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Nº
714 - 30 de octubre de 2006 |
Informe del BCE sobre el cambio demográfico en la zona euro Cada vez más viejos y menos ricos
Las bajas tasas de fecundidad, unidas al crecimiento de la esperanza de vida, están provocando en Europa un notable envejecimiento de la población, un fenómeno de preocupantes repercusiones económicas. Por primera vez el Banco Central Europeo pone negro sobre blanco los efectos negativos que, si no se afrontan cambios estructurales, va a tener para el PIB de la zona euro este cambio demográfico. En el caso de España el gasto público aumentará un 8,5% del PBI en 2050. Por su interés, extractamos las cuestiones más interesantes de este informe. Las bajas tasas de fecundidad que se observan en la zona del euro implican una desaceleración del crecimiento demográfico. En efecto, se espera que dentro de unos veinte años la población total de la zona empiece a disminuir en términos absolutos. Por otra parte, la proporción de personas de edad en el total de la población seguirá aumentando y,después del 2020, habrá una persona mayor de 64 años por cada tres personas en edad de trabajar. Todo ello tendrá consecuencias importantes. Por ejemplo, la composición de la oferta de trabajo cambiará, a medida que crezca el porcentaje de trabajadores de más edad, y la oferta total de trabajo podrá incluso descender, al reducirse la población en edad de trabajar. Esto podría originar presiones a la baja sobre el crecimiento medio del PIB real y el crecimiento del PIB real per cápita, con repercusiones significativas sobre los sistemas de pensiones de reparto y de asistencia sanitaria. El envejecimiento de la población también podría alterar el equilibrio entre el ahorro y la inversión de los hogares, lo que posiblemente influiría, por ejemplo, en los precios de los activos y los flujos de capital. (...) En el artículo se efectúa una valoración preliminar de las posibles implicaciones de estos cambios para la política monetaria y se subraya el importante papel que pueden desempeñar las reformas estructurales para contribuir a contrarrestar los efectos negativos del envejecimiento de la población. El análisis se basa en la composición actual de doce Estados miembros de la zona del euro. Aunque la zona del euro se ampliará probablemente antes de finales del 2050 (el horizonte temporal considerado), no se conoce con certeza el alcance de la ampliación. En el análisis se contemplan varios escenarios de posibles medidas, pero antes del 2050 pueden producirse reformas significativas, que no se pueden prever totalmente. (...) Proyecciones demográficas Las proyecciones demográficas de Eurostat apuntan a un descenso gradual del crecimiento de la población total de la zona del euro (similar al que se prevé para la UE) hasta el 2050. Este descenso no se distribuye de forma equilibrada entre los distintos grupos de edad, observándose un menor crecimiento de la población en edad de trabajar (que se define, en aras de la simplicidad, como las personas con edades comprendidas entre 15 y 64 años, aunque en algunos países se está estudiando elevar la edad de jubilación). Según las proyecciones, esta población comenzará a disminuir después del 2012. Al mismo tiempo, se espera que siga aumentando el número de personas que no están en edad de trabajar. Estas dos tendencias implican, ceteris paribus, un incremento gradual de la tasa de dependencia total (definida como el porcentaje de personas menores de 15 años y mayores de 64 años en relación con la población en edad de trabajar) de la zona del euro, que ascenderá, según las previsiones, desde alrededor del 50%, en que se sitúa actualmente, hasta un nivel próximo al 80% en torno al 2050. La elevación de la tasa de dependencia total es consecuencia,principalmente, del aumento de la tasa de dependencia de los mayores (definida como el porcentaje de personas mayores de 64 años en relación con la población en edad de trabajar), que se estima continuará ascendiendo, desde el 26% actual, hasta cerca del 55% en el 2050. Por el contrario, se espera que, tras descender gradualmente desde casi el 40% en que se situaba en 1970, la tasa de dependencia de los jóvenes (definida como el porcentaje de personas menores de 15 años en relación con la población en edad de trabajar) se estabilice en los niveles actuales cercanos al 24%. (...) En algunos países, como Alemania e Italia, se prevé una fuerte reducción de la población total, de la población joven y de la población en edad de trabajar, mientras que en algunos países de menor tamaño, como Irlanda y Luxemburgo, se espera un incremento de la población. En general, estas tendencias son el resultado de tasas de fecundidad relativamente altas (Irlanda) o crecientes (Luxemburgo). Sin embargo, se observa una tendencia común en todos los países de la zona del euro, en los que se prevé un pronunciado aumento de la población de 65 años o más, que elevará sensiblemente la tasa de dependencia de los mayores. (...) La principal diferencia entre la zona del euro y Estados Unidos es que, aun cuando ambas áreas afrontan un envejecimiento gradual de la población, en la zona del euro este proceso es mucho más acusado. (...) En la zona del euro se supone que la tasa de fecundidad (definida como la media de nacimientos por mujer) se mantendrá prácticamente estable en su bajo nivel actual de alrededor de 1,5 hijos por mujer (por debajo de la tasa de sustitución de 2,1 hijos por mujer). En Estados Unidos se espera que la tasa de fecundidad (actualmente situada en torno a 2 hijos por mujer) permanezca muy por encima de la correspondiente tasa de la zona del euro, aunque disminuirá ligeramente en la próxima década (hasta 1,9 hijos por mujer). Se supone que la esperanza de vida al nacer (definida como el número medio de años que se espera que pueda vivir una persona, realizándose esta previsión en el momento de su nacimiento y en función de las tasas de mortalidad vigentes en el área y en el período considerados) aumentará a lo largo del período de la proyección tanto en la zona del euro como en Estados Unidos (unos seis años para los hombres y cinco años para las mujeres en la zona del euro). Al mismo tiempo, se prevé que la esperanza de vida se mantendrá en la zona del euro más alta que en Estados Unidos. En ambas áreas, se espera que las tasas netas de inmigración (definidas como el número de inmigrantes menos el número de emigrantes, por cada 1.000 personas) experimenten una desaceleración, aunque continuarán siendo positivas. Sin embargo, se supone que en Estados Unidos la tasa neta de inmigración (que debería descender desde una media de 4 en el período 2000-2005 hasta cerca de 2,8 en el período 2045-2050) permanecerá muy por encima de los niveles de la zona del euro (donde se prevé un descenso de la tasa neta de inmigración desde el nivel históricamente alto de casi 4 alcanzado, en promedio, en el período 2000-2005 -debido, principalmente, a la evolución reciente de la inmigración en España - hasta cerca de 1,9 en el período 2045-2050). (...) Impacto sobre el crecimiento del PIB real y sobre los mercados de trabajo Es difícil cuantificar el impacto potencial del cambio demográfico sobre los mercados de trabajo y el crecimiento económico. Las estimaciones de este impacto se basan en varios supuestos que no pueden recoger totalmente las probables interacciones entre los distintos componentes del crecimiento. (...) Desde una perspectiva contable, puede considerarse que el crecimiento del PIB real per cápita es el resultado del incremento de la productividad del trabajo (definida aquí como el producto por persona ocupada), de la utilización del factor trabajo (definida aquí como el porcentaje de personas ocupadas en relación con la población en edad de trabajar) y de los factores demográficos, que se reflejan en la evolución de los distintos grupos de edad de la población. (...) Entre las simulaciones alternativas consideradas, el Escenario 1 presenta un nivel de referencia del impacto que las proyecciones demográficas pueden tener sobre el crecimiento económico, basado en el supuesto de que no varíen ni el crecimiento de la productividad del trabajo, ni el de la utilización del factor trabajo (se supone que en ambos casos el crecimiento sería conforme a las medias más recientes), ni la edad de jubilación. Incluso si no se acometen reformas importantes de los mercados de trabajo o de los sistemas de pensiones y de asistencia sanitaria, estos supuestos parecen optimistas a medio plazo, ya que la utilización del factor trabajo podría alcanzar sus límites naturales (que correspondan, por ejemplo, al nivel de desempleo friccional y al límite máximo del 100% de la tasa de actividad) hacia el final del horizonte temporal contemplado. Dado el grado de incertidumbre que presentan las proyecciones de crecimiento de la productividad del trabajo y de la utilización del factor trabajo, en el Escenario 2 se calcula el impacto de las proyecciones demográficas de Eurostat, basándose esta vez en los supuestos de crecimiento de la productividad del trabajo y de la utilización del factor trabajo formulados recientemente por la Comisión Europea. Según estos supuestos, el crecimiento de la productividad del trabajo en la zona del euro aumentará desde el actual 1% hasta el 1,7% a lo largo del horizonte temporal considerado y el crecimiento de la utilización del factor trabajo disminuirá desde el 0,8% hasta el 0,1%, como consecuencia de cambios en la amplitud y la composición de la oferta de trabajo durante el mismo período. Por lo tanto, en comparación con el Escenario 1, estos supuestos recogen una proyección más optimista del crecimiento de la productividad del trabajo (teniendo en cuenta, sobre todo, que en las tres últimas décadas se ha producido un descenso gradual de la productividad del trabajo en la zona del euro) y una proyección más pesimista del crecimiento de la utilización del factor trabajo. Según el Escenario 1, el crecimiento medio anual del PIB real descenderá desde el 2% en el período 2005-2010 hasta el 1,5% en el período 2011-2030, y hasta el 1,2% en el período 2031-2050. Según el Escenario 2, el crecimiento económico será ligeramente más alto a medio plazo, pero la evolución a largo plazo será idéntica. En ambos escenarios, el crecimiento del PIB real per cápita se reducirá también gradualmente, desde los niveles próximos al 1,7% en los que, en promedio, se ha venido situando recientemente, hasta cerca del 1,4% en el 2050. Según los Escenarios 3 y 4, el ritmo medio de actividad económica no decrecería de forma significativa si se adoptasen medidas de amplio alcance para incrementar la productividad del trabajo y/o la utilización del factor trabajo. (...) Por ejemplo, si el crecimiento de la utilización del factor trabajo se mantiene en su actual nivel del 0,8% por año (Escenario 3), el crecimiento medio anual de la productividad del trabajo debería elevarse hasta situarse en torno al 1,3% en el horizonte temporal de la proyección. En estas circunstancias, sería necesario potenciar las reformas estructurales encaminadas a fomentar la productividad del trabajo y mejorar el entorno macroeconómico. De forma alternativa, si el crecimiento de la productividad del trabajo permanece en su actual nivel del 1% (Escenario 4), el crecimiento de la utilización del factor trabajo debería aumentar gradualmente desde su actual nivel del 0,8% hasta cerca del 1,1% al final del horizonte de la proyección. Aunque la utilización del factor trabajo todavía puede mejorar, sus límites naturales (es decir, la situación en la que toda la población en edad de trabajar está activa) podrían alcanzarse mucho antes del 2050. En tal caso, sería necesario, a medio y largo plazo, prolongar la vida laboral, elevando la edad de jubilación y/o la media anual de horas de trabajo. Además, incluso si se mantienen las tasas de crecimiento del PIB real per cápita, con el tiempo el crecimiento del PIB real podría disminuir sensiblemente. Con todo, las conclusiones cualitativas de las simulaciones son muy similares. Concretamente, a menos que se aceleren considerablemente los cambios estructurales destinados a incrementar la utilización del factor trabajo y la productividad del trabajo, la evolución demográfica prevista para la zona del euro supondrá, probablemente, a medio y largo plazo, un crecimiento tendencial del producto potencial mucho menor (y también un menor crecimiento tendencial del producto potencial per cápita). Efectos sobre las finanzas públicas El envejecimiento de la población incidirá en las finanzas públicas, al aumentar el gasto derivado de este fenómeno [En el caso de España un 8,5%], a medida que se eleve la ratio entre beneficiarios y cotizantes. Los efectos más importantes sobre el gasto se observarán en los sistemas públicos de pensiones, así como en la asistencia sanitaria y la atención a la dependencia. Un informe del Grupo de Trabajo sobre Envejecimiento del Comité de Política Económica y de la Comisión Europea recoge las proyecciones elaboradas por instituciones nacionales sobre la repercusión del cambio demográfico en distintos capítulos del gasto público: las pensiones, la asistencia sanitaria, la atención a la dependencia, la educación y las prestaciones por desempleo. Estas proyecciones se basan en supuestos comunes relativos al comportamiento futuro de las principales variables demográficas y macroeconómicas y en la utilización de modelos nacionales de previsión para la evolución de los sistemas de pensiones. En su elaboración se han tenido en cuenta las leyes ya adoptadas, que incluyen eventualmente disposiciones que entrarán en vigor posteriormente, pero no se han contemplado posibles cambios futuros en las políticas. (...) Por lo que se refiere a los efectos del cambio demográfico sobre los sistemas de pensiones, en Europa la mayor parte de los sistemas públicos de pensiones se basan en el principio de reparto, según el cual las cotizaciones actuales financian el gasto actual. Estos sistemas se verán sometidos a considerables tensiones, ya que un número decreciente de trabajadores habrá de financiar las pensiones de un número creciente de jubilados. El estudio de la Comisión calcula que el cambio demográfico generará a lo largo del período de la proyección un aumento acumulado del gasto en pensiones de más de 3 puntos porcentuales del PIB en la mayoría de los países de la zona del euro, con incrementos especialmente importantes en España [3,3 en 2030 y 7,1 en 2050], Luxemburgo y Portugal. El informe muestra, además, que el gasto en pensiones crecerá rápidamente en las dos décadas siguientes al 2010. Aunque estas proyecciones ofrecen una valiosa indicación cuantitativa de las futuras presiones sobre los sistemas de pensiones, siguen siendo inciertos los efectos reales de estos cambios, que podrían ser incluso mayores. En particular, las proyecciones se basan en supuestos favorables respecto a la evolución futura de la productividad del trabajo (...), que pueden no materializarse, especialmente si no se realizan las reformas estructurales necesarias. Existe también el riesgo de que, una vez que empiecen a notarse los efectos concretos de las reformas ya aprobadas sobre las pensiones, pueda crecer la presión política para anular dichas reformas, destinadas a mejorar la sostenibilidad. Por otra parte, los escenarios utilizados pueden no reflejar adecuadamente el impacto negativo que la necesidad de financiar un mayor gasto en pensiones pueda tener sobre la oferta de trabajo y la formación de capital. También crecerá el gasto público en asistencia sanitaria, como resultado del envejecimiento de la población, dado que la demanda de servicios de salud tiende a aumentar con la edad. Sin embargo, a diferencia de la evolución del gasto del sistema de pensiones, que puede predecirse con cierto grado de precisión mediante la modelización del funcionamiento de estos sistemas, las previsiones sobre el gasto sanitario son más problemáticas. Ello se debe a que la evolución del gasto sanitario refleja la interacción de la demanda y la oferta de bienes y servicios sanitarios, que dependen de múltiples factores, incluidos los incentivos derivados de las estructuras de mercado, los sistemas de seguros de asistencia sanitaria y la política de regulación e intervención del Estado. Además, toda vez que el derecho a beneficiarse de servicios públicos de asistencia sanitaria no está definido tan claramente como el derecho a pensión, modificaciones discrecionales de las políticas oficiales pueden tener un mayor impacto a corto plazo sobre el gasto, incidiendo aún más en la precisión de las previsiones a largo plazo. En este contexto, las proyecciones relativas a la asistencia sanitaria se basan generalmente en un enfoque mecanicista. Primero, se definen los perfiles de gasto en asistencia sanitaria y atención a la dependencia por edad y sexo a partir de los datos observados. Luego, se unen los resultados obtenidos con las proyecciones demográficas, para calcular el gasto total futuro. Asimismo, se formulan supuestos relativos al estado de salud de las personas de edad en el futuro, dado que este factor influirá de forma significativa en las presiones previstas sobre el gasto. Por un lado, las proyecciones del estado de salud de la población sugieren que las personas no sólo vivirán más tiempo sino que lo harán también en mejores condiciones generales de salud. Por otro lado, algunas enfermedades crónicas costosas, como la demencia, parecen estar relacionadas con la edad biológica, por lo que podrían manifestarse de forma mucho más generalizada a medida que aumente la longevidad. (...) Basándose en estos supuestos, para el 2050 se prevé un incremento del gasto público en asistencia sanitaria y atención a la dependencia de 1 a 3 puntos porcentuales del PIB en la mayor parte de los países. Sin embargo, este enfoque no tiene en cuenta otros efectos que pueden ser importantes. Por ejemplo, se supone que la elasticidad-renta de la demanda de asistencia sanitaria convergerá hacia la unidad, mientras que las estimaciones apuntan a valores más altos que en el pasado, lo que quiere decir que el gasto en asistencia sanitaria ha tendido a subir más rápidamente que la renta. A este respecto, también se ha demostrado que más que el mayor volumen de procedimientos médicos existentes, lo que eleva el gasto es la mayor demanda de servicios de calidad, es decir, de nuevas tecnologías médicas relativamente onerosas. Los estudios empíricos sugieren que los avances tecnológicos han contribuido notablemente a los aumentos observados del gasto. Algunos efectos podrían compensar, en parte, el crecimiento del gasto provocado por el envejecimiento de la población. Por ejemplo, al disminuir el número de hijos, podría descender el gasto en educación pública y en prestaciones familiares. En la mayor parte de los países, estos eventuales efectos compensatorios serían probablemente de escasa magnitud, cifrándose en menos de 1 punto porcentual del PIB. Sin embargo, cabe observar que, al disminuir la mano de obra debido a las bajas tasas de fecundidad, podría acrecentarse la presión sobre los Gobiernos para que invirtieran en todas las formas de educación, incluida la formación continua, por lo que el descenso del gasto en educación podría ser menor de lo esperado. Por último, el informe del Comité de Política Económica y de la Comisión Europea presenta estimaciones del impacto del envejecimiento de la población sobre el gasto en prestaciones por desempleo, utilizando nuevamente un enfoque mecanicista. Las estimaciones se basan en los mismos supuestos sobre los mercados de trabajo que los mencionados anteriormente y, en este caso también han de considerarse con cierta cautela. Con todo, las cifras sugieren que el gasto en prestaciones por desempleo de la zona del euro se reduciría en 0,3 puntos porcentuales del PIB para el 2030 y 2050. En conjunto, las proyecciones actuales de la carga fiscal derivada del envejecimiento de la población señalan la clara necesidad de adoptar medidas de forma inminente. Los sistemas de pensiones, asistencia sanitaria y atención a la dependencia requieren ajustes encaminados a garantizar su viabilidad ante el envejecimiento de la población. Para reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas, éstas han de alcanzar una posición saneada y también es preciso conseguir cierta flexibilidad presupuestaria. Se está acabando el tiempo, pues los efectos fiscales del envejecimiento de la población se dejarán sentir ya en la próxima década. Además, las citadas proyecciones pueden incluso infravalorar las presiones que se avecinan, lo que requerirá la instrumentación de políticas fiscales aún más prudentes. En este sentido, han de perfeccionarse los métodos de evaluación de los efectos fiscales del envejecimiento de la población. (...) Medidas de política económica Para hacer frente a los posibles efectos del cambio demográfico, los Gobiernos necesitan acometer reformas adicionales de gran alcance, cuyo objetivo sea resolver los problemas específicos de los sistemas públicos de pensiones y de asistencia sanitaria,reducir la deuda pública total, incrementar la utilización del factor trabajo y reforzar los factores determinantes de la productividad y del crecimiento económico. Los cambios demográficos previstos en la zona del euro hacen necesaria la realización de reformas paramétricas de los sistemas públicos de pensiones, entre las que cabe destacar la elevación de la edad de jubilación obligatoria y la disminución de las tasas de sustitución. Se ha estimado que, si no se realizan reformas adicionales, en algunos países habría que aumentar las cotizaciones en más del doble, hasta superar el 40% de los salarios, para poder equilibrar estos sistemas; así que las prestaciones de los sistemas públicos de pensiones tendrían que reducirse. Sin embargo, probablemente las reformas paramétricas requeridas para equilibrar totalmente los sistemas de pensiones de reparto, sin tener que incrementar las cotizaciones, no serían política o económicamente factibles. Así pues, deberían complementarse con reformas sistémicas de la financiación de los sistemas de pensiones, por ejemplo a través de una mayor capitalización. Con esta diversificación, la vulnerabilidad general de los sistemas de pensiones podría decrecer antes de que se produzcan los cambios demográficos previstos. Por otro lado, a medida que aumente la participación de los sistemas de capitalización en el conjunto de los sistemas de pensiones, podría reducirse la envergadura de los sistemas de reparto, a fin de aminorar a largo plazo la carga fiscal. La financiación de esta transición puede requerir cierta distribución de la carga entre pensionistas y cotizantes. Una posible reforma sería combinar la introducción de sistemas de capitalización parcial con la transformación de los sistemas de reparto en sistemas de cuentas nocionales de aportación definida, que ya se han implantado en varios países de la UE no pertenecientes a la zona del euro. Estos sistemas de cuentas nocionales mantienen la financiación de las pensiones de reparto, al tiempo que presentan las características de los sistemas de capitalización individual, de forma que la pensión individual futura depende exclusivamente de las aportaciones del propio pensionista a una cuenta nocional y de una tasa de devengo usual. Al no existir una redistribución intrageneracional a través del sistema de pensiones, debería aligerarse la carga fiscal sobre la población activa. Estos sistemas proporcionan mayores incentivos a trabajar y pueden contribuir a elevar las tasas de empleo.Desde una perspectiva macroeconómica, el equilibrio del sistema de cuentas nocionales de aportación definida se asegura al limitar el tipo de interés devengado a la tasa de crecimiento de la base de cotización (es decir, la suma de los salarios de la economía). Puesto que, para equilibrar estos sistemas de pensiones, es generalmente necesario contemplar prestaciones mucho menos generosas que las ofrecidas por los sistemas anteriores, los trabajadores en activo habrán de acumular derechos de pensión, cotizando simultáneamente a fondos de capitalización. Ello puede requerir la adopción de reglamentos que garanticen el carácter no especulativo del ahorro para la jubilación. Esta regulación también es necesaria desde el punto de vista de las finanzas públicas, dado que, si se producen variaciones repentinas y negativas de los precios de los activos, los Gobiernos podrían verse forzados a asumir obligaciones adicionales en materia de pensiones. También en el ámbito de la sanidad y de la atención a la dependencia, la mayor presión sobre el gasto público obliga a tomar decisiones difíciles en relación con muchos sistemas públicos de salud. Para hacer frente a la carga futura, los Gobiernos pueden tener que elevar las cotizaciones, reducir los servicios y recurrir a la financiación y capitalización privadas. En general, los Gobiernos han tenido dificultades en recortar el gasto de forma permanente limitando el acceso a determinados tratamientos caros. Así pues, en la literatura sobre estos temas se señala la importancia de ofrecer incentivos adecuados a todos los participantes, lo que puede requerir la introducción de copagos por parte de los pacientes, sistema ya implantado en varios países. El funcionamiento general de los sistemas puede mejorar si se refuerzan los mecanismos de mercado en la relación entre pacientes, proveedores de servicios médicos y empresas de seguros. Las estructuras de contratación y pago deberían reflejar los verdaderos costes de los recursos y las restricciones presupuestarias para establecer unos incentivos económicos adecuados. La fijación de niveles de referencia para los proveedores de servicios médicos puede contribuir a conseguir una mayor transparencia, y una mayor integración de los mercados de productos y servicios comunitarios puede incrementar la eficiencia también en el sector sanitario. El envejecimiento de la población de la zona del euro agudiza la urgencia de instrumentar políticas de empleo destinadas a elevar las tasas de actividad y empleo. En muchos países de la zona del euro, estas tasas son particularmente bajas para los jóvenes, las mujeres y las personas de más edad, en comparación con la población total en edad de trabajar. Por otra parte, también es reducido el nivel general de la media anual de horas de trabajo por trabajador de la zona del euro. Por lo tanto, hay un amplio margen para aumentar la utilización de la población en edad de trabajar mediante el incremento de la participación en los mercados de trabajo de la zona del euro, el aumento de la jornada de trabajo y/o la prolongación de la vida laboral. Para conseguir este objetivo, una primera medida de importancia es reducir aún más los desincentivos a trabajar que persisten actualmente en distintos mercados de trabajo de la zona del euro, debido a la interacción de impuestos y prestaciones y a la existencia de planes de jubilación anticipada. Estos sistemas desincentivan especialmente a los perceptores de un segundo salario (a menudo, mujeres) con familia, a los trabajadores con salarios más bajos, a los más jóvenes y a los de edad más avanzada. Las políticas encaminadas a incrementar la participación de la mujer en el mercado de trabajo deben posibilitar que las mujeres concilien la familia y el trabajo mediante una mayor flexibilidad de la jornada laboral y una mejora de los servicios de cuidado de los niños y de los ancianos. Además, habría que proporcionar más incentivos para prolongar la vida laboral, por ejemplo, mediante políticas de jubilación gradual y de fomento del empleo temporal o a tiempo parcial para los trabajadores de más edad, además de la pertinente elevación de la edad de jubilación obligatoria. Sin embargo, también debe existir una demanda suficiente por parte de empresarios dispuestos a contratar o retener a los trabajadores de más edad. El crecimiento de la inmigración en la zona del euro constituye otro posible canal a través del cual la participación en el mercado de trabajo y el empleo podrían aumentar en todos los grupos de edad. Las políticas orientadas a incrementar la inmigración deberían contribuir a alcanzar este objetivo, tal y como se señala en las Directrices integradas para el crecimiento y el empleo relativas al período 2005-2008, pero, con toda probabilidad, no ofrecerían una solución al problema demográfico, debido al gran número de trabajadores inmigrantes que se requeriría. El potencial de aumento de la productividad del trabajo y del crecimiento económico dependerá tanto de las políticas de empleo encaminadas a elevar el nivel de cualificación de la población activa como de los avances tecnológicos de la zona del euro. Un mercado interno más amplio y profundo y un aumento de la competencia en los mercados de servicios de la UE son condiciones necesarias para mejorar el funcionamiento de los mercados de productos, a fin de potenciar la productividad del trabajo y la creación de empleo. Muchos países necesitarán también llevar a cabo un proceso continuado de inversión en capital humano y en investigación y desarrollo, para compensar los posibles efectos negativos del envejecimiento de la población sobre la productividad del trabajo y la productividad total de los factores. (...) Será preciso realizar un seguimiento de las políticas de integración de los jóvenes en el mercado de trabajo y fomentar el espíritu de empresa de este colectivo. (...) Conclusiones Los cambios demográficos previstos en la zona del euro se caracterizan por bajas tasas de fecundidad y una creciente esperanza de vida, lo que dará lugar a un descenso de la población total y de la población en edad de trabajar y a una elevación gradual de la tasa de dependencia de los mayores. Las proyecciones de Eurostat sugieren que la población total de la zona del euro comenzará a disminuir en términos absolutos dentro de unos veinte años y, para el 2050, la tasa de dependencia de los mayores habrá alcanzado casi el 55%, frente al 26% en el 2006. En conjunto, esta evolución tendrá importantes consecuencias económicas, entre las que cabe destacar cambios en la amplitud y la composición de la oferta de trabajo en la zona del euro, a medida que aumente la proporción de trabajadores de edad y un menor número de nuevos trabajadores se incorpore al mercado de trabajo en sustitución de los que lo abandonan. En el supuesto de que no varíe el crecimiento de la utilización del factor trabajo y de la productividad del trabajo, las tendencias demográficas implican un descenso del crecimiento medio del PIB real, desde la media del 2,1% registrada en el período 1995-2005 hasta cerca del 1% en el 2050. El crecimiento del PIB real per cápita también disminuirá. En la mayor parte de los países de la zona del euro, el gasto público en pensiones y asistencia sanitaria crecerá en más de 3 puntos porcentuales del PIB. El envejecimiento previsto de la población podrá tener también repercusiones en los mercados financieros, en los que será fundamental el papel de los inversores institucionales. Puede verse afectada la estabilidad financiera, problema al que ya se está haciendo frente mediante cambios en la estructura de los planes de pensiones y requerimientos de solvencia más estrictos para los inversores institucionales. Además, ante estas perspectivas los Gobiernos habrán de fomentar un mayor conocimiento general de los temas financieros, con vistas a proteger el ahorro de los hogares. Para hacer frente a las posibles consecuencias de los cambios demográficos, es necesario acometer rápidamente reformas de gran alcance, que sean compatibles con los incentivos. La contención de la deuda pública contribuiría a incrementar la sostenibilidad fiscal y reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas al impacto del envejecimiento de la población. También habrá que mejorar la estructura del sistema de cotizaciones y prestaciones de jubilación. Por lo que se refiere a los mercados de trabajo, una mayor utilización del factor trabajo, conseguida mediante políticas destinadas a elevar las tasas de actividad y empleo, y un mayor crecimiento de la productividad del trabajo, logrado a través de la inversión en capital humano y la realización del mercado interno, contribuirían a compensar el menor crecimiento a medio plazo del producto en la zona del euro. A más largo plazo, también será necesario elevar la edad de jubilación obligatoria y/o la media anual de horas de trabajo. Los distintos países de la zona del euro son responsables de diseñar sus propias políticas de empleo y productividad, dentro del marco de la estrategia de Lisboa15 y de las Directrices integradas para el crecimiento y el empleo relativas al período 2005-2008. Estas Directrices sugieren una amplia gama de políticas, que, ante los cambios demográficos previstos, habrán de adaptarse a losdistintos grupos considerados. Al ser el cambio demográfico un fenómeno de"combustión lenta", sus efectos inmediatos sobre la política monetaria serán probablemente moderados. Sin embargo, si las reformas estructurales mencionadas anteriormente son insuficientes, la política monetaria podría verse afectada indirectamente. En primer lugar, la escasez de mano de obra y la necesidad de aumentar los impuestos para financiar el incremento del gasto público derivado del envejecimiento de la población podrían generar presiones inflacionistas. En segundo lugar, en la medida en que se esté invirtiendo una proporción creciente de riqueza en activos nominales no indiciados con la inflación, la función de mantenimiento de la estabilidad de precios encomendada a los bancos centrales podría adquirir todavía más importancia, para evitar la erosión de las prestaciones de jubilación a lo largo del tiempo, como consecuencia de tasas de inflación relativamente altas. En resumen, la desfavorable evolución demográfica descrita en el presente artículo subraya la necesidad urgente de realizar reformas estructurales orientadas a promover la flexibilidad macroeconómica y a potenciar el dinamismo de la zona del euro. |
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