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Abolir el machismo constitucional Qizás no sea ahora, tras el anuncio del sexo del segundo hijo de los príncipes, tan urgente reformar la Constitución, pero no hay que dormirse en los laureles. Si lo que espera hubiera sido varón éste desplazaría a su hermana Leonor del segundo puesto en el orden de sucesión de la Corona y le habría arrebatado el privilegio de ostentar en el futuro, cuando Felipe fuera Felipe VI, el título de princesa de Asturias. Es altamente improbable que el futurible reinara, pues consta un amplio consenso en acabar con la relegación de la mujer pero hubiéramos tenido que pasar por la ingrata tarea de arrebatar a la pobre criatura unos derechos adquiridos al nacer. Hay expertos que afirman que hubiera sido suficiente, por el momento, una ley orgánica aprovechando de forma algo forzada lo que la propia Constitución prevé en el artículo 57.5 que nunca se ha desarrollado: "Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica". Es lo que opina, Luis María Anson en conversación con el autor: "Como la propia Constitución suscita una duda pues el punto 1 del artículo 57 establece la discriminación por razón de sexo y el artículo 17 establece la no discriminación por razón de sexo, la ley orgánica resolvería provisionalmente que el niño que nazca lo haga sin derechos. El día en que los partidos se pongan de acuerdo sobre la reforma del Senado, se aprueba todo sin riesgo para la institución monárquica ni para los ciudadanos". Esta situación es hija del pecado original de nuestra Carta Magna: los constituyentes tuvieron que aceptar el hecho consumado cuando el 21 de enero de 1977, antes de las primeras elecciones democráticas y dos años antes de la promulgación de la Constitución Don Juan Carlos firmó un Real Decreto refrendado por Adolfo Suárez en el que disponía: "Su Alteza Real Don Felipe de Borbón y Grecia, Heredero de la Corona, ostentará el título y la denominación de Príncipe de Asturias. También le corresponden los otros títulos y Denominaciones usados tradicionalmente por el Heredero de la Corona". Por cierto, estos títulos adicionales son: Príncipe de Girona, denominación de los herederos de la Casa de Aragón establecido antes que el de Asturias; Príncipe de Navarra; Duque de Montblanc; Conde de Cervera; y Señor de Balaguer". Por este ucase los constituyentes tuvieron claro no sólo que el rey ya era rey desde que lo coronó Franco sino que el Heredero de la Corona sería Felipe, a la sazón con nueve años de edad, por la real voluntad de su padre. La verdad es que en aquel momento ninguna monarquía europea había cambiado el orden tradicional aunque ya existía en Suecia el propósito de modificar la norma y en Noruega un intenso debate al respecto. Ambos países son ejemplos interesantes en la medida en que dieron soluciones distintas. En Suecia y con la oposición del rey Gustavo Adolfo se despejó del derecho al varón que ya había sido designado, en beneficio de su hermana mayor, Victoria, mientras que en Noruega se aceptó el derecho del varón, Haakon, frente a la primogénita Marta, dejando la igualdad para el futuro. En España se ha optado por lo segundo y nadie ha planteado, ni ella misma, el mejor derecho de Doña Elena. La reforma constitucional que figuraba en el programa electoral del PSOE debe ser afrontada con más prisa que pausa, aunque en este momento no parecen darse las circunstancias para ello. No es un proceso fácil debido a las fuertes precauciones tomadas por los constituyentes para blindar la monarquía parlamentaria: aprobación por los dos tercios de ambas cámaras, disolución de las Cortes, nuevas elecciones y una vez constituido el nuevo parlamento debe ser aprobado por idéntica mayoría. Finalmente, hay que convocar al pueblo en referéndum. Es necesario para ello el acuerdo de los dos grandes partidos, fácil si sólo se votara la abolición de la cláusula nefasta, pero el paquete es necesario para que la reforma del título II, "De la Corona", no se interprete como un plebiscito sobre la misma; el resultado sería favorable pero una baja participación sería una contrariedad para palacio. El problema reside pues en el acuerdo sobre el acompañamiento ahora más difícil ante la tensión existente; pero cuando las cosas se ponen rematadamente mal es cuando se arreglan pues nadie quiere pagar el bloqueo de un proceso necesario.
José García Abad
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