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Hemeroteca Esta semana
Lista Apuntes
Nº 715
6/11/2006
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La autodeterminación en el Úlster

Por José María Benegas

Mucho se habla del reconocimiento del derecho de autodeterminación en los acuerdos de Stormont pero pocos conocen, o ignoran deliberadamente, el procedimiento pactado para su ejercicio. En efecto, en el acuerdo se menciona el derecho a la autodeterminación "en virtud del consentimiento, libre y simultáneamente concedido, en el Norte y en el Sur, para proceder a la creación de una Irlanda Unida, si tal es su deseo, y aceptando el hecho de que tal derecho ha de alcanzarse y ejercerse con el acuerdo y el consentimiento de la mayoría de los ciudadanos de Irlanda del Norte". Es preciso señalar que el caso del Úlster encaja en una de las tres únicas previsiones que contemplan las resoluciones de Naciones Unidas para el reconocimiento de este derecho, la de ocupación militar (las otras dos son dependencia colonial y apartheid).

Lo que normalmente se oculta es lo que dice Stormont sobre cómo puede producirse el ejercicio de tal derecho. Transcribo literalmente porque no tiene desperdicio:

"El ministro para Irlanda del Norte (del gobierno británico, se entiende) podrá decidir, mediante una Orden Ministerial, la celebración de una votación para los fines descritos en el apartado 1 en la fecha especificada en la mencionada Orden Ministerial.

El ministro para Irlanda del Norte ejercerá su capacidad, según establece el apartado 1, cuando juzgue que es probable que la mayoría de los votantes expresen su voluntad de que Irlanda del Norte cese de formar parte del Reino Unido y pase a integrar una Irlanda Unificada".

Es decir, la autodeterminación de Irlanda del Norte depende de una decisión del ministro para la región del gobierno británico, y esa decisión asu vez depende de una interpretación personal del ministro sobre si existe mayoría suficiente partidaria de la separación del Reino Unido. La siguiente pregunta es: ¿qué se entiende por mayoría suficiente?

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Lula ha obtenido un rotundo resultado sobre su opositor Gerardo Alckmin. El resultado no ofrece dudas, el electorado mayoritariamente ha optado por un nuevo mandato de Lula. Conocí a Lula en su etapa de sindicalista y siempre me ha emocionado comprobar cómo la democracia permite a un trabajador ser presidente de su país. "Nunca nadie previó que alguien de mi clase social pudiera convertirse en presidente", dijo en una ocasión el recién elegido. Su primer mandato ha estado salpicado por casos de corrupción, reales unos e inventados otros por sus enemigos. Sorprendentemente ha salido incólume. Su gestión tiene luces y sombras. El objetivo "hambre cero", resumido en su frase "quiero que mi pueblo desayune, coma y cene" ha funcionado relativamente mediante subsidios del programa Bolsa Familia del que se han beneficiado unos cuarenta millones de personas. Los índices de pobreza extrema han bajado del 28% al 21%. Se han creado cuatro millones y medio de empleos formales e incrementado el salario mínimo mensual en un 26%. Sin embargo, el crecimiento económico del país se ha situado en torno al 2,5% en términos del PIB, bastante por debajo de la media latinoamericana. Este es el gran reto de Lula, obtener un crecimiento económico que permita pasar de los subsidios a un ritmo mayor de creación de empleo y de fomento de las infraestructuras necesarias que conduzcan a un desarrollo sostenible que permita mejorar el nivel de vida general de los ciudadanos y reducir las desigualdades. El país tiene un enorme potencial y por lo tanto es posible alcanzar este objetivo.

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El pasado 30 de octubre se han cumplido cincuenta años de la muerte de Pío Baroja. Esta efeméride está pasando casi desapercibida, al menos, en el País Vasco. Sólo unos cuantos homenajes tímidos. Después de cincuenta años de su muerte sigue siendo un escritor maldito a pesar de ser uno de los grandes de nuestra literatura con dimensión internacional. No fue nacionalista, sino todo lo contrario y eso tiene un precio. Les recomiendo la lectura de la magnífica biografía de Miguel Sánchez-Ortiz, Pío Baroja, a escena, quien describe al novelista vasco de la siguiente manera: "Un hombre solitario, rebelde, descontento con todo y con todos (...). Sociable y eremita, inadaptado, misántropo, amigo de las tertulias, sedentario y rutinario, sarcástico y soñador, convencional y radical, aventurero pasivo... Un vagabundo inmóvil que se desdobla continuamente en personaje de sí mismo".

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