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| Nº 716 - 13 de noviembre de 2006 |
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El Gobierno de la 'entesa'
por Santiago Carrillo Escribo este artículo cuando todavía no se conocen los resultados de las elecciones norteamericanas. En cambio, las elecciones catalanas y, aún más, la formación del un Gobierno de entesa (entendimiento, acuerdo) entre PSC, ERC e IC-V, que ha sorprendido sobre todo por la rapidez con que se ha tramitado, requieren el punto de vista del analista. Estaba claro ya en el curso de la campaña electoral, que la opción sería entre dos fórmulas: gobierno de izquierda o gobierno de CiU con ERC. Otra solución, un gobierno socio-convergente era muy poco probable salvo que el PSC pusiera en peligro su papel en Cataluña. Se dice que en Moncloa se apostaba por esta solución; de ser así, Moncloa se equivocó. El PSC sólo podía pensar en esa opción si hubiera alcanzado una mayoría apabullante, que todas las encuestas negaban, y aun en este caso quien podría haberse negado a ocupar un lugar secundario en el Gobierno catalán hubiese sido probablemente CiU, acostumbrada durante largos años a tener un papel hegemónico. Algunas medios de comunicación se equivocaron al presentar las elecciones catalanas como una victoria de CiU. Este partido, aunque consiguió la minoría más fuerte en un Parlamento compuesto por cinco partidos, había perdido también setenta mil votos en comparación con las elecciones anteriores. Aunque el PSC perdió más, otro partido más a la izquierda, ICV, es el único que ganó votos y tres diputados más. Y ERC, a quien se daba por la mayor perdedora, había sufrido daños muy limitados. Al escrutar los resultados, la diferenciación entre mayoría y minoría pasaba inevitablemente entre izquierda y derecha y Esquerra la decidió de acuerdo con la posición histórica de ese partido, es decir, a favor de una solución de izquierda. Al optar por un Gobierno de entesa, ERC rehusaba un ofrecimiento aparentemente muy atractivo de CiU, que, según informaciones, consistía en ob. tener el cargo de jefe del Gobierno y la mitad de los consejeros. Si ERC hubiera aspirado sólo a tener poder la oferta hubiese sido irresistible. Al rechazarla, ERC ha demostrado pensar más en su propio futuro, en el mantenimiento de sus valores ideales, en su diferenciación de la derecha, que en la cuantía de los cargos. Es un acto de responsabilidad que dice mucho en su favor y que da garantías de estabilidad al nuevo Gobierno catalán. La extrema derecha dominante en la dirección del PP, por la boca de Acebes, ha comenzado ya a decir que los socialistas han puesto a los "independentistas" a la cabeza del Gobierno catalán, argumento con el que tratan de atacar a Rodríguez Zapatero. Es difícil encontrar un argumento más estúpido y arbitrario que ese. El cambio histórico, quizá más significativo, es que tras las elecciones por primera vez el presidente de Cataluña va a ser un hombre salido de los "otros catalanes'; de los inmigrantes venidos de Andalucía. Nadie con sentido común puede imaginar que Montilla sea una opción independentista. No cabe duda de que Montilla, ciudadano catalán,va a fortalecer y consolidar el autogobierno, de acuerdo con el nuevo Estatuto. Pero está claro también que Montilla es una garantía para la unidad del Estado español. Y por lo que concierne a Carod, también se sabe que, aunque ideológicamente se declare independentista -derecho que nadie puede negarle-, ha mantenido su acción política respetando las reglas democráticas. La incógnita es qué va a hacer ahora CiU en el Parlamento español. Ignoro qué se convino en el acuerdo hecho en La Moncloa entre su dirigente Mas y el jefe del Gobierno, pero en ese momento ambos sabían ya que el PSC es un partido autónomo, no una Federación más del PSOE, y que tras las elecciones tomaría decisiones autónomamente. Ese fue el cambio que permitió a los socialistas catalanes pasar de ser una pequeña minoría sin peso real en Cataluña -como sucedía en otros tiempos- a ser una alternativa real al nacionalismo. Por su parte, CiU siempre se vanaglorió de su apoyo a la gobernabilidad del Estado, tanto con el PSOE como con el PR. En las elecciones catalanas extremó su oposición al PP a causa de la brutal batalla de éste contra el Estatuto de Cataluña, comprometiéndose ante notario a no colaborar con él, después de lo cual sería muy difícil de entender que rompiese; su política de apoyo a la gobernabilidad del Estado, lo que la convertiría objetivamente en un aliado del PP en el Parlamento. Un vuelco así sería incomprensible en un partido de indudable tradición democrática. Es lógico que el PSOE declare su voluntad de buscar el acuerdo con CiU en los problemas de Estado y que, independientemente de los resultados electorales autonómicos, haya acuerdos entre el PSOE y CiU a ese nivel. |
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