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| Nº 714 -30 de octubre de 2006 |
’Sobre ‘Sarkozy, l’avenir d’une illusion’, de Pierre Defrance et Jean-Luc Gonneau La derecha francesa, radicalizada
El último libro publicado por Gota a Gota, la editorial de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el think tank que preside José María Aznar, lo firma Nicolas Sarkozy. Titulado La República, las religiones, la esperanza, el libro del ministro del Interior y de los Cultos Religiosos francés se pronuncia a favor de una nueva “relación entre las religiones y los poderes públicos”. Algo que para Pierre Defrance et Jean-Luc Gonneau significa poner “a régimen” la laicidad del Estado francés. Por Salvador Martínez (Paris) Pierre Defrance et Jean-Luc Gonneau son los autores de Sarkozy, l’avenir d’une illusion, una biografía política no autorizada de Nicolas Sarkozy. En ella, el libro publicado por Gota a Gota y que ha prologado José María Aznar aparece como prueba de que el candidato favorito de la derecha francesa a las elecciones presidenciales de 2007 “tiene como proyecto político la ruptura con la República”, aseguran Defrance y Gonneau. Para dar cuenta de hacia dónde quiere conducir Francia el político conservador mejor considerado por los franceses según los estudios de opinión, Pierre Defrance, el pseudónimo de un influyente directivo del sector social, defensor de los derechos humanos y especialista en cuestiones de inmigración, y Jean-Luc Gonneau, profesor de Estrategia y Gestión en la Universidad París X, analizan la carrera política del número dos del Gobierno francés. La entrada en política de Sarkozy fue precoz. En 1974, con 19 años, se afilió a la Unión por la Defensa de la República (UDR), el antepasado del ahora partido gubernamental francés, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), denominado entre 1976 y 2002 la Agrupación por la República (RPR, según sus siglas en francés). A finales de 2004, treinta años después de su entrada en el partido conservador francés, Sarkozy accedió a la presidencia del UMP tras su victoria en las elecciones internas del partido. Defrance y Gonneau explican esta conquista gracias al “debilitamiento político de los barones del RPR”, en especial, el de Alain Juppé, obligado a dimitir como presidente del UMP tras ser condenado a catorce meses de prisión y un año de inhabilitación en diciembre de 2004 por su implicación en un caso de corrupción. El debilitamiento de las figuras clave, primero del RPR, y luego del UMP, obligó al presidente francés, Jacques Chirac, a remodelar su equipo de colaboradores. Todo ello, “en beneficio de Nicolas Sarkozy”, escriben los autores de Sarkozy, l’avenir d’une illusion. El ascenso a la dirección del UMP implicó el abandono del Ministerio de Economía, Finanzas e Industria que Sarkozy detentaba desde hace ocho meses. Un día después de ser elegido presidente del partido gubernamental, Sarkozy presentó su dimisión. En ese momento, “la prioridad del ministro es el control del UMP en lugar de la economía y las finanzas”, escriben Defrance y Gonneau. Sarkozy ha estado al frente de tres cargos ministeriales, el de portavoz del Gobierno, entre 1993 y 1995, el de ministro del Interior, entre 2002 y 2004, el de Finanzas, en parte de 2004, y de nuevo el de responsable de Interior tras la última reforma del Gobierno galo que resultó del no francés a la Constitución Europea en mayo de 2005. Además, Sarkozy ha sido alcalde de Neuilly-sur-Seine entre 1983 y 2002, y preside desde hace dos años el Consejo General del departamento de Hauts-de-Seine, la región más rica de Francia. En Hauts-de-Seine, el PIB por habitante es tres veces superior a la media nacional. François Mitterrand aseguró acerca de Sarkozy que “tener talento para morder y para traicionar no es suficiente para aspirar a la primera línea”. Sin embargo, a estas horas es innegable la importancia de la experiencia política que Sarkozy ha adquirido y el apoyo popular con el que cuenta según las encuestas. Es más, como reconocía el comentarista estadounidense afincado en París William Pfaff, el candidato de la derecha preferido por los estudios de opinión “tiene una ambición incisiva”. François Goulard, el viceministro francés de la Enseñanza Superior y de la Investigación, ha señalado recientemente la incompatibilidad de cuanto representa Sarkozy con lo que Francia es. Según Goulard, “Neuilly no es Francia. Una parte de la opinión no seguirá” la candidatura del ministro del Interior. Del mismo modo, Defrance y Gonneau señalan en Sarkozy, l’avenir d’une illusion que el presidente del UMP tiene la intención de romper con la tradición política francesa si llega a ser elegido presidente. Uno de los principales argumentos que sostienen esta opinión es la concepción de Sarkozy a cerca de la laicidad del Estado. Este es el tema de La República, las religiones, la esperanza, un libro de entrevistas en el que Nicolas Sarkozy, ministro del Interior y de los Cultos Religiosos francés, declara que “jamás un ministro del Interior ha revindicado tanto como yo el ser ministro de los Cultos”. Que Sarkozy esté orgulloso de ser creyente y más ministro de los Cultos que sus predecesores, “está claro, es su derecho”, aseguran los autores de Sarkozy, l’avenir d’une ilusión. Ahora bien, Defrance y Gonneau muestran preocupación por afirmaciones de Sarkozy como ésta: “Es el momento de plantear la cuestión de la financiación nacional de las grandes religiones y de la formación nacional y republicana de los ministros del Culto”. Para que esto se cumpla, Sarkozy señala la necesidad de “complementar la ley de 1905”, la norma que establece la separación entre la iglesia y el Estado francés. Según se lee en La República, las religiones, la esperanza, el ministro del Interior y de los cultos francés defiende un “laicismo tranquilo”, una forma de laicismo que, con sus complementos a la ley de 1905, “se parece mucho a la liquidación del Estado laico”, dicen Defrance et Gonneau. Los autores también critican la política en materia de inmigración que ha desarrollado hasta la fecha Sarkozy. La reflexión de Defrance et Gonneau ayuda a comprender las críticas del ministro del Interior francés a la política de inmigración del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sarkozy no tiene en cuenta que el Gobierno español actúa como el resto de países europeos vecinos de Francia como Italia, Grecia, los Países Bajos o el Reino Unido, países que, “sucesivamente, después de veinte años, han regularizado una parte de los extranjeros que viven en situación irregular dentro de su territorio”, explican Defrance et Gonneau. Por su parte, Nicolas Sarkozy se manifiesta, como hizo en Madrid a finales de septiembre, a favor de la prohibición de las “regularizaciones masivas”. Prueba de que el ministro francés cumple con sus convicciones es que en el último proceso de regularización registrado en Francia este verano, de los 30.000 inmigrantes que solicitaron la regularización, no son ni siete mil los que han conseguido normalizar su situación. Cabe esperar que la solución para las 23.000 personas sin legalizar sean las “expulsiones masivas” que el ministro del Interior francés quiere intensificar desde hace tiempo. Según citan Defrance y Gonneau, en julio de 2005, Sarkozy ya decía: “Quiero que las expulsiones masivas a la frontera aumenten un 50 por ciento en 2005”. Los autores de Sarkozy, l’avenir d’une illusion también prestan especial atención a uno de los temas preferidos del ministro del Interior francés: la seguridad. Defrance y Gonneau explican que frente a los barrios difíciles, la violencia urbana y la delincuencia que conoce en Francia desde principios de los años ochenta, Sarkozy sólo ha propuesto soluciones represivas, declarando “la guerra a los golfos y gamberros” que viven en algunos barrios de las afueras de las grandes urbes francesas. Estas zonas son para Defrance y Gonneau un “volcán social en actividad”. Hace justo un año, ese volcán entró en erupción y se pudo constatar que, para Sarkozy, “la mejor de las prevenciones es la represión”, escriben Defrance y Gonneau. La ola de violencia del otoño pasado no tuvo solución política. El sociólogo francés, Denis Duclos, mantiene que “las autoridades no osan reconocer los errores cometidos a la hora de hacer frente a este problema a base de expedientes policiales, judiciales o disciplinarios”. Puesto que Defrance y Gonneau aseguran que “la modestia es una virtud desconocida para Sarkozy”, no es previsible que el ministro francés vaya a aportar una solución que no sea represiva a tan delicados asuntos. Es más, cuando el ministro del Interior llama “chusma” que hay “que limpiar” a quienes le abuchearon hace un año en uno de los barrios donde jóvenes y policías se enfrentaron entre finales de octubre y principios de noviembre de 2005, se confirma la tesis defendida por Defrance y Gonneau. “Sarkozy ha decidido expresar en voz alta lo que buena parte de la sociedad francesa piensa pero no dice. Esta postura no es nueva en política, es un clásico del populismo”, concluyen. |