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Nº 716
13/11/2006

Algo está cambiando en el PP

Se aprecian trazos todavía débiles pero inequívocos de que algo está cambiando en el Partido Popular. Parece como si Mariano Rajoy se hubiera decidido por fin a manifestarse tal cual es, razonable y moderado apoyando, aunque con desigual énfasis, a Piqué, a  Arenas y a Gallardón y marcando distancias con lo más rancio de su partido, Acebes y Zaplana. Una de estas señales ha sido el discurso pronunciado en Valencia el pasado martes ante más de 300 empresarios del Instituto de la Empresa Familiar. Rajoy no se ahorró descalificaciones a Zapatero pero más allá de su tono apocalíptico insinuó el abandono de fantasías moriscas para entrar de lleno en los problemas de los ciudadanos: seguridad, inmigración, vivienda o tarifa eléctrica. Aprovechó también la oportunidad de atizar a Zaplana apoyando incondicionalmente la política de su rival Francisco Camps como ya había hecho anteriormente al defender a Javier Arenas frente al portavoz parlamentario y al mantenerle alejado de la campaña catalana. 

El presidente del PP ha marcado también saludables distancias con los caudillos mediáticos. El debate prensa-poder se centraba tradicionalmente en la mayor o menor influencia del Gobierno y la oposición sobre los medios. Desde que Zapatero llegó al poder la agenda se ha invertido y es la prensa la que marca el paso. Algo tiene que ver en este fenómeno la filosofía de ZP, que condiciona su política al mercado informativo –el medio es el fin–, así como la debilidad de Rajoy. La prensa de los partidos pasó a mejor vida y ahora estamos asistiendo a los partidos de la prensa; la sociedad padece una mediocracia en toda regla. 

Pero como decía, parece que Rajoy empieza a reaccionar y tenemos de ello alguna muestra significativa; ha desobedecido a los caudillos de papel defendiendo a Javier Arenas por apoyar el Estatuto andaluz; se ha negado a amamamantar a Ciudadanos y a defenestrar a Piqué en Cataluña, y se ha distanciado de las teorías conspiratorias de Ramírez y Jiménez sobre la terrible matanza del 11-M. Empieza a cuartearse esa especie de correa de transmisión que iba desde El Mundo y la COPE al PP en sentido inverso al tradicional.

Se ha llegado a especular que Federico Jiménez Losantos proyecta crear una nueva formación a la derecha del Partido Popular. Habría que animarle a ello y así se vería que no es tan fácil traducir el ruido en votos y que, como diría González en afortunada frase, no es lo mismo la opinión pública que la opinión publicada. No veo más que ventajas a los supuestos propósitos del predicador que, de entrada, aclararía  malentendidos pues resulta artificioso que en España, a diferencia de lo que ocurre en nuestros vecinos europeos, no exista la ultraderecha.

Desde luego, no todo serían ventajas para el Partido Popular; es cierto  que la huida de los ultraderechistas que anidan en su seno le aproximaría al centro político pero semejante operación podría arrebatarle  algunos votos que, por pocos que fueran, afectarían al delicado equilibrio tradicional de fuerzas entre los dos grandes partidos nacionales .

Mientras tanto, el predicador está haciendo una aportación valiosa a la transparencia informativa de la derecha al informarnos minuto a minuto de las luchas intestinas en la derecha: de la difícil coexistencia entre el grupo más civilizado –Gallardón, Piqué, Arenas, en el que me parece que hay que incluir a Rajoy– y el ultra que une a Zaplana y a Acebes, no por afinidades personales, sino frente a sus adversarios comunes y en virtud de la comunión de ambos en Aznar. Me cuesta encajar a Esperanza Aguirre  entre los ultras, aunque ser neocon es una forma moderna de serlo,  pero se la vislumbra aquí por su devoción aznarista y por animadversión a Gallardón. Si Rajoy cayera en la contienda son éstos, alcalde y presidenta, quienes se disputarían a dentelladas el liderazgo.

Me llega desde el entorno del alcalde que está decepcionado por tener que enfrentarse con Miguel Sebastián, que es pan comido. Le hubiera encantado enfrentarse con un miura como su amigo Pepe Bono, con quien comparte enemistad frente a Esperanza Aguirre  para que su victoria potenciara su figura como el mejor candidato en las elecciones generales. Bono ofrecería otra virtualidad interesante: podría haber atraído en efecto reflejo más votos a Simancas en demérito de su adversaria, matando así dos pájaros de un tiro.

  José García Abad

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