Hemeroteca

Lista Al trasluz

Nº 715
6/11/2006

¿Segunda y última oportunidad?

Subrayemos alguna que otra obviedad. A José Montilla le asisten el derecho y la legitimidad democrática para intentar un nuevo Gobierno tripartito, de izquierdas y catalanista. Artur Mas venció en las urnas, pero necesita, si quiere ser presidente de la Generalitat, el respaldo de ERC o el del propio PSC. Si no, se quedará compuesto y sin novia. Para gobernar, Mas ha de buscar pareja. Le serviría también que sus rivales le permitiesen formar un Gobierno en solitario, eso sí sometido a la espada de Damocles de una moción de censura que le podrían montar con éxito el PSC, ERC e ICV en cualquier momento.

Cantar victoria antes de hora suele deparar sorpresas desagradables. Mas ha aguantado el tirón de tres años ejerciendo de oposición, pero se encuentra –de hecho- en una posición similar a la de Montilla. Ambos precisan alianzas. No es exacta, pues, la tesis de ABC que al día siguiente de los comicios sostenía: "El socialismo pierde Cataluña". Y menos exacto es este párrafo: "En cualquier caso, la primera conclusión que cabe sacar de los resultados de ayer es que la estrategia diseñada por Rodríguez Zapatero, que eliminó a Maragall para colocar a Montilla tras el pacto con Artur Mas, se ha saldado con el peor resultado para el PSC, lo que prácticamente aboca al socialismo a la pérdida de Cataluña. Hoy por hoy, lo único que ha conseguido es dar alas al nacionalismo".

¿Le parecen pocas alas, al editorialista de ABC, los 23 años de nacionalismo pujolista? Recordemos. Hace tres años, la suma de CiU y ERC hubiera facultado a Mas presidir un Ejecutivo hipernacionalista. El tripartito, en cambio, no lo hizo posible, aunque luego fuera tildado hasta de independentista. ¿O no era Maragall, el nacionalista emboscado en el PSC, mientras que Montilla era el español anhelado? Ahora, la situación es parecida. Sólo un nuevo tripartito impediría el pacto CiU-ERC. ¿Y una sociovergencia, o sea, una gran coalición al estilo alemán? Ya sucedió en Euskadi, hace bastantes años. El Gobierno vasco estaba integrado por el PNV y el PSE. ¿Pudo corregirse –con un PSE subalterno- la deriva nacionalista creciente?

Ocurre que el resultado de las elecciones catalanas ha sido acogido con tal entusiasmo por la derecha que daría la impresión, a primera vista, que Artur Mas en realidad es el líder del PP, y no el de CiU. Es verdad que el balance de la jornada para el PSC, Montilla y Zapatero –que se involucró en la campaña sin medir los riegos- resulta negativo. Es verdad que ni el efecto Montilla ni el efecto ZP funcionaron. Al contrario. El voto de la inmigración, el voto PSOE, para entendernos, hizo novillos de nuevo.

La baja participación en las urnas, la irrupción de los Ciutadans de Catalunya -aupados por El Mundo y la COPE- y el severo castigo inflingido al PSC, entre otros factores, dibujan un panorama con demasiadas sombras, incógnitas y dudas. Pero, cuidado con las extrapolaciones caprichosas e interesadas. En definitiva, el electorado le ha venido a decir a MontiIla: "Te hemos puesto muy alto el listón para otro tripartito progresista. Pero tienes la posibilidad de formarlo. Haced bien los deberes y procurad por todos los medios que ERC no repita sus errores. Pensad que a la inmensa mayoría de los votantes del PSC les importa más el Estado del Bienestar que el debate sobre si Cataluña es una nación sin Estado o no. ¿Segunda y última oportunidad?

Enric Sopena

 
Hemeroteca

Lista Al trasluz