Hemeroteca Esta semana
 
Nº 713 - 23/10/2006

El presidente feminista


Si hay algo por lo que el actual presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, puede pasar a la posteridad es por
ser el primero que formó en España un Gobierno con igual número de hombres que de mujeres. El joven líder del PSOE, llegado al poder inesperadamente tras tres días de tensión después del más brutal atentado cometido en España, ha cambiado muchas cosas en sus dos años y medio en La Moncloa, sobre todo en el ámbito social y de las libertades. Se persigue a los maltratadores de mujeres, los homosexuales se pueden casar y es más fácil divorciarse. Sorprendió a todos retirando las tropas de Iraq a las pocas horas de asumir el poder y ahora se enfrenta al reto de un complejo proceso de paz con ETA.

Por Inmaculada Sánchez

uvo que apartar de su lado a quien había sido su número dos durante los duros años de la oposición, el actual ministro de Trabajo, Jesús Caldera, y al que todo el mundo colocaba en una futura vicepresidencia. Su determinación de lanzar mensajes en favor de las mujeres era superior a cualquier otra consideración y Maria Teresa Fernández de la Vega tenía que ser la primera vicepresidenta de la historia de España.

Luego llegó el gobierno paritario –ocho ministros y ocho ministras- que, muy posiblemente se desequilibre a favor del sexo femenino cuando antes de fin de año el actual titular de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, abandone el Ejecutivo para competir por la presidencia de Canarias. Zapatero ya ha dicho que su sustituto, "muy probablemente", será una mujer.

Esa imagen de feminista convencido ya comenzó a cuidarla durante su etapa en la oposición pero fue al llegar a la Moncloa cuando la cultivó con más esmero. Así, quiso que la Ley contra la Violencia de Género fuera la primera aprobada por su Gabinete y actualmente tramita la denominada Ley de Igualdad, que obligará a todos los partidos a que en sus candidaturas haya el mismo número de hombres que de mujeres si quieren participar en las elecciones, además de otras medidas de apoyo a la presencia de la mujer en empresas y organismos.

Pero incluso antes de que se reuniera su primer consejo de Ministros, sólo unas horas después de la toma de posesión de su equipo y de la foto en la escalinata monclovita con sus ministros y ministras, quiso también marcar un hito en su biografía como presidente anunciando la retirada de las tropas españolas en Iraq. Aunque era una promesa electoral nadie esperaba que tomase una decisión tan arriesgada sin esperar a realizar determinadas consultas. Zapatero quería dejar claro que él iba a ser un presidente "diferente", que cumplía sus promesas sin dejarse influir por las presiones de un poder que a él "no le iba a cambiar".

Iniciada ya la andadura de su mandato con estos dos símbolos por montera Zapatero rompió con la historia de los gobiernos de Felipe González y negoció con las formaciones izquierdistas Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida los apoyosque necesitaba su mayoría simple en el Congreso. Aunque no ha tocado la política económica desarrollada por anteriores Ejecutivos, ni apenas la fiscal, a pesar de los requerimientos de los citados socios, pudo continuar de la mano de ambos hasta la mitad de la legislatura. El nuevo Estatuto de Cataluña, primero, y los Presupuestos Generales del Estado del 2007, después, han marcado un giro en sus alianzas parlamentarias que empiezan a tener a los nacionalistas de CiU y PNV como aliados preferentes.

Con sus primeros socios de izquierda el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha aprobado leyes y reformas que han hecho llevarse las manos a la cabeza a la derecha más tradicional del país, como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, que ha abierto la puerta, además, a la adopción, la agilización del divorcio –el denominado "divorcio-express"-, al eliminar el tiempo requerido de separación previa y la exigencia de causas para la disolución del matrimonio, o la más reciente ley que permitirá la investigación con células madre para fines terapéuticos.

Todas estas medidas lo han llevado a un serio enfrentamiento con la jerarquía católica española, que tampoco ha visto con resignación cristiana cómo el carácter evaluable y computable de la asignatura de religión, conseguido durante el Gobierno del PP, se evaporaba con la nueva Ley Orgánica de Educación socialista. Sin embargo, la tensión se ha relajado un tanto recientemente gracias al acuerdo financiero alcanzado con la Conferencia Episcopal que, aunque elimina el complemento presupuestario que cada año le asigna el Estado a la iglesia católica, la compensa aumentando la partida que recibe del IRPF del 0,5 al 0,8 %.

Su ministra de Sanidad, también, ha sacado adelante una ley de profundo calado social y que ha cambiado nuestras costumbres, la denominada ley anti-tabaco. Será difícil que ningún gobierno posterior la derogue por lo que ya ningún español podrá fumar en el trabajo ni en lugar público alguno, a no ser en unas acotadas zonas habilitadas.

Para completar la galería de medidas sociales emprendidas por el gobierno Zapatero habría que añadir la de mayor recorrido: la de Dependencia, que pretende implantar en España el cuarto pilar del Estado del Bienestar concediendo a toda persona dependiente por edad o discapacidad una obligatoria asistencia pública universal. Muchos millones de euros, el acuerdo con las comunidades autónomas y al menos ocho años de implantación progresiva requerirá la norma antes de ser una realidad.

Este conjunto de medidas, además de su polémico compromiso con la recuperación de la memoria histórica -su ley no ha conseguido contentar ni a la izquierda del PSOE ni al PP y aún no se sabe si logrará aprobarla- y su reconocida admiración por la II República le han valido la consideración de presidente "de izquierdas", una denominación de la que huyó su antecesor socialista Felipe González. Sin embargo, su política territorial y, en concreto, su decisión de aceptar la renovación de todos los Estatutos de autonomía cuyos parlamentos así lo decidieran le ha granjeado críticas y problemas incluso dentro de su propio partido llegando, en algún momento a nublar el resto de su gestión.

El nuevo Estatut de Cataluña representó su gran prueba. Hubo de pasar por encima de la "vieja guardia" del PSOE, con Felipe González a la cabeza, y romper con quien había sido su gran valedor inicial, Pasqual Maragall, sacrificando, incluso, el primer gobierno de Cataluña conseguido por los socialistas para salir del que se llegó a convertir en el gran atolladero de su presidencia.

Con una habilidad y una sangre fría que no le reconocían ni algunos de sus cercanos pactó con Artur Mas, el líder de CiU, el texto definitivo del Estatut, relegó a ERC de sus acuerdos parlamentarios y abocó a Maragall a unas elecciones anticipadas y a su jubilación política. El próximo 1 de noviembre será José Montilla, su ex ministro de Industria, quien se convierta en presidente de la Generalitat, en el líder de la oposición o, quién sabe si conseller en cap de un gobierno de gran coalición entre CiU y PSC puesto que la contienda catalana se presenta muy abierta y compleja.

Además de Cataluña han llevado su reformas estatutarias al Congreso de los Diputados Valencia y Andalucía, a las que se suma una larga lista de comunidades que quieren ver aumentadas sus competencias. Es la nueva "España plural" que Zapatero ha acuñado y que para el PP, y no pocos socialistas también, dejará al Estado raquítico e incapaz de realizar las políticas de cohesión a las que se debe.

Sin embargo, una vez solventado el problema del Estatut catalán es otro gran empeño el que, en estos momentos, se presenta como el principal escollo del gobierno de Rodríguez Zapatero: el proceso de paz en Euskadi. El presidente dio su consentimiento a unas sigilosas conversaciones entre el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y Batasuna cuando aún estaba en la oposición. Llegado al Gobierno los contactos desembocaron en el histórico "alto el fuego permanente" anunciado por ETA el pasado marzo y en un también histórico apoyo de todo el Congreso de los Diputados, a excepción del PP, del inicio de conversaciones con la banda terrorista para conseguir una paz definitiva. La huelga de hambre del etarra De Juana Chaos, el rebrote de la kale borroka en las calles de Euskadi y la resistencia de Batasuna a renegar de la violencia para poder legalizarse, sin embargo, mantienen el proceso enquistado y convertido para el PP en su principal arma contra el gobierno.

Un 'bambi'... de acero

Se le atribuye a Alfonso Guerra el apelativo: Zapatero era tan "blandito" cuando llegó al liderazgo del PSOE que ninguno de los antiguos dirigentes le concedían futuro alguno y tanto su moderación como su publicitado "talante" parecían más propios de un inocente cervatillo que de un socialista que hubiera vivido la guerra sin cuartel' que les ganó el PP. Poco tiempo después, sin embargo, el mismo Guerra se desdijo en público e, irónicamente, dijo que si Zapatero pudo parecer ante algunos ojos un "Bambi" en sus inicios se trataba,
sin duda, de un "bambi de acero".

Poco a poco la gestión del leonés ha ido cambiando esa ingenua imagen. Su capacidad de superviviencia frente a los poderosos barones de su partido, su ruptura con Felipe González o decisiones tan audaces como la retirada de Iraq o la "foto del Estatut" con Artur Mas en Moncloa han dicho a muchos que Zapatero tiene poco de cándido. Ello no impide que mantenga su reconocido carácter calmado o continúe haciendo alarde de la suerte que le acompaña.


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