| Hemeroteca |
![]() |
|
| Nº 714 - 30 de octubre de 2006 |
|
La corrupción
por Santiago Carrillo El problema de la corrupción, ligado al urbanismo y a las prácticas mafiosas de algunos constructores no es un fenómeno puramente hispánico, como parece deducirse de algunas opiniones. Era una práctica corriente en Europa. En los países de nuestro entorno, los partidos políticos, y especialmente la derecha, buscaron financiación en esos ámbitos. En muchos casos se sabía que el pretexto de la financiación de los partidos daba origen al enriquecimiento personal de no pocos aprovechados que derivaban hacia su bolsillo las comisiones. Alguna de las producciones del cine neorrealista italiano y el Topaze francés, dieron testimonio de la universalidad de la corrupción. El fenómeno alcanza en España en este momento una mayor significación a causa del boom de la construcción, que supera todo lo conocido. De un día para otro, tierras de cultivo se transforman en terreno urbanizable, multiplicándose su valor. Surgen nuevas barriadas donde ayer no había más que terrenos vagos, huertas o melonares. Un ayuntamiento de poco más de cien vecinos proyecta la construcción de miles de viviendas y de tres campos de golf. En esa actividad fluye a borbotones el dinero negro de las mafias del narcotráfico y del armamento. Informaciones de prensa hablaban recientemente de la existencia de en torno a 45 grupos dedicados al lavado de dinero negro en España. Si bien es cierto que en la división europea del trabajo parece haber tocado a nuestro país, por su situación geográfica y su clima, el papel de balneario del continente y que hasta ahora eso ha favorecido las finanzas nacionales, no podemos olvidar los peligros que representa un desarrollo tan arrollador, unilateral y escabroso. Cualquier día puede pinchar la burbuja, provocando lo que podría ser un desastre financiero. De momento ya son muy serias las consecuencias del fenómeno en el terreno político. Basta recordar lo sucedido en las pasadas elecciones autonómicas en Madrid. Dos diputados socialistas, que debían asegurar la mayoría de izquierdas en la Comunidad "se pasaron al enemigo". Hubo que hacer una segunda elección y los electores, en vez de castigar al PP, organizador del desaguisado, castigaron al PSOE por llevar en sus candidaturas a personas capaces de venderse. El pueblo de izquierda no perdona que sus elegidos sean corruptos, les exige honestidad y tiene razón. El primero de los valores de la izquierda tiene que ser la honestidad, el sentido ético. Si la izquierda no garantiza esos valores en la Administración pública, corre el riesgo de no diferenciarse en nada de la derecha. Últimamente en la región de Madrid, en Marbella, en el País Valenciano y otros sitios se han destapado escándalos que han puesto sobre eltapete el problema de la corrupción Creo que en ellos el PP se lleva la pal. ma. Una conversación telefónica de un concejal de Tres Cantos nos ha recordado otra célebre –que un tribunal no quiso aceptar como prueba de convicción– en la que un personaje muy destacado del PP confesaba estar en la política "para forrarse". Pero lamentablemente también ha resultado que un alcalde y un ex alcalde del PSOE estaban "pringados" en asuntos urbanísticos en Ciempozuelos. El Sr. Rajoy ha utilizado este caso y las sospechas que levanta para lavarse las manos y olvidar que la mayor parte de la basura está en su patio, rechazando la propuesta de un "pacto anticorrupción". Del lado del PP poco se puede esperar en materia de pactos y menos de pactos anticorrupción. Siguen echados al monte y, hasta que no sufran un buen batacazo electoral, difícilmente van a bajar al valle de la responsabilidad democrática. Y digo esto convencido de que cada vez son más los militantes del PP, inquietos y preocupados por la actitud de sus dirigentes. Pero creo que en la izquierda sí hay que tomar muy en serio la necesidad de desprenderse drásticamente del lastre de la corrupción. Sin esperar a pactos la izquierda tiene que limpiarse sin contemplaciones de prácticas impuras y de agentes del ladrillo. Es una cuestión de vida o muerte para la democracia que la izquierda dé el ejemplo enviando a los corruptos a la cárcel o, en caso de dudas, a su casa. La mujer del César no sólo debe ser honrada, además tiene que parecerlo. |
| Hemeroteca |