Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 717
20/11/2006

La ‘baraka’ de ZP se pone a prueba

Son estos momentos tan duros los que templan a los gobernantes. O los aniquilan. Creo que  ZP, a quien no le falta temple, logrará superarlos. La gente del PSOE afirma que ha nacido con una flor en el trasero.  Cuando Jesús Quintero, El loco de la colina,  inquirió a Felipe González su juicio sobre el compañero presidente, sólo se le ocurrió una virtud: tiene baraka. Me cuentan que el presidente está muy convencido de ello. Pero, ¿la baraka es permanente o depende de cómo se trabaja?

ZP alcanzó la jefatura del PSOE frente al aparato, además de por su valía, por ciertas confluencias estelares, entre las que habría que destacar el odio de Alfonso Guerra a José Bono. Pocos ciudadanos, incluidos militantes socialistas, habían oído hablar hasta entonces de este hombre aplicado a asuntos aburridos en el Congreso de los Diputados, pero su aparente mediocridad fue una de las claves de su victoria, beneficiándose de que nadie le consideraba un adversario de consistencia. “Se lo van a comer vivo”, se lamentaba González. Como decía François de Chateaubriand en sus Memorias de Ultratumba: “En general se llega a los asuntos públicos por lo que se tiene de mediocre y se permanece en ellos por lo que se tiene de superior. Esta combinación de elementos antagónicos es algo muy raro y es por eso por lo que hay tan pocos hombres de Estado”.

Zapatero está ahora en condiciones de demostrar que es estadista. Fue elegido presidente antes de lo esperado porque estaba en el lugar oportuno en el momento preciso beneficiándose de la soberbia de Aznar y del clima generado por la guerra de Iraq. Ahora se mantiene más apreciado que su opositor, además de por sus méritos, que no regateo, por los deméritos de la oposición, de una derecha que asusta. Sin embargo, no se puede vivir eternamente de retirar las tropas de Iraq y la opción cavernícola de la oposición pudiera ser revisada en cualquier momento. La suerte de ZP dependerá en parte de que Rajoy no escape del cerco de Aznar y de Zaplana, su profeta.

Últimamente la suerte empieza a fallarle. Tras las elecciones en las que el PSC pagó los platos rotos, la Entesa, o entendimiento, una bella denominación para el tripartito de recuerdo nefasto, le ha privado de la sólida alianza de Artur Mas en las Cortes. Y en lo más importante  está derrapando. Tiene derecho a intentar un final para el terrorismo; también lo tiene a que el primer partido de la leal oposición le apoye como apoyaron en su día a la monarquía constitucional tanto el conservador Cánovas como el liberal Sagasta. El PP pagará un alto precio tanto si el proceso sale adelante como si se frustra; la gente apoya los propósitos presidenciales siempre que no haga la menor concesión política a los terroristas y hasta ahora no lo ha hecho, como demuestra el empantanamiento del proceso. En ningún momento ha llamado a ETA “Movimiento Nacional de Liberación Vasco” como hiciera Aznar, y no ha acercado presos al País Vasco. La gente valorará su esfuerzo aunque fracase.

En otros frentes ZP ha dado muestras de una cierta precipitación o de no preparar los asuntos con la debida aplicación. Por ejemplo, en  la forma en la que ha gestionado la visita a España del tirano guineano. Está bien que nuestro país reciba atentamente a Obiang pues tenemos responsabilidades con la antigua colonia, pero una cosa es recibirle y otra que firme en el Libro de Honor del Parlamento, la sede de la soberanía nacional  –aún no merece semejante honor– y, lo que es peor, resulta impresentable que, sobre la marcha, se aborte su comparecencia. Tampoco ha sido muy brillante su presencia en Turquía y sus equilibrismos sobre una muy retórica Alianza de Civilizaciones. Está bien que cristianos o laicos y musulmanes nos entendamos, pero nada de simetrías indeseables. Lo fundamental no es la armonía de civilizaciones, sino el predominio de la civilización, de la que algunos países islamistas están alejados. Los Estados de la Europa cristiana fueron tan fanáticos como son hoy éstos, pero sus ciudadanos lograron separar el trono del altar y el gobierno del pueblo. Resulta chocante que quien hizo de la paridad cuestión de gabinete apadrine el informe del GAN ajeno a la penosa situación de la mujer. Hágase la paz pero no a costa de nuestros principios, y los de la laicidad son los que nos diferencian legítimamente. Mantengámoslos con el debido orgullo ciudadano.

  José García Abad

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