6 9
Hemeroteca Lista Temas de portada
Buscador
Nº 717 - 20 de noviembre de 2006

El profeta de Aznar se revuelve contra Rajoy

ZAPLANAZO

Eduardo Zaplana ha incurrido en un conflicto de intereses. Los suyos, y los de la mayoría. La que representa Mariano Rajoy en el PP, que se ha aferrado al timón del partido con unos bríos hasta ahora desconocidos, y la que representa Francisco Camps en la Comunidad Valenciana, donde los fieles al presidente del Consell van ocupando el espacio de poder que aún le queda a los zaplanistas. Pero al portavoz parlamentario en el Congreso le ha salido el tiro por la culata. Sus críticas al resultado del PP en las catalanas y al Estatuto andaluz, su intento por mantener vivo el 11-M, y sus esfuerzos por asegurar su feudo de poder en las listas electorales de 2007, han tenido una respuesta rotunda. Uno por uno, Rajoy ha desmontado todos los frentes abiertos por Zaplana, que asiste a uno de sus momentos de mayor soledad política. Pero aún es pronto para dar su batalla por perdida, máxime cuando goza de un aliado de la talla de Aznar. Ya lo dice otro seductor como es Don Juan Tenorio:
“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”.

 

Por Virginia Miranda

Las únicas agrupaciones que controla son Pradillo, 42 y Alfonso XI, 4”. Con cierta ironía no exenta de maledicencia, algunos diputados del Congreso, al ser preguntados por la cuota de poder de Eduardo Zaplana, remiten a las redacciones de El Mundo y la COPE, sitas en estas dos calles de Madrid. La popularidad del portavoz popular en la Cámara Baja atraviesa uno de sus peores momentos y apenas le quedan compañeros de viaje en la arriesgada travesía en la que se ha embarcado. Y entre los que le quedan, no resulta muy recomendable que los dos medios que con más sana fustigan al PP de los maricomplejines sean los más íntimos.

Zaplana se ha convertido, sin quererlo, en el protagonista del momento. Más bien habría que decir que no es éste el protagonismo que buscaba, acostumbrado, como buen seductor, a que la vida y la política le sonrían sin grandes dificultades. Tal vez ese haya sido el problema; que haya confiado demasiado en sí mismo para lanzarse a la piscina sin comprobar antes si había agua dentro. De otra forma no se entiende que se haya dedicado a lanzar órdagos a diestro y siniestro sin haber calibrado antes las consecuencias.

Zaplana, y así lo reconocen en el PP, acaba de cometer dos errores; el tiempo dirá si tan graves como para apartarle de la primera línea política. El primero, contradecir a Mariano Rajoy, que al fin y al cabo es el presidente del partido y, por el bien de todos –el del portavoz, el del líder y el del partido–, no puede dejar que el jefe de su grupo parlamentario ponga en entredicho su autoridad. Y el segundo, pretender seguir manejando los hilos del PP en la Comunidad Valenciana cuando el presidente del Consell goza de un respaldo mayoritario e incuestionable.

Las elecciones catalanas, la aprobación del Estatuto andaluz y la investigación sobre el 11-M. Eduardo Zaplana se ha puesto el mundo por montera y, sin más comparsas que Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos, se ha salido del guión para hablar en nombre no se sabe muy bien de quién –si de sí mismo, si de ciertos intereses mediáticos, tal vez del omnipresente José María Aznar–, pero desde luego no en nombre del partido. El periódico de Pradillo 42 publicó, el mismo día en que Rajoy tenía previsto abordar en su Comité Ejecutivo el resultado del PP catalán en las elecciones del 1-N y la aprobación por consenso del Estatuto de Andalucía, una tribuna libre donde el portavoz parlamentario analizaba, por su cuenta y riesgo, estas dos cuestiones. De la primera dijo que “no cabe duda de que el PP debe hacer en Cataluña una medida de reflexión sobre los pasos a seguir de ahora en adelante para que nuestras ideas acerca de la Cataluña plural y el grave perjuicio que ha supuesto el Estatuto, tengan un apoyo mayor”. De la segunda decía, horas después de que él mismo votara a favor de la reforma andaluza en el Congreso –aunque pareció hacerlo a regañadientes, porque no secundó a la mayoría de la bancada popular que aplaudió el resultado de la votación–, que “son muchos los españoles que no ven la ganancia en este lío estatutario por ningún lado y que cada vez se sienten más desapegados de estas filigranas bizantinas”.

Una cosa es lo que piense y otra lo que le conviene al partido. Mariano Rajoy puede estar de acuerdo en el fondo, pero en la forma, es consciente de que lo mejor para la formación y para los líderes territoriales es alcanzar el consenso en lo que a reformas estatutarias se refiere. Y sobre todo, Génova no puede entrar en colisión con los barones del PP, y mucho menos leerles la cartilla desde un medio de comunicación.

Así las cosas, el cartagenero ha logrado colmar la paciencia de Rajoy, que en un inusitado arranque de liderazgo ha decidido poner a cada uno en su sitio. Ha cerrado filas en torno a Josep Piqué y Javier Arenas y ha desautorizado a su portavoz parlamentario. Cuando los periodistas le preguntaron si compartía sus críticas a las reformas estatutarias después de haber aprobado la andaluza, contestó: “¿Con el voto del señor Zapalana, quiere decir?. Ya está está contestada su pregunta”.

Rajoy sabe lo que se hace cuando decide prescindir de su aparente equidistancia para tomar partido. El líder del PP y sus presidentes autonómicos se necesitan mutuamente, y del mismo modo que éstos requieren del respaldo sin fisuras de la dirección nacional, el jefe, que por fin parece dispuesto a reconducir al partido hacia el centro político, necesita de los barones moderados para resolver con éxito esta empresa. Y todos ellos, Francisco Camps en la Comunidad Valenciana, Jaume Matas en Baleares, Javier Arenas en Andalucía, o Alberto Núñez Feijoó en Galicia –acaba de acordar con el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, que buscarán un “estatus identitario” para la autonomía igual al de las demás “nacionalidades históricas”–, se han embarcado en la aventura estatutaria. De modo que le parezca o no oportuna, Rajoy no puede ni debe plantearles objeciones.

La estrategia de oposición al Gobierno a cuenta de la investigación del 11-M ya se ha agotado. Hace tiempo que el líder popular dejó de echar la vista atrás para centrarse en los problemas reales y sólo se le oye levantar la voz para hablar del proceso de paz, que seguirá siendo su principal frente de batalla contra Zapatero. Incluso su secretario general, Ángel Acebes, ha rebajado el tono de las otroras incendiarias declaraciones sobre el mayor atentado de la historia de España. En cambio, Eduardo Zaplana, jaleado nuevamente por sus dos medios afines, se resiste a abandonar este frente. Después de que El Mundo le conminara a “demostrar su compromiso con la búsqueda de la verdad” y controlar y denunciar los desmanes del Gobierno”, el portavoz popular anunció que su grupo parlamentario iba a solicitar una comisión de investigación sobre la “falsificación” del informe de los peritos en el asunto del ácido bórico, al que periodistas y político se han agarrado como a un clavo ardiendo para tratar de afianzar una duda razonable sobre la relación entre los terroristas islamistas que perpetraron la masacre y ETA.

Eduardo Zaplana se podría estar jugando su estatus en el partido. Apenas hay populares que le secunden y ya han sonado algunos nombres para reemplazarle en la portavocía parlamentaria, como el de Gustavo de Arístegui o el de Ignacio Astarloa. Pero Rajoy no le va a dar motivos al PSOE para que se ensañen con él y de aquí a las generales de 2008, es posible que recupere la confianza en el que fuera presidente autonómico. También podría ser que su principal aliado le salve de la quema, a quien por cierto acompañó en su reciente viaje a Colombia para participar con su presidente, Álvaro Uribe, en un seminario organizado por FAES. José María Aznar y su último ministro de Trabajo se encuentran en perfecta sintonía, y aunque Zaplana haya querido marcar distancias asegurando que él no es “ni aznarista ni marianista”, sus planteamientos sobre la unidad de España o el 11-M están en línea con los del ex presidente.

Aznar es su principal apoyo político. También podría mencionarse al secretario general del PP y a la presidenta madrileña, aunque conviene hacer matizaciones. Acebes y Zaplana forman un tándem sólido y efectivo porque a los dos les interesa. El perfil conservador y tradicional de uno y el carácter liberal del otro les distancia en lo personal. Y en lo político, Acebes es un hombre de aparato, mientras que Zaplana apenas tiene más contactos de los necesarios con Génova. Además, dicen fuentes cercanas al PP que no se lleva muy bien con la nueva jefa de prensa, Carmen Martínez Castro. Esperanza Aguirre comparte con el diputado un amigo y una razón de ser política, José María Aznar, y unos mismos admiradores, Pedro J. y Jiménez Losantos.

En el Congreso, el portavoz popular apenas tiene un puñado de fieles, pero eso no significa que el resto de parlamentarios le vayan a dar problemas, siendo como son muchos de ellos recién llegados. Su núcleo lo conforman cuatro personas; Vicente Martínez Pujalte, el único que ha salido públicamente a defender a su paisano diciendo que sus opiniones vertidas en El Mundo son compartidas por todo el PP; Ana Torme, diputada por Valladolid; Antonio Luis Martínez Pujalte, su jefe de gabinete y hermano del parlamentario; y Elena Sánchez, jefa de prensa de Zaplana en la Comunidad Valenciana, en el Ministerio de Trabajo y ahora en el grupo popular del Congreso.

Esta polémica, la que ha distanciado a Rajoy de su portavoz, se viene a sumar a otro conflicto de intereses del ex presidente autonómico, que nunca ha dejado de mirar hacia la Comunidad Valenciana con deseos políticos. Zaplana es como el perro del hortelano. Fue él quien se marchó y quien nombró a su sustituto, pero no le deja maniobrar a su antojo. El problema es que, ahora que Francisco Camps se ha asentado plácidamente en el liderazgo del PP y que ya nadie le echa de menos, a los zaplanistas no les queda mucho margen de maniobra.

Alicia de Miguel, Miguel Peralta y Gema Amador en las consellerías -la última, sin cartera, dirige el departamento que gestiona los recursos a las ONG-, Julio de España en la presidencia de las Cortes; y José Joaquín Ripoll en la presidencia de la Diputación de Alicante. Este es su núcleo duro en la autonomía. Apenas una mínima representación que, con un president decidido a ocupar todo el espacio de poder en el partido, difícilmente pueden cumplir con las expectativas de Zaplana.

Aunque sí pueden hacer ruido. Por ejemplo en la elaboración de las listas para las municipales de 2007. El PP valenciano ha nombrado a un comité de campaña donde ha quedado excluído el entorno del portavoz parlamentario, que ha hecho público su malestar -concretamente protestó el presidente de la Diputación alicantina- y a punto ha estado de reeditar las peleas fraticidas que parecían estar superadas.

Pero Mariano Rajoy, se entiende que con el fin de respaldar a su barón autonómico y no en venganza con su número tres, durante su visita a la capital del Turia para clausurar un congreso del Instituto de la Empresa Familiar aprovechó para dejar claro que se siente “orgulloso” de su partido en la Comunidad y para calificar a Francisco Camps de presidente “ejemplar”.

Su dirección “ha demostrado, y no a mí sino a la sociedad valenciana, que actúan con mucho sentido común y equilibrio, y punto”. El presidente popular lo dejó bien claro. Y por si había alguna duda, añadió que ”siempre me parecerán bien las decisiones del presidente y del comité ejecutivo del PP-V y haré lo que digan ellos”. Con lo que quiso decir que no hay más autoridad que la de Francisco Camps en la elaboración de las listas.

Antes de mayo de 2007, Zaplana habrá perdido otro de sus bastiones. Será en los próximos días, cuando la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) renueve sus consejeros, la mayoría de ellos, el 80%, nombrados por el ahora diputado nacional. La intención de Camps es depurar el órgano de dirección y eliminar los vestigios de su antecesor. Y para ello cuenta nuevamente con el beneplácito de Rajoy.

Dicen de Eduardo Zaplana que es un político muy hábil y seductor, dos atributos con los que ha sabido moverse desde sus comienzos en la alcaldía de Benidorm como pez en el agua. Que es muy trabajador y que ha sabido sacarse partido para promocionarse dentro del Partido Popular. Parece pues difícil pensar que le vayan a faltar recursos para sobreponerse de ésta, y quienes le den ya por muerto y enterrado, es muy probable que se lleven una sorpresa. Ya lo dice otro seductor como el cartagenero, el universal personaje de Don Juan Tenorio: “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”.

El ‘progre del PP’ vuelve a dar muestras de moderación

Quién lo iba a decir de Don Manuel. El que fuera ministro de Franco y líder de Alianza Popular, tiene más amplitud de miras que muchos de sus correligionarios.

Hace año y medio, El Siglo le llamaba El progre del PP (ver portada del número 642) porque no le dolía en prendas hablar a favor de la reforma territorial y el cambio de la Constitución. Ahora, Manuel Fraga vuelve a hacer un ejercicio de moderación, y sobre todo de fidelidad a la dirección nacional del PP, criticando la salida de pata de banco del portavoz parlamentario y defendiendo a Josep Piqué y Javier Arenas.

El diario ABC acaba de publicar una entrevista con el ex presidente de la Xunta donde afirma rotundo que “Eduardo Zaplana se ha equivocado en este asunto [la reforma del Estatuto de Andalucía]. Yo creo que es impecable y constitucional”. De Piqué y el resultado de su partido en las recientes elecciones del 1-N dice que “hemos sido sometidos a lo que nadie se ha visto sometido en las campañas de los últimos años. Y por tanto tengo que rendir tributo al PP catalán”. Y de la recién aprobada reforma andaluza asegura que es “perfectamente aceptable”.

Sobre otras cuestiones planteadas en la entrevista ofrece planteamientos semejantes. De la reforma prevista en Galicia, asegura que su sucesor, Alberto Núñez Feijoó, le ha aclarado que se logrará un consenso a base de transacciones semejantes a las de Andalucía. Incluso se desmarca de las tesis de la derecha extrema sobre el 11-M y el intento de implicar a ETA en la masacre. “Yo no quiero entrar en esa polémica. Hay que seguir lo que dicen los jueces, y los jueces llevan la mejor línea”.

La respuesta no se ha hecho esperar. Federico Jiménez Losantos, que ya en alguna ocasión ha amenazado con rememorar su pasado franquista después de que Fraga conminara a la cúpula del Partido Popular a no escuchar la COPE, quiere su jubilación. Dijo el locutor de la emisora de los obispos después de leer la entrevista que Fraga “no ha sabido retirarse a tiempo”, e hizo un llamamiento a Génova para que le retire de su puesto en el Senado. Y como le venía al pelo, aseguró que si no lo hace perderá las elecciones en Madrid como lo hizo Fraga en los últimos comicios gallegos; según Jiménez Losantos, Alberto Ruiz-Gallardón es la “criatura” de Fraga y, por esa regla de tres, también caerá en desgracia.

Suerte para Don Manuel  que tiene mucha mili para que le afecten este tipo de comentarios.

La derecha mediática va a por todas

Cualquiera diría que El Mundo y la COPE son el núcleo duro de la derecha mediática. Con amigos como éstos, el PP no necesita enemigos. Uno a uno, los líderes populares han ido cayendo en desgracia, y sólo unos pocos merecen el dudoso honor de ser la gran esperanza de Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos en una hipotética catarsis dentro de la formación. Rajoy, Piqué, Gallardón, Arenas... No han dejado títere con cabeza. Ni siquiera Ángel Acebes merece ya la unánime aprobación que hasta hace poco le brindaban. Ahora es Eduardo Zaplana -con el permiso de Esperanza Aguirre, amiga de ambos, sobre todo del aragonés, y  siempre bien considerada por los dos periodistas- quien es acreedor de sus alabanzas. Después de que el portavoz del PP en el Congreso pidiera una comisión de investigación sobre el dichoso ácido bórico, Losantos, en sus Comentarios Liberales del periódico El Mundo, observaba que “no se puede equiparar, con ánimo de equidistar, el comportamiento decente y leal de Zaplana con las víctimas del 11-M, con el de Gallardón”. Y qué decir de Pedro J., que anima desde las páginas de su rotativo a que el líder del grupo popular en la Cámara Baja dé rango político a la “investigación periodística” que impulsa, promueve y justifica él mismo.

Tal es el grado de acoso mediático al que los dos medios, El Mundo y la COPE, han sometido al Gobierno y al propio Partido Popular, que el resto de la prensa afín a la derecha ha marcado distancias dejándoles solos en esta batalla encarnizada. Aunque puede que dentro de poco reciban refuerzos. Además de Libertad Digital TV, la tele de Losantos que está a punto de estrenarse, corren rumores entre el mundo periodístico de que el anunciado desembarco del magnate Rupert Murdoch no se haga esperar. Dicen que el líder del imperio News Corporation, asesorado por José María Aznar, podría entrar en Antena 3 y hacerse con todos los medios de comunicación de José Manuel Lara. Eso incluiría al diario La Razón, que podría recuperar a Luis María Anson. El propio Zaplana, sin embargo, acaba de desmentir en Antena 3 estas informaciones.

Franquismo político y sociológico, por Enric Sopena


Hemeroteca
Lista Temas de portada
Buscador