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Lista Al trasluz

Nº 716
13/11/2006

Poderoso caballero es Don Dinero

El grupo de ministros de la Iglesia reunidos en Boston a principios de 1905, ante la noticia de un donativo de 100.000 dólares al Comité de Misiones Extranjeras, habría reaccionado con una oración de alborozo y quién sabe si con un espontáneo Gloria in excelsis. Pero al saber que la magnífica dádiva procedía del bolsillo de John D. Rockefeller, un murmullo de indignación recorrió la sala y uno de los prelados subió a la tribuna para instar a los superiores congregacionalistas a devolver al instante aquel ofrecimiento de 'dinero sucio'. "Es dinero limpio? ¿Habrá un hombre, una institución, que, sabiendo su procedencia, lo toque sin mancharse?", había preguntado el reverendo Washington Gladden, el más eminente de los congregacionalistas norteamericanos".

De este modo empieza el libro Los Rockefeller, sobre la saga más famosa de Estados Unidos en cuanto a su extraordinaria capacidad para acumular dinero. Fue publicado en España en 1987. Lo escribieron Meter Collier y David Horowitz, dos acreditados periodistas. "De todos los hombres que Theodore Roosevelt tildaba de 'malhechores con grandes fortunas', John D. Rockefeller era sin duda el más rico", sostienen los autores. Fue el más rico y sobrevivió a su tiempo. La leyenda de los Rockefeller continúa viva. Este apellido es, en todo el mundo, sinónimo de poder. El primer Rockefeller acabó protagonizando el sueño americano. De la nada a dios todopoderoso.

Ese sueño americano, que trató de conquistar, aun sin conseguirlo, el personaje del Gran Gatsby, creado por F. Scott Fitzgerald —ubicado el relato en los tan "felices" como convulsos años veinte— no es patrimonio únicamente de Estados Unidos. Todo hombre hecho a sí mismo, que procede del anonimato característico de las clases subalternas, una vez alcanzado el estrellato del dinero, procura ganarse una alta reputación social. No necesariamente el origen de su fortuna tiene que ver con el "dinero sucio", pero no es menos cierto que, entre la constelación de los grandes agraciados, algunos de sus representantes no pasarán a la antología de las vidas ejemplares.

En España, nombres destacados han llegado a transitar por la pasarela de la admiración pública. Muchos de ellos, sin embargo, han acabado en el pozo judicial o carcelario. Desde Javier de la Rosa a Mario Conde, pasando por los tan protegidos Albertos, entre otros apellidos de relumbrón, súbitamente célebres. Como Florentino Pérez, el caído presidente del Real Madrid, que fue y continúa siendo el último empresario emergente a caballo entre el siglo XX y el XXI. Su historia no incluye episodios que hayan merecido la atención de la justicia o de la prensa. Florentino Pérez —salvo en determinados ámbitos políticos, como los vinculados a la "Operación Reformista", truncada en las urnas- era un desconocido hasta hace algún tiempo. Lo mismo le ocurre a Luis del Rivero, el nuevo referente que trata de abrirse camino no ya en el mundo de los negocios, sino en el sacrosanto paraíso del poder. ¿Está a punto Del Rivero de transformarse en el multimillonario de moda?

Pudo destronar a Francisco González, el hombre de Aznar y Rato en el BBVA. Falló en el intento, en el que él participó gracias a ciertas gestiones monclovitas teledirigidas por Miguel Sebastián, quien será el rival por el PSOE de Gallardon en las próximas municipales. Avanza con fuerza Del Rivero en Repsol-IPF. De SacyrVaIlehermoso —ahora la construcción es el el común denominador de la nueva clase ascendente— a maniobras más sofisticadas. Habrá que observar el periplo. Poderoso caballero es Don Dinero. Siempre lo ha sido.

Enric Sopena

 
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