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Albert Rivera, presidente de Ciutadans-
Partido de la Ciudadanía
"EL PRIMER TRIPARTITO
FUE NEFASTO. REEDITARLO
ES MUY NEGATIVO"
Tiene 26 años, es abogado de profesión y presidente de Ciutadans-Partido de la
Ciudadanía, una nueva formación política catalana que consiguió tres diputados en
las elecciones autonómicas del pasado 1 de noviembre y que ha recibido críticas de
todo el arco parlamentario catalán. Nacionalistas, socialistas, independentistas,
ecosocialistas y populares acusan al nuevo partido, impulsado hace año y medio
por un grupo de intelectuales, artistas y profesionales procedentes de la izquierda,
de ser un grupo de provocadores que quiere dividir a la sociedad. Para algunos, son
ultraderechistas y nacionalistas españoles encubiertos; para otros, izquierdistas
irresponsables. En este entrevista con EL SIGLO, Albert Rivera destaca: "Los
verdaderos problemas de Cataluña son la vivienda, la sanidad y la educación, la
ecología, la inseguridad ciudadana, la integración de los inmigrantes y no la
identidad, el himno, la lengua o la bandera que cuelgue en el castillo de Montjuic".
Por Paco Soto (Barcelona)
¿Qué valoración hace su partido de la reedición del tripartito tras las elecciones del 1 de noviembre?
—Para nosotros no ha sido una sorpresa. Ciutadans ya dijo durante la campaña que el PSC, si pudiera, reeditaría el tripartito. Así se ha vuelto a cumplir. Lo esperábamos. Lo vemos con cierta preocupación, porque representa la continuidad de algo que ha sido nefasto para la inmensa mayoría de los ciudadanos catalanes. El balance que podemos hacer del primer tripartito es negativo, porque hubo mucha crispación, poco avance social y mucho avance identitario. Por lo tanto, volver a reeditar el tripartito, en el que ERC va a tener aún más protagonismo, es algo negativo.
—¿Por qué razones cree que el PSC ha vuelto a pactar con ERC?
—Pues porque, a pesar del cambio de candidato, prefiere decantarse por el acuerdo con los nacionalistas y defiende una política identitaria. Por otra parte, vemos que se ha vuelto a cumplir que la fuerza más votada, CiU,no ha tenido el triunfo que esperaba, y esto provoca también desazón y desinterés por la política en amplios sectores de la ciudadanía. Mucha gente está harta de lo que pasa en Cataluña. Nosotros vamos a llevar a cabo una oposición constructiva en la medida de lo posible. Ciutadans apoyará las políticas sociales en las que podamos coincidir con el PSC, ERC o ICV-EUiA, pero siempre que se defiendan cosas que interesan de verdad a la ciudadanía. Lo que no vamos a dejar pasar es que ERC, sobre todo, vuelva a marcar una línea de política identitaria y de crispación.
— ¿A qué se refiere exactamente?
— No queremos volver a oír que hay que boicotear los productos españoles en Cataluña. No queremos que se pierda el tiempo hablando de referendos como el de Montenegro o que se lleven a cabo campañas que dan una mala imagen de Cataluña en el resto de España. Si siguen por ese camino, nos encontrarán enfrente.
—Ustedes afirman que el PSC ha traicionado a una parte de sus electores al pactar con ERC.
— Sí, es verdad. Algunos pensaron erróneamente que Montilla rompería con la estrategia nacionalista llevada a cabo por Maragall. Nosotros hemos recogido muchos de nuestros votos de este sector social. Montilla no representa un cambio político con respecto a Maragall y su deriva nacionalista. Al revés, en el nuevo tripartito ERC tendrá aún más poder.
— De todos modos, los descontentos están también en otros partidos, porque hay algunos sectores de votantes de ERC que se sienten traicionados por Josep Lluís Carod-Rovira, y dicen que "se ha entregado al PSOE".
— Me parece lógico. ERC es un partido independentista, y el PSC no. Puedo entender este enfado, pero creo que ERC ha pactado con el PSC porque sabía que saldría ganando. Va a tener más fuerza en el Gobierno y más margen de maniobra para aplicar su política y su ideario.
— Entonces, ¿por qué no pactó con CiU?
— Pues quizá porque lo iba a tener más difícil y CiU no le hubiera permitido tanto poder en el Gobierno. Insisto: ERC es el partido que ha ganado más con este pacto.
— ¿No le llama la atención que en su primer discurso tras el acuerdo tripartito tanto Montilla como Carod-Rovira insistieran en que el Gobierno dará prioridad a las políticas sociales y no a las identitarias?
— Creemos que lo han hecho de cara a la galería. Cuando alguien se defiende de algo antes de que lo acusen es porque tiene algo que esconder. Me parece muy gracioso que ERC diga ahora que no va contra ninguna lengua. ¡Es mentira! A ERC le molesta que la mitad de los catalanes se expresen en castellano y quiere que el castellano quede reducido al ámbito privado. Nosotros sí que defendemos que no hay que juzgar a la gente ni por su origen ni por la lengua que habla.
— ¿No pensará que un grupo como el suyo, que es pequeño y sólo tiene tres diputados, preocupa seriamente a las demás fuerzas políticas?
— Lo que ocurre es que tanto el tripartito como CiU y el PP han visto la alta abstención que ha habido en las elecciones y han visto que nace un partido como el nuestro en tres meses y medio. Y esto les preocupa, porque molestamos.
— ¿La alta abstención en el referéndum del Estatuto y en las elecciones autonómicas es uno de los principales síntomas de que una parte sustancial de la ciudadanía se ha alejado de la clase política catalana?
— La abstención, los votos en blanco y los 90.000 votos de Ciutadans demuestran que en Cataluña la clase política y el debate que ha ocupado el Parlamento durante tres años están muy alejados de lo que la ciudadanía desea. Durante 23 años gobernó CiU y una parte de la ciudadanía estaba de acuerdo con su política y otra parte no. Resulta que hay una opción de cambio posible, una esperanza que se frustró enseguida y que desembocó en un gobierno que, lejos de mejorar las cosas, en bastantes aspectos las empeoró. Ha habido más crispación que en la larga etapa de CiU y el Gobierno de Pasqual Maragall ha abusado más de la política nacionalista que Jordi Pujol. El tripartito ha decepcionado a mucha gente.
— Pues el tripartido de Maragall afirma que en tres años ha hecho más política social que CiU en 23.
— Decir esto es una tomadura de pelo. No se lo creen ni ellos. ¿Es una broma? ¿Es un chiste? Hay hechos claros: de las 30.000 guarderías que prometieron, según el Pacto del Tinell, sólo se han conseguido 6.200. Sólo se ha construido un 12% de la vivienda social prometida y el Pacto por la Educación se ha quedado en la nada. Las listas de espera en la Seguridad Social en Cataluña son de las más altas de España, y la culpa no es de Madrid porque la sanidad está en manos de la Generalitat. En la educación, la aplicación de la sexta hora lectiva ha sido un desastre, porque se ha aplicado sin consenso. Los médicos de la sanidad pública llevan meses protestando por la baja calidad del servicio. El despliegue de los Mossos d'Esquadra ha sido desastroso y han tenido que venir guardias civiles a Cataluña. El tripartito, y antes CiU, ha abandonado los asuntos sociales o no los ha tratado con el debido respeto.
— ¿Cuál va a ser vuestra estrategia parlamentaria al margen de que habléis en catalán o en castellano en la Cámara?
— Nuestra prioridad es intentar conseguir un giro en la política catalana. Ya lo hemos conseguido con el discurso. Hasta ahora, los partidos estaban más preocupados por la lengua en que se tienen que hacer los debates que por los problemas sociales. El objetivo de Ciutadans es conseguir que la lengua que hables, la cultura que tengas o lo que hagas en tu casa no importa. Pero en el ámbito público hay que impulsar políticas de bienestar social e integradoras. Vamos a intentar que los partidos hagan un giro social en su discurso y en su política. Los verdaderos problemas de Cataluña son la vivienda, la sanidad y la educación, la ecología, la inseguridad ciudadana, la integración de los inmigrantes y no la identidad, el himno, la lengua o la bandera que cuelgue en el castillo de Montjuic. Sabemos que somos un grupo pequeño con sólo tres escaños, pero vamos a hacer todo lo posible para que este giro sea una realidad. Después, hablaremos en castellano o en catalán, según, porque ambas lenguas son oficiales en Cataluña y no estamos vulnerando la ley. Espero que la anécdota no sea lo destacable y que la gente se quede con las propuestas sociales que hagamos. Lo que no vamos a permitir es que nos amarguen la vida con estupideces. No creemos en el régimen sancionador lingüístico de la Generalitat, por ejemplo, ni en la política actual de la educación, donde la prioridad sea la lengua catalana y no la calidad de la enseñanza. Tenemos 650 barracones en las escuelas públicas y un fracaso escolar del 31%, y esto es lo verdaderamente dramático. Estamos a favor de incentivar el uso del catalán pero no por la vía de la sanción y la imposición.
— ¿De qué manera se define Ciutadans, un grupo que ha dado cabida a todo tipo de interpretaciones y especulaciones?
— Nos han dicho de todo, que si somos de extrema derecha o de extrema izquierda. Es alucinante. Lo de extrema derecha lo suele decir ERC; lo de izquierdistas lo ha dicho Josep Piqué. La número dos del PP por Barcelona en las autonómicas, Montserrat Nebrera, nos acusó de estar financiados por CiU. Otros dicen que somos un partido abortista o parecido al grupo de fundó Jesús Gil, o bien a personajes como Mario Conde y Ruiz-Mateos. También algunos aseguran que nos financia la FAES. Da igual que la mayoría de los intelectuales que impulsaron el manifiesto a favor de un nuevo partido provenga de la izquierda y del antifranquismo. Nos insultan porque nos tienen miedo y están preocupados. Somos un partido del siglo XXI, que nace en una situación política distinta a la de hace 30 o 40 años. Pensamos que se pueden defender determinados valores transversales que no son ni de derecha ni de izquierda, como la ciudadanía, la libertad individual, el respeto al marco constitucional y la igualdad de oportunidades. En nuestro ideario y programa nos basamos en la tradición socialdemócrata, y en algunos asuntos en el liberalismo político. Pero no en un liberalismo como el que utiliza el PP, que sale a la calle a manifestarse con gente muy poco liberal. Estamos a favor del matrimonio homosexual y como somos un partido laico tenemos un concepto neutral de los poderes públicos. Estos objetivos no casan exactamente con ninguno de los partidos existentes actualmente en Cataluña. Recogemos parte de la tradición clásica de la izquierda moderada, pero también estamos a favor de la libertad de mercado, ideológica e individual.
— ¿Cuántos militantes tienen?
— Tenemos unos 3.400 afiliados, más que ICV. Somos un partido pequeño pero vamos a crecer.
— ¿Ciutadans tiene afiliados en otras comunidades de España?
— Sí. Un 10% de los afiliados son de otras partes de España. En nuestro congreso fundacional decidimos no cerrar las puertas a otros territorios. Tenemos cuatro o cinco agrupaciones en el resto de España, pero, en principio, nuestro objetivo es actuar en Cataluña. Otra cosa distinta es que la experiencia de Ciutadans pueda desarrollarse en otros lugares. De hecho hay un deseo en muchos ciudadanos de impulsar una tercera vía que represente a una España que no es del PP ni del PSOE. La idea de las dos Españas que se pelean visualizadas en el PP y el PSOE es muy reduccionista, porque no tiene en cuenta la pluralidad y variedad ideológica y política de la sociedad española. España necesita una alternativa por encima del sectarismo político. De momento, vamos a ser muy cautos, queremos asentar el partido en Cataluña y nuestra prioridad son las elecciones municipales en Cataluña. Luego, ya veremos.
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