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Nº
716 - 13 de noviembre de 2006 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De Eduardo Zaplana, ganador de más batallas que el Cid Campeador Últimamente andan a bofetadas en Génova, 13 entre los moderados y los fundamentalistas. También cabría hablar de quienes se autoproclaman moderados y los que van de fundamentalistas, porque en el saco de unos y otros lo que abundan son, más que nada, los oportunistas. Entre ellos, de aquí para allá, puro en ristre, circula Mariano Rajoy, como un niño que quiere estar en todas partes y siempre da la sensación de que no está en ninguna. El malo de la película es ahora Zaplana, quien estaría intrigando sin parar en compañía de Pedro J. Ramírez y de Federico Jiménez Losantos para que no se dilapide la herencia de José María Aznar. En fin, este trío actuaría como si fueran los albaceas del ex presidente. La que se postula sin remilgos a ser la heredera de Aznar es Esperanza Aguirre, más hiperactiva que nunca, dispuesta a defender las esencias del españolismo a través de una opción entre liberal y castiza o cañí. En La Razón, un periodista zaplanista, que es delegado de este periódico en Valencia, escribió hace unos días en favor del ex presidente de la Generalitat valenciana, ex ministro de Trabajo y ex portavoz del Gobierno del PP. Favor con favor se paga, y Zaplana es rumboso y generoso con sus amigos. De entrada, el sumario de la columna de Zaragüeta es toda una declaración de afinidades: “Muchas batallas tendrán que ganar algunos líderes del PP para igualar la aportación de Zaplana”. El periodista mencionado, al que no me atrevería nunca a calificar con rotundidad de amanuense, sí parece portavoz casi oficial del político cartagenero. Empieza así: “Si el PP no pudo llevar a la campaña electoral de Cataluña a uno de sus tres cargos más importantes, el portavoz en el Congreso, algo raro sucede en el partido. O sobra Eduardo Zaplana o sobran quien o quienes imponen y aceptan ese criterio”. ¿Quién sobra? Sin duda, y desde la perspectiva del zaplanismo, sobra Josep Piqué, la rutilante estrella empresarial y catalanista tenue que, hace ya bastantes años, fichara en persona Aznar, paradojas de la vida, y que desempeñó varias carteras ministeriales hasta que fue enviado a Barcelona como nuevo jefe del PP catalán. Y ahí empezaron los problemas para Piqué porque el PP en Cataluña nunca ha sido solución, sino problema. Problema para el propio PP nacional, naturalmente, porque sus resultados electorales tienden a ser más que mediocres. “Resulta sorprendente que sea vetado el defensor de la doctrina que ha mantenido el PP como uno de sus principios más esenciales, la unidad de España, bajo la excusa de perjudicar los intereses electorales de Josep Piqué. El argumento, en mi opinión, refleja la pretensión de decantar de su lado la batalla interna que ha planteado hace tiempo a Acebes y Zaplana y mostrar un poco más de músculo de cara a la galería mediática, cuya mayoría asiente alborozada al combate al guiarse por postulados más cercanos a socialistas que a populares”, sostiene la longa manu de Zaplana en el diario propiedad de Lara Bosch, el dueño de la editorial Planeta, de Antena 3 y de Onda Cero. Insinúa Zaragüeta que, mientras Zaplana es un tenaz defensor de la unidad de España, Piqué sería un emboscado antiespañol en las filas del Partido Popular. ¡Piqué, ya te ha cazado Zaplana! ¡No lo niegues, eres un catalanista, un separatista y un independentista! Pero Zaragüeta, en nombre implícito de don Eduardo, va más lejos en sus pesquisas. El astuto reportero no se corta un pelo al decir: “Da la impresión de que la misma situación se extenderá a Andalucía, donde el PP acaba de pactar con el PSOE la definición de “realidad nacional”, que ha dejado descolocado a medio partido. Es paradójico que grupos tan identificados y defensores del PP como la cadena SER estén empeñados estos días en imputarle a Zaplana la oposición a ese acuerdo en el Estatuto andaluz cuando sus palabras sólo eran el eco de las aseveraciones que siempre realizó Mariano Rajoy “never, never, never aceptaremos que Andalucía sea una realidad nacional”. Pobre Zaplana, humilde Zaplana, simple eco de su jefe, Rajoy. ¿Quiere señalar su portavoz valenciano que Rajoy habría modificado alegremente su criterio, sumándose a la marea soberanista que arrasa una región hasta ahora tan española como es Andalucía? Barrunto que sí, que Zaragüeta lamenta, como lamenta Zaplana, que hayamos entrado o estemos a punto de entrar por la senda del independentismo andaluz. ¿Qué quedará de España a este paso, si también Polanco apuesta por romperla y entregarla a los etarras en el Norte y a los moros en el Sur? Exacto, Zaragüeta. Escribes lo que es cierto: “Parece como si los “tan amigos” del PP tuvieran como objetivo eliminar a Zaplana. ¿Será él en verdad el enemigo a batir? Me asalta una duda: ¿a la SER se lo habrán encargado Zapatero o sus propios correligionarios? Ya saben: hay enemigos, enemigos a muerte y compañeros de partido. Tan sólo he de manifestar una constatación. Nadie en el PP destaca hoy por sus victorias más que Eduardo Zaplana, todo lo contrario. Muchas batallas habrán de ganar algunos líderes del PP para igualar la aportación de Zaplana al partido, que fue capaz de desbancar al PSOE en la Comunitat Valenciana y consolidar a su partido para legislaturas sucesivas (…)”. Empiezo a pensar que sí, que en el interior del PP van a por Zaplana. Suerte tiene de amigos como el tal Zaragüeta, Ramírez y Losantos. En victorias a Zaplana no le gana ni el Cid Campeador. Luis G. del Cañuelo |
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