, sino que te dedicas a ponerme límites y censuras”. Una curiosa mezcla. De las víctimas del terrorismo a las minifalderas, ombligueras y cuanto más muslo enseñen las mujeres, mejor. Interesantes conversaciones epistolares, amparadas por Pedro J. Ramírez, entre Anson y Cayetana Álvarez de Toledo, la ambiciosa jefa de gabinete del legionario de Cristo y secretario general del PP, Ángel Acebes. ¡Vaya, vaya, cómo se las gasta en ocasiones la derecha que presume de ilustrada!

Luis G. del Cañuelo

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