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Nº 717 - 20 de noviembre de 2006

Luis Antonio de Villena, poeta y escritor

El problema de España es que la derecha aparece ligada al catolicismo”

El poeta y escritor Luis Antonio de Villena se prometió a sí mismo que nunca más querría saber nada del colegio Nuestra Señora del Pilar, uno de los más famosos y elitistas de Madrid en el que estudió desde 1962 hasta 1968. En él también estuvieron, entre otros nombres conocidos, José María Aznar, Alfredo Pérez Rubalcaba, Javier Solana, Luis María Anson y Fernando Savater. Su madre deseaba para él la educación más distinguida, lo que no supo es que su hijo sufriría, durante los primeros años, lo que hoy se conoce como acoso escolar. Ser “diferente” le hizo refugiarse en la literatura, tal y como narra en su último libro: Mi colegio (Península).

Por Luis Marchal

En un principio la editorial le encargó que hiciera una crónica periodística de su escuela, ¿se convirtió en un ajuste de cuentas?

—La expresión “ajuste de cuentas” es muy dura. La editorial me pidió hacer un libro periodístico de un colegio donde habían estudiado muchos famosos. Eso significaba muchas anécdotas que yo no tenía, porque la mayoría de ellos no coincidieron conmigo. A Luis Alberto de Cuenca y a Fernando Savater les conocí allí, pero les traté realmente fuera del colegio. Por tanto, me salió un libro íntimo de memorias, profundamente literario. Es una introspección en un muchacho que cuenta lo que era la educación nacional católica, en la España de los años 60 y en un colegio de lujo. Al mismo tiempo, narra cómo ese niño sufre acoso escolar, que ya existía aunque no tenía nombre, y cómo después asume que es diferente, porque se lo han dicho, a través de la literatura. Se acaba convirtiendo en un alumno brillante. Entra como una víctima y sale como un triunfador. Es muy importante el subtítulo: “Esplendor y tormento de un escolar adolescente”.

—En el libro hay varias voces.

—La voz adulta, la de este momento, que es serena, que ha olvidado y que ha pasado página. Cuando habla la voz del muchachito herido, llama “hijos de puta” a los animales y seres inclementes que le acosaron durante tres años. No me interesa nada saber lo que fue su vida. Les deseo el más absoluto olvido.

—Fue acusado de ser “raro” porque, según usted, era tímido y no le gustaba jugar al fútbol.

—No me unía a los parámetros de la mayoría. Eran chicos muy brutos. Una brutalidad característica del machismo. Al ser tímido y no gustarme pegar balonazos, me vieron como distinto. Y esto, para el machismo, quiere decir femenino. La emprendieron conmigo y desembocó en acoso escolar. Se metían conmigo de una manera continua, intentando humillar y degradar. Eso lo hacía una minoría, porque el acoso, normalmente, lo llevan a cabo cuatro de un conjunto de veintidós. La gran mayoría no interviene, pero tampoco ayuda.

—¿Quiénes son más culpables: los que acosan o los que integran esa “mayoría silenciosa”?

—Los culpables son los acosadores, son el fruto de un machismo maleducado propio de aquella España. En este caso, tiene más fuerza porque hablamos de hijos de la alta burguesía. Resultaban ser de una terrorífica crueldad y algunos de ellos eran verdaderos animales salvajes. La mayoría silenciosa no tiene más culpa que de ser incapaz de defender sus ideas y de decir lo que piensa.

—¿Se habría suavizado ese machismo si El Pilar hubiese sido mixto?

—Creo que sí. Como digo en el libro, en mi colegio no había mujeres ni en la secretaría. Aunque, también hay machismo ideológico entre ellas. Hay chicas que acosan a otras chicas, que se comportan con parámetros machistas. Lo acabamos de ver con la chica de Ponferrada.

—Cuando se preguntaba “¿qué me ocurrirá hoy?” al ir al colegio, ¿se encontraba más cerca de la denuncia o de la huida?

—La denuncia no tenía sentido en aquel tiempo. Los padres habrían ido a hablar con el director del colegio. En cualquier caso, éste les habría dicho que el chico era muy mimado y que necesitaba más mano dura, que era el elemento pedagógico de la época. No había más que la posibilidad de huir mentalmente, lo que me llevó a la literatura y a leer mucho.

—Finalmente, ¿ser diferente se convirtió en motivo de orgullo?

—Sobre todo en los dos últimos años. Empecé a escribir y mis primeros balbuceos literarios están ahí.

—Sostiene que “necesitamos urgentemente una sociedad más laica y mucho menos machista” en España. ¿Qué considera que debe hacer un Gobierno para conseguirlo?

—Es muy complicado porque llevamos muchos años sometidos a la Iglesia. Que sea católico el que quiera, pero hay que recordar que el Estado es laico, quien legisla y gobierna para ciudadanos. Tiene que respetar a todas las ideologías. Hay que dejar de favorecer a la Iglesia católica, que sea una más. Hasta 1969 no había libertad religiosa, se era católico por obligación. Eso se ha olvidado.

—Mantener o no la asignatura de religión suscita una gran polémica.

—Los obispos han tenido y tienen mucho poder material. Cuando han visto que se lo iban a quitar, se han puesto como fieras. La Conferencia Episcopal Española es una de las más reaccionarias de Europa. Son gente de ultraderecha. No han entendido aquello que dijo Jesucristo en el Evangelio de “mi reino no es de este mundo”; porque tienen dinero, emisoras y poder. Además, manejan a la opinión pública. No son mansos ni caritativos, sino guerreros.

—Ha afirmado que en la escuela recibían una educación nacional católica muy dura, sin embargo allí estudiaron iconos tanto de derechas como de izquierdas.

—Era una educación que teníamos que tener todos. Eso sí, la parte nacional era muy mitigada. No era un colegio franquista. Era muy de derechas, pero el lado falangista se ocultaba. Apenas oí hablar de Franco en la escuela, mientras que el catolicismo estaba hasta en la sopa.

—¿Cómo son los que han estudiado en El Pilar?

—He recibido por correo electrónico una excusa de un ex compañero de la primera época. Me pedía perdón por haber participado, en pequeña medida, en el acoso escolar al que me sometieron. Su carta, la que agradezco, es totalmente pilarista: por un lado, pide perdón y, por otro, realiza un sermón sobre la vida y la rectitud. Este hombre es el prototipo de pilarista.

—El Pilar fue cuna de la clase política: José María Aznar, Javier Solana, Alfredo Pérez Rubalcaba, Jaime Lissavetzky,… ¿Los considera arquetipos pilaristas?

—No sé hasta qué punto lo serán ahora. Me parece que Aznar sí debe ser un prototipo de pilarista. Los marianistas nos decían que del colegio habían salido los mejores de España, los hombres más ilustres. A Aznar no le vi nunca allí, aunque estaba un curso inferior y se acordaba de mí porque yo escribía en la revista Soy pilarista. Pérez Rubalcaba y Lissavetzky estudiaban en mi mismo año, aunque yo hacía Letras y ellos Ciencias. Lo que es curioso es que les vi durante mi adolescencia todos los días en el recreo, estaban siempre juntos, y nunca nos han presentado.

—A su escuela también fueron Juan Luis Cebrián, Luis María Anson o Alfonso Ussía…

—La editorial mandó un ejemplar de Mi colegio a Anson. Le puse una dedicatoria que decía algo así como “supongo que tus recuerdos son mucho mejores que los míos”.

—Mi colegio está lleno de retratos sociológicos. ¿En qué ha cambiado España desde entonces?

—Ha cambiado mucho superficialmente. Es un país mucho más abierto, mucho más rico y mucho más plural. No obstante, hay cosas que no han cambiado por dentro. Por ejemplo, esa tenacidad de la educación machista y el sometimiento de la derecha española a la Iglesia católica. Eso hace que haya mucha gente que sigua pensando que la derecha española es rara y atípica. Sólo la española y la italiana son siervas de la Iglesia católica. No me considero de derechas, pero, a lo mejor, lo podría ser en Francia. Nunca en España, porque soy una víctima de la Iglesia católica.

—¿Ese es el problema de España?

—Sí. La derecha aparece indisolublemente ligada al catolicismo y es algo que debería superar. Hay que aplaudir a Alberto Ruiz-Gallardón por casar a unos gays cuando el obispo de Madrid prácticamente le ordenó que no lo hiciera. No hacer caso a la Iglesia es un ejemplo que debería seguir la derecha española.

—Por lo que dice, ¿es Gallardón la aguja del pajar?

—A lo mejor no es tan aguja. Es tan de derechas como Ángel Acebes, salvo que éste es de la derecha antigua y berroqueña y da miedo. Con Gallardón, que es de la derecha musical, uno puede entenderse. El alcalde de Madrid ha entendido que hay una derecha moderna que tiene que separarse de la Iglesia católica, mientras que la mayoría de los hombres del PP son derecha antigua. En esto tiene mucha culpa Aznar. Su segunda legislatura como presidente del Gobierno con mayoría absoluta hizo mucho daño a la derecha española, volvió a sacar las esencias tridentinas y monolíticas.

—¿Cree que la derecha española se acabará modernizando?

—Lo espero. Me gustaría porque siempre habrá partidos de derechas. Creo que tienen que ser plenamente democráticos, plenamente modernos y plenamente laicos.

—Por cierto, ¿teme que le puedan acusar de oportunista por publicar Mi colegio en un momento en que los casos de bulling frecuentan los periódicos?

—Por desgracia, el acoso escolar es un tema de actualidad. Todos los que me hablan del libro se fijan en que cuento que lo padecí durante tres años. Pero, lo hago sólo en dos capítulos. Una asociación me llamó para que formara parte de una especie de comité de expertos sobre el tema. No les he contestado porque no he escrito un libro sobre el acoso escolar. Nadie, por ejemplo, me cita el capítulo que dedico a un amor adolescente.

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