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Nº 719 - 4 de diciembre de 2006
El futuro de Israel

por Santiago Carrillo


En 1947, la ONU acordó crear dos Estados, uno judío y otro árabe en el territorio de Palestina. El acuerdo quería ser una compensación por los sufrimientos padecidos por el pueblo judío bajo los horrores del Holocausto. Para los judíos, esparcidos por todo el mundo, sin un Estado propio el hecho constituía además el retorno a la Tierra prometida, como se prometió en las Escrituras. Pero la decisión de la ONU se tomó desoyendo la opinión de los países árabes, que intentaron impedirla militarmente. Hubo diversos enfrentamientos, entre ellos la guerra de los 6 días, en la que Israel impuso su superioridad militar apoderándose de territorios árabes que ha mantenido hasta aquí como un derecho de conquista. Occidente y muy particularmente los EEUU, apoyaron a fondo a Israel, que aparecía desde entonces como una base avanzada de los intereses norteamericanos en el Próximo Oriente, más sólido que las oligarquías árabes, establecidas en los Gobiernos de la zona por los occidentales.

El resultado fue que la decisión de la ONU quedó incumplida. En Palestina, de hecho sólo se constituyó un Estado: Israel. El estado árabe no ha llegado aún a existir. Y no sólo eso, sino que Israel desplazó del territorio a gran parte de la población palestina, aparcada en auténticos guetos, en los que nacieron nuevas generaciones de árabes crecidas lógicamente con la convicción de ser víctimas de una operación injusta y con la profunda voluntad de recuperar sus orígenes. Largos años de lucha para lograrlo han hecho delpueblo palestino un pueblo mártir –como lo fueron antes bajo el Holocausto, los judíos–, desarrollándose en todo el próximo Oriente y más allá, en todo el mundo islámico una corriente de odio a los judíos, que se ha convertido en un movimiento extraordinariamente poderoso.

La política de los EEUU, especialmente la practicada por la Administración Bush, ha intentado resolver el problema con diversos expedientes como la "Hoja de Ruta" creando la ficción de un Estado palestino, que en realidad no sería otra cosa que un protectorado israelí. Las negociaciones llevadas a cabo con ese fin han sido un fracaso, que quemó políticamente a la coalición de Al Fatah, la que tras morir Yasser Arafat perdió unas elecciones a favor de Hamas. Norteamérica se ha resistido a aceptar este resultado electoral, utilizando el argumento de que el Partido Hamas no reconoce a Israel. Pero lo cierto es que este argumento se ha convertido en el pretexto para mantener sojuzgados a los palestinos. Declarativamente, éstos no reconocen Israel, pero en los hechos ello sólo sirve a Israel para impedir la existencia real de un Estado palestino.

Y no sólo para esto, sino para machacar con su poder militar a los árabes que residen en Gaza y Cisjordania. La cifra de muertos árabes es tan abrumadora, comparable con las víctimas israelíes, que clama al cielo.

Sin embargo, la desastrosa guerra de Iraq, obra de la estupidez humana encarnada en la Administración Bush, está a punto de introducir un cambio radical en el Próximo Oriente. La derrota de Sadam Hussein no ha sido una victoria de EEUU, y puede convertirse en una victoria para Irán. Los políticos instalados por el Ejército de ocupación en el Poder en Iraq, son chiíes y correligionarios por lo tanto de los gobernantes de Irán y este país, junto con Siria, puede convertirse en la clave de la solución de la catástrofe iraquí. En este caso el fortalecimiento de la influencia de Irán en la zona sería un golpe terrible para la hegemonía militar de Israel, que ya empezó a ser cuestionada en la reciente y disparatada agresión contra el Líbano.

La iniciativa de Rodríguez Zapatero con Chirac y el Gobierno italiano en la que se sugieren medidas nuevas para en nuevo y serio proceso de paz en Palestina es muy oportuna. Quizá ha influido ya para que se produzca un acuerdo entre Israel y las organizaciones palestinas de cese el fuego. En todo caso, Europa debería tomar iniciativas serias para dar un giro a la política que Occidente ha seguido hasta aquí en la zona, política evidentemente fracasada. En todo caso, la solución exigía de Israel una reflexión profunda sobre el futuro, ¿Es posible estar en guerra permanente con los árabes? Una isla judía en un Océano árabe ¿puede mantenerse sin una política de paz y cooperación con los árabes, sin una fuerte voluntad de corregir errores y superar los odios actuales? ¿No depende de esta incluso la existencia futura de Israel?

Los judíos convivieron pacíficamente con los árabes durante siglos, mientras la Europa cristiana los expulsaba, len mantenía en guetos, o les asesinaban en progroms.

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