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Lista Pensamiento
Nº 713 - 23 de octubre de 2006

Edward Malefakis, director de la edición ‘La Guerra Civil española’

“Lo más horrible ocurrió después de la guerra”

 

Tras una primera versión sobre el conflicto bélico que asoló el país durante tres aciagos años, Taurus reedita una edición ampliada de La Guerra Civil española. El historiador estadounidense Edward Malefakis, que coordina el trabajo
de otros especialistas de renombre como Raymond Carr, Juan Pablo Fusi, Fernando García de Cortázar,
Gabriel Jackson, Santos Juliá, Alberto Reig Tapia o Hugh Thomas, entre otros, critica los métodos
y conclusiones de los revisionistas de la Guerra Civil, considera que la República fue “la expresión de un anhelo” y asegura que lo más terrible, cruel e innecesario llegó después, cuando Franco emprende una política vengativa y represiva que acabó con la vida de cerca de 50.000 personas.

Por V. M.

El libro pretende ser un acercamiento desapasionado a la Guerra Civil porque ha pasado suficiente tiempo para que ya no suscite tantos rencores. Sin embargo, por lo que estamos viendo sí sigue desatando pasiones en la prensa, en la política.

—Las guerras civiles causan una profunda herida en las sociedades que las sufren, de modo que no creo que sea un fenómeno tan extraño ni tan sorprendente. En los Estados Unidos, por ejemplo, la Guerra Civil de 1860 siguió siendo un tema muy sensible durante por lo menos 90 años. De hecho, los norteamericanos no han podido superarla por completo, de modo que como allí, también en España siempre quedarán residuos. El fenómeno disminuirá gradualmente, pero aún tardará en desaparecer de la primera fila. En el centenario a lo mejor empezará a bajar el tono.

—Y ahora ¿por qué ha subido ese tono? ¿Por el momento político que se está viviendo en España?  

—La Guerra Civil es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia de España. Sin duda el acontecimiento más importante del siglo XX. Desde la guerra de la independencia a principios del XIX no habido otro igual. De modo que influye en todo lo que viene después. Supongo que las dos causas inmediatas de que ahora se hable tanto del tema son el 70 aniversario del estallido de la guerra y la fuerza que ha acumulado la teoría revisionista sobre sus orígenes. Nosotros, que formamos una gama de 21 historiadores de distintas generaciones y procedencias, donde tres son premios nacionales de Historia, pensamos que sus defensores tienen pleno derecho de expresar sus opiniones, pero nos parece que están completamente equivocados y queremos hacer una crítica sobre sus métodos y sus conclusiones. Y presentar una alternativa.

—El peligro de los revisionistas es que tienen su público.

—Como le digo, tienen pleno derecho a expresar lo que creen que son los resultados de sus investigaciones. Y creo que son personas honradas, pero que están completamente equivocadas. En el epílogo, donde intento sacar algunas conclusiones, contesto a los revisionistas reivindicando lo fallido de sus argumentos. Lo hacemos además en uno de los nuevos capítulos del libro, donde también llenamos algunos agujeros históricos sobre los aspectos económicos de la Guerra Civil y la propaganda en ambos bandos y su uso de temas nacionales, no solamente por parte del bando nacional de Franco sino también del republicano.

—¿Cómo le ha ido dirigir a un grupo de 21 historiadores de tan diversas procedencias incluso ideológicas?

—Gracias a Dios todo el mundo estaba muy convencido. Creo que todos aprendimos bastante en este esfuerzo conjunto. Tuvimos algunas disputas, pero muy pocas.

—Uno de los autores que participan en el libro, Stanley Paine, acaba de decir en un coloquio en  la Universidad de Georgetown a la que ha asistido el Príncipe Felipe que quien defienda el regreso de la República debería estar en el manicomio.

—Yo no lo expresaría en estos términos, son muy exagerados. Pero sería una equivocación que yo no apoyo en absoluto. Parte del epílogo lo dedico a examinar las virtudes y los defectos de la República. Aunque en general puede decirse que fue un régimen ilustradísimo, uno de los mejores regímenes que ha tenido España. Sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias que existían en los años 30, momento de gran auge de los dos grandes enemigos de la democracia: el fascismo por un lado y el comunismo por el otro. La situación en Europa era peligrosa y esto afectó mucho a la República, mientras que ahora tenemos un ambiente bastante estable.

—¿Qué fue la República para los españoles?

—Fue una expresión de anhelo. Desde 1763, con la entrada en las guerras de la revolución francesa, hasta 1923, la historia de España fue muy truculenta, muy bélica. Hubo un periodo más tranquilo desde la primera restauración de 1876 hasta 1898, aunque España seguía estancada. Los Gobiernos de entonces si no conducían a los conflictos, tampoco trataron de evitarlos. Y la República llegó como un anhelo de poder conseguir de una vez todas esas cosas que no se habían hecho en los 140 años precedentes. Una de las grandes virtudes de la República fue precisamente eso, que intentó cambiarlo todo. Pero al mismo tiempo fue uno de sus grandes defectos. La República quería una completa modernización y a la vez una especie de revolución reformista sin que eso generara violencia. No supo priorizar y esa fue una de sus más grandes equivocaciones.

—¿Qué le parece la ley de memoria histórica?

—Lo mejor que puede hacer la sociedad después de una crisis tan traumática como la Guerra Civil es intentar superarla. Una de las maneras de hacerlo es hablar de ella. Pero después se debe olvidar. No me gusta mucho esta idea de recuperar la memoria histórica, pero en el caso específico de España, donde a lo largo de 40 años de dictadura no se permitía discusión alguna, la ley tiene la importante función de recuperar datos que desaparecieron bajo estas cuatro décadas de represión. Pero debería hacerlo por un tiempo limitado, de modo que durante los próximos 15 o 20 años garantice que el Estado colabore con quien quiera acceder a esa documentación y después desaparezca. Porque se debe llegar a un punto en el que decir pasó lo que pasó, hay tragedias en todas las sociedades y nosotros hemos tenido la nuestra. Los 40 años que transcurrieron tras la guerra fueron horribles, pero gracias a Dios que desde 1976 hemos llegado a un punto bastante bueno y debemos seguir adelante sin agitar las aguas.

—¿Qué fue más determinante para que la guerra tuviera el desenlace que tuvo, los franquistas o las divisiones del bando republicano?

—Claro que fue el bando franquista, pero también fueron importantes las divisiones entre los republicanos. Algo también importante y muy trágico fue la increíble unidad que existía entre los franquistas, circunstancia excepcional en la historia que posiblemente facilitó que ganaran la guerra y que probablemente está en el origen de lo que ocurrió después. Porque lo más horrible ocurrió tras de la guerra, esa persecución sistemática, el hecho de que Franco no hizo el menor intento de reconciliación como se hace en otras guerras civiles, como ocurrió tras las guerras carlistas del siglo XIX. Cuando acabó la contienda bélica inicia inmediatamente una política vengativa que ejecuta a cerca de 50.000 personas. ¿Pero por qué? El bando republicano ya se había rendido, estaba disperso por todo el mundo y el régimen no corría peligro. ¿Por qué esta crueldad innecesaria? Esto es lo más incomprensible. Respeto el derecho de los revisionistas a hacer lo que hacen, pero sería mucho más honesto si hicieran al mismo tiempo un análisis de la terrible represión. Porque aquello no fue normal. 50.000 personas es casi lo que perdieron los estadounidenses en las guerras de Vietnam y de Corea. Creo que aquello fue consecuencia de esa increíble unidad que vivieron los franquistas durante la guerra, por eso ninguno de los vencedores protesto y dijo oye, ¿qué estamos haciendo? No hay ningún misterio de por qué empezó la guerra. El misterio es por qué terminó de una manera tan horrible, tan cruel e innecesaria. Al final fue contraproducente para los franquistas, que tras 40 años en el poder, los partidos políticos que crearon en la democracia nunca sumaron ni el 2% de los votos. El franquismo ha desaparecido por completo en gran medida por esa terrible represión.

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