Nº 715 - 6 de noviembre de 2006
Hemeroteca Lista Tribuna
Negrín, por fin

por Juan Antonio Barrio


Déjenme contarles una historia personal. En 1985 fui elegido secretario general de la Agrupación Socialista de Chamberí. Al año siguiente se cumplían 30 años de la muerte de Negrín. En el local había retratos de todos nuestros dirigentes históricos menos de él. Así que hablé con los compañeros para proponer que incluyéramos su foto. El resultado no fue muy positivo. Con algunas excepciones, la mayoría de los compañeros que no me habían apoyado y muchos de los que sí lo habían hecho, incluidos bastantes de la corriente a la que pertenecía –y pertenezco–, Izquierda Socialista, manifestaron su disconformidad. Los argumentos eran variados: "Nos entregó a los comunistas", "su actuación después de la guerra no fue la correcta", "el asunto del oro" e incluso alguno descalificó su vida privada: "Era un vividor". Todo ello acrecentó mi interés por la figura de Negrín y por saber qué había de cierto en todo ello. Afortunadamente los libros aparecidos desde entonces y la exposición –y catálogo– que se puede visitar en estas fechas ponen las cosas en su lugar.

Pero, ¿quién es Negrín? Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia acomodada, se formó en Alemania en la Facultad de Medicina de Kiel y luego en Leipzig como fisiólogo. En 1922, con 30 años, era ya catedrático de la Facultad de Fisiología de la Universidad Central. Apoyado por Santiago Ramón y Cajal que ya era Premio Nobel, se puso al frente del laboratorio de Fisiología de la Residencia Universitaria y fue maestro nada menos que de Grande Covián y Severo Ochoa, entre otros.

Científico prestigioso, dominador de cinco idiomas, entró en el PSOE en 1929. Diputado desde 1931 por su ciudad natal, se adscribe desde el principio a la corriente de Prieto. Este dato es muy importante: Negrín era lo que entonces se consideraba un moderado, partidario de fuertes reformas que superaran el atraso educativo, cultural e institucional de España y nos llevara hacia un régimen social más avanzado por oposición a la corriente más revolucionaria de Largo Caballero. Fue, sin embargo, ministro de Hacienda de éste en el gobierno que constituyó en septiembre de 1936. Negoció entonces la salida del oro hacia la Unión Soviética para poder adquirir armas. Los historiadores más solventes afirman que esta política fue llevada de común acuerdo con el presidente del gobierno, Largo Caballero, y que el oro se gastó en su integridad desmintiendo la acusación a Negrín por este tema.

La consigna "Resistir o Vencer" apoyada con entusiasmo al principio se volvió en contra suya a medida que la suerte de las armas iba siendo adversa. Hay que decir que sin el esfuerzo de gente de Negrín y muchos otros la resistencia no hubiera durando tanto. El esfuerzo reorganizador del ejército y la maquinaria del Estado fue ingente. Pero la superioridad de la ayuda de las potencias del Eje y la mayor eficacia de los cuadros militares intermedios, la división en las filas republicanas que tanto combatió Negrín y muchas otras razones hicieron inevitable la derrota. Prieto fue el primero en verlo y Negrín, con gran pesar suyo, le cesó como ministro de Defensa. Intentó mantenerlo en otro puesto, pe- , ro Prieto se negó.
Se incuba entonces una enemis tad y un enfrentamiento en el que Prieto resultó ganador a la larga. Ne grín hizo muchos esfuerzos por re cuperar la relación, todos ellos des estimados por Prieto, lo que luego –tras el fallecimiento de Negrín er 1956– lamentó. La acusación de em. pecinamiento en la guerra es, sir embargo, falsa. Negrín encabezo una resistencia intentando negociar o enlazar con la Segunda Guerra Mundial que veía inminente. Al final, sólo pretendía ganar tiempo y evitar represalias porque intuía –como luego se demostró– que la única alternativa era una rendición incondicional sin garantías, que es lo que consiguió Casado con su golpe.

Finalmente, la acusación de entreguismo a los comunistas también es falsa, según la mayoría de los historiadores. Simplemente, y a regañadientes en muchas ocasiones, Negrín tomó nota de la importancia decisiva de la Unión Soviética y el PCE en el esfuerzo bélico y, especialmente por la defección de las democracias occidentales. No se trata, evidentemente, de construir una hagiografía. ¿Hubo errores? Claro. Quizás, uno de los más importantes, desestimar la importancia del asesinato de Nin y la división relativa a este hecho. Pero debe separarse el grano de la paja con rigor histórico. Por ejemplo, la acusación de Casado de que Negrín se proponía dar un golpe de Estado apoyándose en los comunistas hoy está desmentida como pura propaganda.

En conjunto, la figura de Negrín debe de ser reivindicada y estudiada ahora que sus archivos han sido abiertos. El cincuentenario de su muerte y la exposición antes anunciada son una buena oportunidad para ello.

Hemeroteca Lista Tribuna