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Sólo los vicepresidentes y los titulares de Defensa y
Justicia mantienen el aprobado
MINISTROS MENGUANTES
Todos los integrantes del primer Gabinete presidido por José Luis Rodríguez
Zapatero, en la primavera de 2004, obtenían buenas calificaciones en la encuesta —conocida como barómetro— elaborada por el Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS), en abril de ese mismo año. Ahora, con más de la mitad de la
legislatura consumida, el último estudio de este instituto demoscópico revela que
sólo la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, obtiene una puntuación
de aprobado a su gestión. Datos preocupantes para el Gobierno, como también lo
son los que indican el bajo nivel de conocimiento por parte del público de la
mayoría de los ministros.
Por P. A. N.
El adelanto de los resultados del último barómetro, correspondiente
al mes de octubre de este año,
efectuado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no contiene buenas noticias para el Ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Y no únicamente porque pone de manifiesto que la distancia en intención de voto entre el PSOE y el PP se ha reducido al nivel más bajo –menos de dos puntos– desde la victoria socialista en las últimas elecciones generales. También constituye un toque de atención el apartado referente a la valoración que hacen los encuestados de la labor de los miembros del Gobierno. Sólo uno de ellos, concretamente la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, alcanza una puntuación por encima del cinco (en una valoración entre cero y diez).
Lejos parece quedar el optimista panorama recogido en la primera andanada del CIS que incluía a los nuevos miembros del Gabinete, tras el triunfo electoral del Partido Socialista en abril de 2004. Entonces, todos los que estrenaban cartera en ese Gobierno paritario (por primera vez en la historia), superaban ampliamente esa barrera del cinco. Algunos, incluso, como Pedro Solbes, el vicepresidente segundo y ministro de Economía; José Bono, titular de Defensa, o Miguel Ángel Moratinos, flamante conductor de las relacionesinternacionales de nuestro país, sobrepasaban el 60 por ciento de la aprobación popular.
Pero, desde entonces, una tendencia decreciente se ha ido manifestando en cada consulta efectuada a lo largo de estos dos años y medio largos. Si en abril de 2004 el Gobierno en su conjunto obtenía una valoración media de 5,75 puntos, la puntuación caía al 4,74 en julio de 2005. En el adelanto de los resultados de octubre de 2006 se ha llegado al punto más bajo: los ciudadanos encuestados calificaban la labor del Ejecutivo con 4,44 puntos.
Aunque la tendencia marcada es general, no afecta por igual a todos los integrantes del Gabinete. Quien peores calificaciones viene obteniendo, casi desde el principio, es la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo. Sin duda, le ha perjudicado estar al frente de un departamento con escasas competencias, puesto que las políticas de suelo y urbanismo están transferidas a las comunidades autónomas, y que, al menos en teoría, debe hacer frente a uno de los más graves problemas de la sociedad española, y que, reiteradamente aparece en los primeros puestos del hit parade de las preocupaciones nacionales. Trujillo obtuvo una puntuación de 5,78 en el primer barómetro y, desde entonces, jamás ha vuelto a conseguir un aprobado. En octubre de 2006 sólo llegaba al 3,76, aunque aún había obtenido peor calificación en abril de 2005, con un exiguo 3,72, la puntuación más baja obtenida por cualquier miembro de un Gobierno del PSOE en esta nueva etapa.
Otro caso llamativo es el de Jesús Caldera, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales. Tras formar un tándem bien visible con José Luis Rodríguez Zapatero en la oposición al Gobierno de José María Aznar, su figura parece haberse ido oscureciendo. Primero, cuando frente a todas las previsiones, no era nombrado vicepresidente del Gobierno. Después, por la dificultad que parece haber encontrado el Ejecutivo en publicitar las iniciativas del departamento de Caldera, responsable de importantes modificaciones y leyes como las de Igualdad, la Ley Integral contra la Violencia de Género, o la Ley de Dependencia –pendiente de su desarrollo–, que parecen no haber recibido la atención mayoritaria. Tal vez por ello, uno de los llamados a ser reclamo mediático del Gobierno ha ido disminuyendo la aprobación a su gestión de modo casi constante. En octubre se quedaba en un 4,29 –su nota más baja–, para una media total durante estos 30 meses de 4,62.
También llamativa resulta la evolución en la valoración del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Con una de las calificaciones más altas de partida (6,11), su estrella ha ido decayendo hasta el suspenso, 4,36, que los encuestados le otorgan en octubre. Incluso en abril de 2005 había conseguido una puntuación inferior, 4,22. Tras un arranque prometedor, su gestión al frente de las relaciones exteriores, hasta el momento, ha conseguido una media de 4,66.
Similar es el caso de Cristina Narbona, otra de las apuestas firmes del presidente del Gobierno desde el principio. La ministra de Medio Ambiente no consigue tampoco el aprobado a su trayectoria, consiguiendo una media de 4,61, habiendo alcanzado su cota más baja en octubre pasado, con una valoración de 4,19 puntos.
Tampoco han conseguido levantar pasiones las nuevas incorporaciones al Gabinete. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, roza ese deseado aprobado, aunque no lo logra, con 4,85. Peor resulta la valoración acerca de la nueva ministra de Educación, Mercedes Cabrera. Los ciudadanos encuestador por el CIS le otorgan una puntuación de 4,31.
Pero no todos suspenden. Los dos vicepresidentes y los titulares de Defensa y Justicia sí han conseguido una media superior a ese fatídico cinco a lo largo de estos dos años y medio de gestión. La nota más alta es para el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, una media de 5,31. De las once consultas de valoración del Gobiernode José Luis Rodríguez Zapatero efectuadas por el CIS, sólo en dos ocasiones ha quedado por debajo del aprobado, en julio de 2006 (4,89) y en octubre de este mismo año (4,96).
La vicepresidenta primera es la única integrante del Gobierno que se ha mantenido por encima del cinco (exceptuando un anecdótico 4,99 en abril de 2005) en todas las encuestas de valoración efectuadas por el CIS –también siempre por encima del cinco se mantuvo José Bono durante el tiempo que
ejerció como ministro de Defensa–. En esta última, aparece como el único miembro del Ejecutivo que supera esa barrera (5,32), y en el conjunto de su ejecutoria, los consultados por el instituto de investigación sociológica la han calificado con un 5,28.
Otro que consigue salvar los muebles es el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, quien a lo largo de las consultas va obteniendo puntuaciones oscilantes –aunque latendencia de las dos últimas es a la baja– que le han permitido situar su gestión al frente de su departamento entre las pocas que obtienen aprobación de forma mayoritaria. De un 5,85 recibido en abril de 2004 ha llegado al 4,81 cosechado en la última encuesta de octubre de 2006, para una media de 5,03.
El último que ha conseguido mantener el tipo, y además, por partida doble, es el actual ministro de Defensa, José Antonio Alonso. Es el único que ha conseguido aprobar al frente de dos departamentos distintos. Curiosamente, su media es de cinco exactamente, y tanto en su valoración como ministro del Interior como en su papel al frente de Defensa.
Tan preocupante como pueda ser el descenso en el nivel de aprobación ciudadana a la gestión gubernamental, parecen los datos sobre el nivel de conocimiento de los ministros por parte de la población. Los resultados hablan de uno de los niveles más bajos de los últimos años, lo que induce a pensar que, exceptuando a los más conocidos, como María Teresa Fernández de la Vega, Solbes, Rubalcaba, Moratinos o Alonso, o bien los encuestados consideran que el resto ofrecen un perfil bajo, o la capacidad de difusión y divulgación que tiene el Gobierno acerca de sus propias iniciativas no está consiguiendo los objetivos propuestos.
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