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Nº 717
20/11/2006

Franquismo político y sociológico

Fraga Iribarne, el anciano don Manuel, genio y figura, echó el otro día una mano a los moderados –o considerados así– de su partido. Lo hizo en declaraciones a ABC, que se ha convertido recientemente en el periódico de la derecha con aroma centrista. "Zaplana se ha equivocado. El Estatuto de Andalucía es impecable y constitucional", sentenció quien hace treinta años fundara Alianza Popular, tras haber predicado, es cierto, su fervor centrista en los últimos tiempos de la dictadura, siendo embajador en Londres. A Fraga le ocurrió que el hechizo del centro le fue arrebatado por Adolfo Suárez, cuando el Rey lo nombró presidente, después de que a Carlos Arias lo hubiera destituido Su Majestad. Montó Suárez la UCD y se quedó con el santo, la limosna y la patente centrista para desesperación de don Manuel. También se quedó compuesto y sin centro José María de Areilza, célebre opositor de salón –entre Estoril y La Zarzuela–, quien acuñó la expresión feliz de "derecha civilizada".

Descalificó Fraga a Eduardo Zaplana –el gran amigo de Federico Jiménez Losantos y de Pedro J. Ramírez– y algunos han creído ver, además, que el viejo patrón de AP/PP en realidad estaba descalificando a José María Aznar. Zaplana ha pasado a ser el máximo exponente en el PP de, según la versión de Rodríguez Zapatero, la nueva extrema derecha. Ahora se comenta mucho que Mariano Rajoy estaría intentando escorarse hacia ese territorio, pero todo esto hay que tomárselo con cautela. El PP no ha dejado desde tiempos remotos de viajar hacia el centro. Su desgracia es que no acaba de alcanzar nunca la tierra prometida. Fraga –que es incombustible– se ha atribuido el inmejorable papel de avalador del centrismo. "Fraga –sostiene Herrero de Miñón en sulibro de memorias– siempre había considerado a Alianza Popular como una finca de su propiedad". ¿Sigue creyéndolo ahora? Probablemente, sí, de modo que en ABC echó flores también a Josep Piqué: "Tengo que rendir tributo al PP catalán. Con la presión a la que se han visto sometidos, obtener casi el mismo número de diputados es muy razonable". Y, por supuesto, a su predilecto Alberto Ruiz-GaIlardón: "Lo hace muy bien. Por eso despierta envidias y contradicciones. Es un número uno del PP". ¡Gallardón, número 1, temblad, temblad, malditos!, debió de pensar don Manuel al decirlo.

El 21 de octubre de 1976, casi un año transcurrido desde la muerte de Franco, se presentó en Madrid Alianza Popular. En su manifiesto, el partido creado por Fraga proponía "una actitud constructiva, moderada y abierta al futuro con ánimo de colaboración y entendimiento para resolver los problemas de España", aunque advertía asimismo que "se opondrían a la legalización de los grupos comunistas, terroristas o separatistas que apuntaban contra el Estado español y que no respetaban las reglas del juego democrático". Según escribió Alfonso Osorio, efímero vicepresidente con Suárez, también en sus memorias políticas (Planeta, 1980), "en esencia lo que pretendía Alianza Popular era la captación del franquismo sociológico. Pero tal y como se planteó lo que realmente capitalizó fue el franquismo político, más residual y menos significativo (...) Mientras, el llamado franquismo sociológico (...) se inclinaba hacia otras opciones democráticas más de centro". Con el tiempo, la UCD se hundió y la mayoría de sus simpatizantes se pasaron al PR La consecuencia fue que el franquismo sociológico y político terminaron por fundirse. De ahí las dificultades objetivas de un giro centrista de verdad en el PP.

Enric Sopena

 
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