9
Hemeroteca Lista Temas de portada
Nº 715 - 6 de noviembre de 2006

Zapatero prefiere un acuerdo con Mas al tripartito

¡ Hazme caso, Pepe!

“Paradójico, pero cierto: los que más hemos retrocedido somos los que vamos a decidir el gobierno”. Así transformaba el fracaso en triunfo un alto cargo del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) a la mañana siguiente de las elecciones catalanas. Han cedido cinco escaños, sí, pero en sus manos está intentar reeditar el gobierno tripartito, con ERC e ICV-EUiA,  “con más garantías que en la anterior legislatura”, matizan, o, haciendo caso de las “sugerencias de Moncloa” y los deseos del equipo de Artur Mas, aceptar un gobierno con CiU dando a luz la llamada coalición “sociovergente”. Los socialistas catalanes optaban mayoritariamente, en las horas siguientes al cierre de las urnas, por acordar un gobierno con sus antiguos socios y Montilla de presidente, pero eran conscientes de que la presión desde Madrid puede llegar a ser asfixiante: A Zapatero le conviene que Artur Mas sea president y que le apoye en el Congreso de los Diputados. ¿Aceptará el “sacrificio” su antiguo ministro de Industria?

Por Inmaculada Sánchez

En el Majestic (el hotel donde CiU seguía la noche electoral catalana) los nacionalistas estaban contentos por la victoria, pero no son tontos”, explica un destacado observador de los comicios que  compartió las primeras horas post-electorales con los dirigentes de Convergencia y su desconsuelo al ver que la suma de los antiguos socios del tripartito volvía a ponérseles por delante.

El semblante de Artur Mas también parecía reflejar la certidumbre de que, a pesar de los once diputados de diferencia con los socialistas y a pesar de haberlos ganado en votos, la suma de las fuerzas que gobernaron durante la pasada legislatura volvía a conseguir la mayoría absoluta y, por tanto, podía  dejarlo, nuevamente, con la miel en los labios.

“Claro que estamos descontentos. Esperábamos, al menos, 39 ó 40 diputados”, explican desde el PSC, “pero hoy, al menos, no estamos en manos de Esquerra, como en el 2003, ahora somos nosotros los que tenemos la doble llave”, añaden. Al igual que hace tres años los republicanos se debatían entre “casarse” con los nacionalistas de CiU o con los socialistas del PSC, ahora son estos últimos los que llevarán la voz cantante en las arduas negociaciones para formar gobierno.

Quienes así argumentan señalan al compromiso de Artur Mas, reiterado la noche electoral, de no pactar con el PP, y a la especial dificultad para ERC de acordar un pacto estable con los nacionalistas dada la virulencia de los ataques convergentes hacia los republicanos durante la negociación del Estatut, la gestión del tripartito o la reciente campaña. “Cataluña ha apostado por un gobierno de coalición y quiere que ERC vuelva a gobernar”, dijo Carod-Rovira la misma noche de las elecciones en clara referencia a la legislatura que acababa de concluir.

En la sede de los socialistas catalanes de la barcelonesa calle de Nicaragua una mayoría de dirigentes apostaba en las horas siguientes a la cita con las urnas por que su líder y candidato, José Montilla, intente reeditar el gobierno tripartito que presidió Pasqual Maragall.

“Con bases más sólidas, con un marco de confianza más firme, con la certeza de que, más allá del reparto de carteras, no nos vamos a hacer daño mutuamente”, explican desde la calle Nicaragua refiriéndose en exclusiva a los republicanos de Carod-Rovira, principal problema para los socialistas en la  anterior legislatura. Con los ecosocialistas de Joan Saura aún siguen gobernando y tanto la formación como su líder han salido reforzados en las urnas –han ganado tres diputados– con un claro mensaje en la campaña: volver a gobernar desde la izquierda con el tripartito.

La cuestión, sin embargo, no se encuentra tanto en la difícil negociación con Esquerra, como en las delicadas relaciones con Moncloa. Los socialistas catalanes aún no han olvidado la famosa foto de Zapatero pactando el texto definitivo del Estatut con Artur Mas relegando a un segundo plano a Maragall y al PSC y hoy, “aprendida la lección”,  saben que para el PSOE es prioritaria la estabilidad del Gobierno en el Congreso de los Diputados.

Aunque desde Madrid se han apresurado a lanzar el mensaje de que el PSC  es libre de negociar los pactos que considere –Zapatero dijo en la ejecutiva federal del lunes que el PSOE “no debe adelantar pronósticos sobre cuál es la mejor opción”– a nadie le pasaron desapercibidas las medidas palabras del secretario de Organización, José Blanco, a los cinco minutos de que Montilla hiciera su análisis de la situación tras el escrutinio electoral.

Después de que el candidato del PSC apostara por un “gobierno fuerte, catalanista y de progreso” desde Barcelona, el número dos del PSOE remarcaba desde la madrileña sede de Ferraz que las urnas habían dejado claro que “CiU y PSC son las dos grandes fuerzas políticas de Cataluña”. Tras felicitar a los convergentes por ser los más votados y llamar la atención sobre el retroceso del PP –”es la expresión del rechazo de los ciudadanos a las políticas de crispación”, dijo– no hubo ni una sola palabra para ERC o IC-EUiV, ni para la evidente derrota de los convergentes en su objetivo de impedir que el tripartito fuese matemáticamente posible.

Tras los silencios de Blanco muchos socialistas catalanes han visto el interés del PSOE porque CiU no se convierta en una fuerza en la oposición en Cataluña. “Ahora lo importante es saber cómo se moverá Montilla con Zapatero”, explican quienes conocen a ambos y, en especial, al ex titular de Industria.

Los que abogan porque Montilla intentará alumbrar, antes que otra cosa, un nuevo tripartito al margen de las presiones de Madrid señalan que el antiguo ministro tiene amplia experiencia en pactos a trío –en Cornellá de Llobregat fue alcalde apoyado por un tripartito en el que figuraban los republicanos– y que “se entiende bien” con Joan Puigcercós, el secretario general de ERC y hombre fuerte del partido.

“Con ERC nunca se sabe pero ellos también han aprendido y lo que queremos, simplemente, es que no cometa errores”, dicen desde Nicaragua. Los socialistas señalan, asimismo, que los republicanos también han sido castigados en las urnas y que ahora están más en clave “social” que identitaria, tal como confirmaban las primeras declaraciones  tras el 1-N de Puigcercós. “En esta legislatura no tenemos que sacar adelante un Estatut y ello ayudará a ponernos de acuerdo en políticas sociales con Esquerra”, señalan desde el PSC, algo que, por el contrario, les puede resultar muy difícil a los republicanos con los neocon que rodean a Artur Mas, añaden.

Estos planteamientos, sin embargo, complicarían lo que queda de legislatura a Zapatero. Si en la primera parte de su mandato el secretario general del PSOE sorprendió a sus propios compañeros de partido haciendo una clara apuesta por la izquierda eligiendo como socios preferentes en el Congreso a Izquierda Unida y ERC, en lugar de los habituales compañeros nacionalistas de Felipe González, bastó poco más de un año para que el leonés comenzara a girar su mirada hacia la derecha.

Fue en plena tensión por las negociaciones del Estatut cuando el presidente del Gobierno inició su desapego hacia ERC. La atrevida propuesta de los republicanos en su proposición de ley sobre la memoria histórica, que llegaba a pedir una declaración pública de perdón al Rey Juan Carlos, además del voto en contra del PSOE se ganó la primera advertencia del presidente. ”Hay cosas que no me gustan”, de ERC, dijo, para añadir después que “hay otros posibles socios” en el hemiciclo.

El golpe definitivo llegó con el pacto del Estatut con Artur Mas, a quien Zapatero convocó a Moncloa en una sorpresiva cita de la que salió el texto definitivo. Los socialistas catalanes tuvieron que sumarse después mientras los republicanos rompían tanto con el PSOE como con Maragall, quien les expulsó de su Govern.

Pasado el trago del Estatut ya nada volvió a ser igual en el Congreso de los Diputados y este año, por primera vez, los Presupuestos Generales del Estado para 2007 han sido pactados con los nacionalistas vascos y catalanes mientras  IU se abstenía y ERC votaba en contra en el primer debate de totalidad del proyecto.

Los planes de Moncloa pasan, pues,  por contar con CiU y PNV como aliados estables para poder mantener tanto a IU como a ERC en un ambiguo espacio destinado a apoyos puntuales pero sin posibilidades de presión efectiva en temas sustanciales.

Asuntos tan sensibles políticamente como la anunciada Ley para la Recupación de la Memoria Histórica, por ejemplo, tienen tanto a ERC como a IU en contra del proyecto presentado por el Gobierno y podrían generar una tensión indeseada para Moncloa si ésta siguiera dependiendo de sus votos para otros proyectos legislativos como los Presupuestos.

“Montilla tiene carta blanca para negociar”, aseguran en el PSC, donde confían ciegamente en su líder y en su probada capacidad para los pactos. Pero si el ex ministro reedita el tripartito resultará mucho más complicado conseguir  la complicidad de CiU en Madrid durante el año y medio que aún resta hasta las próximas generales.

El escenario es perfectamente percibido por los socialistas catalanes que, tanto en esto como en su día en el proyecto de Estatut, reclaman su independencia del PSOE como su principal valor. El pacto “sociovergente”, como se ha dado en llamar a un posible gobierno CiU-PSC, abocaría a su candidato a renunciar a la presidencia de la Generalitat y a que sus posibilidades futuras quedasen sumergidas bajo la gestión de un Artur Mas President, un panorama difícil de aceptar para los socialistas que, por primera vez en veinte años, lograron tocar poder autonómico en 2003.

De la misma manera, nadie quiere pensar -ni en Nicaragua ni en Ferraz- en un posible frente nacionalista fruto de un gobierno CiU-ERC. “Sería el peor escenario posible”, afirman en Madrid. Y es por eso, quizá, que Montilla aún no ha rechazado de plano el gobierno “sociovergente” por el que abogan en CiU, para no facilitar acercamiento alguno entre los nacionalistas.

La fecha en el horizonte es el próximo 21 de noviembre, plazo límite para que se constituya el nuevo Parlament y, diez días después, para que se desarrolle la sesión de investitura del futuro presidente. “Para entonces tenemos que llegar con los pactos hechos”, afirman todos, aunque nadie se atreve a aventurar el resultado final de unas complejas negociaciones con todas las posibilidades abiertas.

El elemento añadido para la reflexión ha estado en la altísima abstención –cercana al 50 por ciento– y en la irrupción de la nueva formación liderada por el joven Albert Rivera (Ver recuadro “El misterio de Ciutadans”). Montilla no ha logrado movilizar a los votantes del PSOE que llevan 20 años quedándose en casa en las autonómicas. “Era casi imposible con tres meses como candidato”, justifican en el PSC. ¿Logrará, sin embargo, soportar la presión de Zapatero?

 

Escenario para los pactos

Participación 2006:      56,77%

Participación 2003:      62,54%

Formación y número de escaños.

                  2006    2003

CiU:             48          46

PSC:            37         42

ERC:            21         23

PP:              14        15

ICV-EUiA:     12        9

Ciutadans:     3    

  

El “salvador” del tripartito

Nadie había más contento la madrugada del 1-N en Cataluña que Joan Saura, el líder de IC-EUiV. Su formación  era la única del tripartito que subía. Y la que lograba, con sus tres escaños más, que las fuerzas que formaron gobierno en 2003 superasen la mayoría absoluta necesaria para  impedir que CiU pueda gobernar en solitario. Los socialistas perdían cinco escaños, los republicanos, dos, pero ellos, los ecosocialistas, elsocio más pequeño, ganaba tres y “salvaba” el tripartito.

Si éste vuelve a reeditarse, objetivo con el que Saura ha caminado durante toda la campaña, IC-EUiV tendrá más peso que hasta ahora y, posiblemente, más consellers.

El artífice del éxito es todo un veterano de la política catalana que también fue diputado en Madrid en los  años de los gobiernos de Aznar y que ha logrado resucitar a su formación después de sucesivas crisis internas que casi la llevan a la desaparición en 1995, cuando su entendimiento con el entonces líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, era casi nulo.

A él se debe la marca “ecosocialista” que acuñó Iniciativa tras coaligarse con Esquerra Unida i Alternativa y desarrollar una estrategia que incorporaba el ecologismo a las señas de identidad del histórico PSUC, donde él mismo inició su militancia en 1973. Este ingeniero técnico y economista ha logrado mantenerse como conseller de Relaciones Institucionales y de Participación Ciudadana durante todo el convulso periplo del tripartito.

El misterio de Ciutadans

El sorprendente resultado obtenido por Ciutadans-Partit de la Ciutadania plantea unos interrogantes a los partidos que les debería obligar a reflexionar sobre las causas del ascenso meteórico de esta pequeña formación impulsada hace año y medio por un grupo de intelectuales procedentes mayoritariamente de la izquierda. Para algunos es un misterio, pero ciertos sectores ven detrás la mano alargada del PP más extremo y de sus soportes mediáticos.

El 7 de junio de 2005, un  grupo de 15 intelectuales, artistas, periodistas y profesionales de diversos ámbitos presentaron en Barcelona un manifiesto “Para la creación de un  nuevo partido político en Cataluña” en el cual se comprometían a impulsar una fuerza democrática y con valores transversales en materia de ciudadanía y alejados de los tópicos identitarios del nacionalismo.

El manifiesto también era muy crítico con el Gobierno de Pasqual Maragall, al que acusaba de haber asumido acríticamente la ideología nacionalista y aplicar una política  en materia identitaria aún más “fundamentalista” que la de  CiU. Entre los autores de esta iniciativa se encontraban personajes como el director de teatro Albert Boadella, el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras,  los periodistas Arcadi Espada y Xavier Pericay, el poeta  Iván Tubau,  los escritores Horacio Vázquez-Rial y Ponç Puigdevall y el profesor de Economía, Ética y Ciencias Sociales Félix Ovejero.

La mayoría procede de  la izquierda catalana; unos fueron activos militantes del PSUC en la época del franquismo y otros han estado durante años muy cerca del PSC y de otros grupos progresistas. El manifiesto fue rechazado por el conjunto del nacionalismo y los más intransigentes de estos círculos acusaron a sus promotores de estar manipulados y financiados por los sectores más extremistas del PP. La iniciativa antinacionalista también creo preocupación en el PSC, entre otras cosas porque algunos militantes de este partido y sectores significativos de sus bases de votantes dicen en privado lo que los autores del manifiesto defiende en público.

Desde un principio, algunos dirigentes populares, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, brindaron todo su apoyo político, logístico y moral a este grupo antinacionalista. Hace unos años algunos miembros de este colectivo mantuvieron excelentes relaciones con el ex presidente del PP catalán, Aleix Vidal-Quadras, y hechos de esta naturaleza han contribuido a crear mayor confusión sobre los objetivos de Ciutadans, que en buena medida tiene sus orígenes ideológicos en el Foro Babel cerrado a finales de los 90. Algunos analistas piensan que este colectivo es un submarino del PP en Cataluña y otros, aunque compartan algunas de sus críticas, no ven con buenos ojos que se lleven a partir un piñón con dirigentes del sector ‘duro’ de los populares. Mientras, algunos de los impulsores del manifiesto, como Arcadi Espada, han sufrido agresiones por parte grupos de independentistas radicales y otros, como Francesc de Carreras, han tenido que aguantar insultos de todo tipo.

Así las cosas, este grupo ha ido avanzando en medio de la espectativa que creó en algunos sectores sociales hostiles al nacionalismo y situados mayoritariamente en el centro-izquierda, los recelos del PSC, el rechazo frontal de CiU y ERC y el desinterés del PP catalán, o al menos de su máximo dirigente, Josep Piqué. El 8 y 9 de junio de 2006, una semana después del  referéndum de aprobación del Estatuto, los impulsores de manifiesto celebraron  cerca de Barcelona su congreso fundacional como partido en el que participaron 350 delegados. La nueva  formación tomó el nombre de Ciutadans-Partit de la Ciutadania y sus dirigentes anunciaron que cuentan con 3.000 afiliados y unos 10.000 simpatizantes. El congreso eligió como presidente a Albert Rivera, un joven abogado de 26 años desconocido en el panorama político catalán y antiguo alumno de Francesc de Carreras.

En menos de seis meses el nuevo partido ha experimentado un ascenso meteórico y conseguido tres diputados en las autonómicas: el propio Albert Rivera, José Domingo y Antonio Robles, que es fundador del grupo Asociación por la Tolerancia y de Iniciativa No Nacionalista (INN) –que se ha integrado en Ciutadans-Partit de la Ciutadania- y es un habitual colaborador del periódico electrónico dirigido por Federico Jiménez Losantos, ‘Libertad digital’.

Aunque la mayoría de los miembros de esta nueva formación proceden de la izquierda, la existencia en sus filas de personas vinculadas a corrientes de la derecha dura es un hecho mal visto por amplios sectores de la sociedad catalana alejados del nacionalismo y suele ser utilizado por las fuerzas nacionalistas como argumentos arrojadizo contra Ciutadans-Partit de la Ciutadania, al que califican de expresión del “españolismo anticatalán rancio”. Además, la mayoría de los promotores del manifiesto de hace año y medio prácticamente han desaparecido de la circulación y han dejado paso a jóvenes desconocidos, como Albert Rivera, o a nuevos dirigentes que levantan sospechas.

El nuevo partido tiene una ideología un tanto confusa, ya que se basa en el rechazo radical al nacionalismo, la defensa de las libertades individuales, frente “al mito de la libertad colectiva”, la igualdad entre ciudadanos y el bilingüismo. Sus miembros, mayoritariamente,  rechazan ser homologados dentro del arco tradicional derecha-izquierda y aseguran que se mueven más bien en el eje “libertad versus autoritarismo”. Su ideario se articula en torno a cinco puntos: Ciudadanía, libertad e igualdad, laicismo, defensa del bilingüismo y apoyo a la Constitución española.

El nuevo partido se opone al nuevo Estatuto  y mantiene una postura de rechazo a todas las fuerzas del arco parlamentario. Dentro de poco, sus tres diputados se sentarán en el hemiciclo y empezarán a hacer política de verdad. Según algunos analistas, se podrá  ver entonces lo qué es realmente Ciutadans-Partit de la Ciutadania; si consigue rellenar el hueco social y político abandonado por el PSC, si pactará o no con el PP, qué posturas adoptara en materia institucional, social, cultural, económica... Todo un misterio.

Por Paco Soto (Barcelona)

¿Segunda y última oportunidad? , por Enric Sopena


Hemeroteca Lista Temas de portada